Personas, opiniones y nosotros

Reflexionas, ensimismado, con el espíritu inquieto: “¡Nunca pensé que me sucedieran tales aflicciones…!”

Lamentas, angustiado, conjeturando: “Esperaba ingratitudes, ciertamente, pero, sin embargo, no de quien las recibí”.

Murmuras, cansado, con el corazón destrozado: “¿Hasta cuándo mantendrán opiniones injustas y rigurosas contra mí?”

Consideras, herido, pensando: “¡Cómo son despiadadas las personas que me combaten! Ni siquiera se preocupan con saber si realmente actué como dicen que actué”. Seguir leyendo “Personas, opiniones y nosotros”

Serenidad

La serenidad verdadera nace de la limpieza profunda de la conciencia, de los residuos karmicos y quien se encarga de eso es el tiempo precioso que empleamos en el ejercicio del amor.

Cristo es el más alto patrón de mansedumbre. Él, cuando paso por la Tierra, demostró la más perfecta tranquilidad imperturbable, en todo lo que pensaba, hablaba y hacía.

Su majestuosa mente estaba siempre en plena concordancia con la mente divina. Y para que la humanidad no se quedase huérfana, después de su partida para los altiplanos de la Vida Mayor, Él inspiró a sus discípulos para estructurar un esquema de reglas, en la urdidura de Su saber, que ni el tiempo consigue alterar. Seguir leyendo “Serenidad”

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