De la obsesión y de la posesión

kardec56. La obsesión es el dominio que los malos espíritus ejercen sobre ciertas personas, con el fin de enseñorearse de ellas y someterlas a su voluntad por el placer que experimentan causando daño. Cuando un espíritu, bueno o malo, quiere obrar sobre un individuo, lo envuelve, digámoslo así, con su periespíritu cual si fuere una capa; entonces, compenetrándose los dos fluidos, los dos pensamientos y las dos voluntades se confunden, y el espíritu puede entonces servirse de ese cuerpo como el suyo propio, haciéndole obrar a su voluntad, hablando, escribiendo o dibujando: así son los médiums. Si el espíritu es bueno, su acción es dulce, benéfica y solamente incita a hacer cosas buenas; si es malo, las incita a hacer malas. Si es perverso e inicuo, arrastra a la persona cual si la tuviera dentro de una red, paraliza hasta su voluntad y aun su juicio, el cual apaga bajo su fluido como cuando se apaga el fuego con un baño de agua; le hace pensar, obra por él; le obliga a cometer actos extravagantes a pesar suyo; en una palabra, le magnetiza, le produce la catalepsia moral, y entonces el individuo se convierte en ciego instrumento de sus gustos.

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Prevención del alma

MediumnicoDe múltiples modos, divisamos la intervención de los otros en la salvación ajena, cuando el peligro amenaza.

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Bomberos, aquí y más allá, arrebatan personas al imperio del incendio, devolviéndolas a la seguridad.

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Médicos se consagran a enfermos, preservándoles la vida.

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En todos los lugares de la Tierra, guardias dedicados de las vías públicas arrancan a la muerte legiones de personas, todos los días.

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Trabajo y sacrifico

sacrificioHijos, todo trabajo es santo, con todo, es forzoso no olvidar la santidad mayor del trabajo de sacrificio en la exaltación del bien:

cuando todo parece obstáculo infranqueable;
cuando la dificultad económica nos agota las ultimas energías;
cuando la enfermedad parece eliminarnos todas las fuerzas;
cuando la soledad nos envuelve en su manto imponderable de ceniza;
cuando la calumnia nos hiere, severo, amenazando derrumbarnos el corazón;
cuando la mayoría de los compañeros nos extiende la hiel de la duda a cambio de nuestras esperanzas más bellas;
cuando la tentación nos rodea el espíritu necesitado de seguridad, ofreciendo ventajas materiales a costa de nuestra deserción del deber a cumplir;
cuando el desánimo, por frio doloroso, busca entorpecernos las fibras más íntimas;
cuando la cárcel de nuestras pruebas se levanta, aflictiva, puertas a dentro de nuestra propia casa, aprisionándonos en desmesurado sufrimiento moral…

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Reencarnar no es fácil

reencarnacionPara comprender la ley de la reencarnación, es inevitable aceptar la inmortalidad del alma, ya que en una sola existencia el Espíritu no puede adquirir la sabiduría y la perfección. Por eso, nos dicen los Espíritus de la Codificación en la respuesta a la p. 132 El Libro de los Espíritus, que: «Dios impone la encarnación con el objetivo de que lleguemos a la perfección. Para unos es una expiación, para otros una misión. Pero para alcanzar esa perfección, deben soportar todas las vicisitudes de la existencia corporal. (…) La encarnación tiene también otro objetivo que es, el de poner al Espíritu en condiciones de cumplir con su parte en la obra de la Creación, para cuya realización toma en cada mundo un cuerpo en armonía con la materia esencial de ese mundo, cumpliendo así, bajo este aspecto, las órdenes de Dios, de tal manera que concurriendo para la obra general, él mismo progrese también».

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