Don de curar

kardec1. Sanad enfermos, resucitad muertos, limpiad leprosos, lanzad demonios; “graciosamente recibisteis, dad graciosamente”. (San Mateo, cap. X, v. 8).

2. “Dad gratuitamente lo que habéis recibido gratuitamente”; dijo Jesús a sus discípulos; por este precepto prescribe que no se haga pagar lo que uno mismo no ha pagado, y lo que ellos habían recibido gratuitamente era la facultad de curar a los enfermos y echar a los demonios, es decir, a los malos espíritus; este don se les dio gratuitamente por Dios para el alivio de los que sufren y para ayudar a la propagación de la fe, diciéndoles que no hicieran con él ningún negocio, ni un objeto de especulación, ni un medio de vivir.

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¿Qué es más importante, la sabiduría o el amor?

Jorge_hessenUn compañero nos preguntó si era más importante al espíritu encarnado la caridad (el amor) o la intelectualidad (sabiduría). Para esclarecerlo procuramos tomar informaciones en las fuentes del saber emmanuelinos. Le dije que ante las perspectivas del crecimiento espiritual, la caridad (sentir) es sobradamente más importante, en la esencia, que la inteligencia (saber), y no obstante necesitamos de las dos alas (amor y sabiduría) para alcanzar los vuelos rumbo al excelso destino luminoso.

En realidad, el sentimiento y la sabiduría son las dos alas con las que el alma se elevará hacia la perfección infinita; las dos son clasificadas como adelantamiento moral y adelantamiento intelectual;

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¿Cómo adorar a Dios?

MediumnicoEn todas las épocas, todos los pueblos practicaron, a su manera, actos de adoración a un Ente Supremo, lo que demuestra que la idea de Dios es innata y universal. En efecto, jamás hubo quien no reconociese íntimamente su flaqueza, y la consecuente necesidad de recurrir a Alguien, todopoderoso, buscando Su apoyo, el bienestar y la protección, en los trances más difíciles de esta tan atribulada existencia terrena. Hubo tiempos en que cada familia, cada tribu, cada ciudad y cada raza tenían sus dioses particulares, en cuyo honor ardía el fuego divino constantemente en el hogar o en los altares de los templos que les eran dedicados. Retribuyendo esos homenajes (así se creía), los dioses lo hacían todo por sus adoradores, llegando hasta ponerse al frente de los ejércitos de las comunas o de las naciones a las que pertenecían, ayudándolas en guerras defensivas o de conquista.

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La oración del huerto

oracionDespués del acto de humildad extrema, de haber lavado los pies de todos los discípulos, volvió Jesús al lugar que ocupaba en la mesa del simple banquete y, antes de que se retiraran, elevó los ojos al cielo y oró así, fervorosamente, de acuerdo al relato del Evangelio de Juan:

— ¡Padre santo, es llegada mi hora! Acógeme con tu amor, eleva a tu hijo, para que él pueda elevarte, entre los hombres, en el supremo sacrificio. Te glorifiqué en la Tierra, dejé testimonio de tu magnanimidad y sabiduría y consumo ahora la obra que me confiaste. ¡En este instante, pues, Padre mío, ampárame con la luz que me diste, mucho antes que este mundo existiese!…

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