Laboratorio de amor

Nadie conseguirá abstraer de la mesa de actividad mediúmnica su carácter de gabinete de profundas investigaciones, en lo que tañe a la continuidad de la Vida para allá de la disociación somática, cuando esté pensando con serenidad y objetividad.

Sobre la bancada de la fraternidad, en los tubos de ensayo de las emociones diversas, al calor de las emisiones mentales de cada uno, desfilan los elementos y substancias que chorrean de diversas almas, por procesos los más varios, desde las que se encuentran carcomidas por la acidez de la desesperación, de la revuelta, a las que se hallan abrasadas por las llamas de la sublevación y de la venganza… Seguir leyendo “Laboratorio de amor”

Todo llega a su tiempo

I

—Está visto que — me dice mi amiga Matilde — por más que hago, no puedo creer que los muertos se comuniquen con los vivos, y lo que más me llama la atención es que, si bien he conocido a muchos espiritistas que son tontos de remate y creen ciegamente que los jumentos vuelan, en cambio hay muchos hombres de talento que dicen con cierto misterio: Aquí, entre nosotros, los muertos hablan, pues yo he tenido comunicaciones innegables de muchos de mis difuntos, pero me guardaré muy bien de decirlo públicamente, porque no me conviene en manera alguna salir del redil de la Iglesia romana. Y yo, por más que leo y asisto a las sesiones espiritistas, me pasa lo de aquel cuentecillo vulgar: Predícame, padre, por un oído me entra y por el otro me sale. Y tú, de buenas a primeras, te declaraste espiritista sin más ni más, sin haber visto la danza de las mesas ni haber asistido a ninguna sesión de efectos físicos, ¿no es así? Seguir leyendo “Todo llega a su tiempo”

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