Desengaños. Ingratitud. Afectos destruidos

kardec937 – Los desengaños que nos hacen experimentar la ingratitud y la fragilidad de los lazos de la amistad, ¿no son también para el hombre de corazón origen de amargura?
– Sí; pero ya os enseñamos a compadecer a los ingratos y a los amigos infieles, pues ellos serán más infelices que vosotros. La ingratitud es hija del egoísmo, y el egoísta encontrará más tarde corazones insensibles, como el mismo lo fue. Pensad en todos aquellos que han hecho más bien que vosotros, que valían más y a quienes se ha pagado con ingratitud.

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Las cenizas se esparcieron

auto-de-feMientras el fuego se apagaba en la pira del auto de fe de Barcelona, otro aún más intenso se encendía en la opinión pública. Cuando la hoguera terminó de consumir las trescientas publicaciones espíritas, el cura y sus auxiliares se retiraron cubiertos por el abucheo de la muchedumbre, que gritaba: «¡Abajo la inquisición!», mientras varias personas se acercaban para recoger las cenizas, que se esparcieron. Nada faltó para que aquel acto tuviera amplia repercusión. Además de la pompa y del ceremonial siniestro, el auto de fe se realizó en la culta y liberal Barcelona, justamente en la Ciudadela, considerada un infame símbolo de represión.

Esa circunstancia fue resaltada por el periódico madrileño La Discusión, en su edición del 23 de octubre de 1861: Es una gran torpeza ir a quemar libros, pero es una torpeza mayor quemarlos en Barcelona. En esa ciudad del trabajo no hay el ridículo histerismo neo-católico que suele producir la ociosidad y el vicio en algunos espíritus enfermizos y apocados.

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Rayo de Sol

emmanuelSi deseas aprender la lección de la indulgencia, observa el rayo de sol.

Disipando las tiniebla nocturnas, desciende a la Tierra, cada día, recapitulando, mil veces, la misma enseñanza de servicio y de paz.

No indaga por las sombras de las cuevas.

No teme a los gusanos que se le asocian.

No se queja de la corriente enfermiza que fluye del despeñadero.

Desciende, contento y feliz, al interior del precipicio, con la misma radiación con que nutre fuentes y flores.

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