Antes de condenar

condenarCuenta el escritor Stephen Covey, en uno de sus libros, un hecho que le ocurrió en una mañana de domingo, en el metro de Nueva York. Las personas estaban calmadamente leyendo el periódico, divagando, descansando con los ojos entreabiertos. Era una escena calmada y tranquila. Súbitamente, un hombre entró en el vagón con los hijos. Los niños hacían algazara y se portaban mal.

El clima cambió instantáneamente. El hombre se sentó al lado de Stephen y cerró los ojos, aparentemente ignorando la situación. Los niños corrían de un lado a otro, tiraban objetos y llegaban a tirar de los periódicos de los pasajeros, molestando a todos. Aún así el padre nada hacía. Para Stephen era casi imposible evitar la irritación.

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Kardec

Emmanuel2Recordando al Codificador de la Doctrina Espírita, es importante que estemos alertas en nuestros deberes fundamentales.

Convenzámonos de que es necesario:

Sentir a Kardec;
Estudiar a Kardec;
Anotar a Kardec;
Meditar a Kardec;
Analizar a Kardec;
Comentar a Kardec;
Interpretar a Kardec;

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Los bienhechores

colavidaAlrededor de marzo de 1862, el obispo de Barcelona, Antonio Palau y Térmens, fue acometido por una enfermedad que le producía agudísimos dolores. A pesar de los tratamientos realizados, su estado de salud empeoraba rápidamente.

Al caer la tarde del 8 de julio, el obispo Palau sintió que le faltaban pocas horas de vida física. Ante la muerte próxima e inevitable, buscó prepararse cumpliendo todas las formalidades de su culto religioso. Se confesó y se comulgó de manera solemne y fervorosa. Cuando su estado se agravó más, recibió la unción del óleo y escuchó las exhortaciones que se acostumbran dirigir en las últimas horas. En sus últimos momentos de vida física, vestido de pontifical, recibió la visita de varias autoridades religiosas, civiles y militares. Incluso el Papa Pío IX se hizo representar enviándole una medalla por medio del párroco de San Miguel del Puerto.

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El testimonio de Tomás

tomasCuenta la narración de Marcos que, volviendo Jesús de una de sus excursiones, se encaminó hacia el territorio de Dalmanuta, donde varios fariseos se pusieron a discutir con él, para probarlo. Demostrando el dolor que le causaba la incomprensión del ambiente, el Maestro exclamó con su serena energía:

— «¿Por qué pide esta generación una señal del Cielo?»

Era frecuente que buscasen al Mesías con la exclusiva preocupación de lo maravilloso. Algunos exigían los milagros más extravagantes, en el aire, en el firmamento, en las aguas. ¿¡Jesús no afirmaba ser el Hijo de Dios?!… En el ejercicio de su ministerio, ¿no había expulsado espíritus malignos, no había curado paralíticos y leprosos?

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Kardec, gracias

AllanKardec1Kardec, mientras recibes los homenajes del mundo, pedimos permiso para asociar nuestra sencilla reverencia de amor a los cánticos de reconocimiento, que exaltan tu obra gigantesca en los dominios de la liberación espiritual. No aludimos aquí al profesor emérito que has sido, sino al discípulo de Jesús que hizo posible que se erigieran las bases del Espiritismo Cristiano, cuya estructura desafía el paso del tiempo.

Que otros aludan a los títulos de cultura que engalanaban tu personalidad, al prestigio que disfrutabas en la esfera de la inteligencia, al brillo de tu presencia en los faustos sociales, de la gloria que aportaba esplendor a tu nombre, dado que todas las alusiones a tu dignidad personal nunca expresarán de modo integral el exacto valor de tus créditos humanos.

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