Vida y Valores (Las guerras y nosotros)

raul_teixeira 1¿Quién no se aturde al oír hablar de guerra? Es una tragedia de la Humanidad. Las guerras representan exprimir esa infección interna que el alma carga en sí. Todas las veces que no estamos en paz con nosotros, nuestra tendencia es derramar ese producto de nuestra intimidad en el ambiente en que estamos y sobre las personas que nos rodean. Ahí tenemos simientes de guerras.

Lo que nos aterra en las guerras es la impiedad, la crueldad, la masacre, las explosiones, el bombardeo, la poca posibilidad de defensa que las personas tienen. Parece que hay una obligatoriedad en matar, en destruir. Construcciones que el tiempo tardo en hacer, que los hombres tardaron en levantar, se desmoronan en un solo bombardeo.

Leer másVida y Valores (Las guerras y nosotros)

No basta ver

foto_emmanuel“Y luego vio, y lo fue siguiendo, glorificando a Dios. Y todo el pueblo, viendo esto, daba alabanzas a Dios.” – (Lucas, 18:43)

La actitud del ciego de Jericó representa un patrón elevado para todo discípulo sincero del Evangelio.

El enfermo de buena voluntad busca primeramente al Maestro, delante de la multitud. En seguida a la curación, acompaña a Jesús, glorificando a Dios. Y todo el pueblo, observando el beneficio, la gratitud y la fidelidad reunidos, se vuelve hacia la confianza en el Divino Poder.

Leer másNo basta ver

No pierdas tu serenidad

MediumnicoNo pierdas tu serenidad.

Cuando nos mueve la cólera, la salud se descontrola, los órganos se perturban y sufrimos terriblemente.

Si tu amigo te traiciona, si un familiar inventa una calumnia, si aquellos a quienes ayudaste cometen una injusticia, una ingratitud, perdónalos.

Son personas enfermas: compadécelas.

Pero tú no pierdas la serenidad, no demuestres que estás ofendido.

Leer másNo pierdas tu serenidad

Encuentro decisivo

Le_Livre_des_EspritsTranscurría el año de 1860. José María Fernández Colavida caminaba, cierto día, por Barcelona cuando encontró a su amigo alicantino Ramón Lagier y Pomares. Capitán de marina mercante, Lagier había atracado, en el puerto de la ciudad, el gran vapor que comandaba en aquel entonces, llamado «El Monarca». Lagier conocía el sufrimiento de Fernández Colavida y, al verlo, sintió profunda empatía. Así como Fernández Colavida, el capitán alicantino había tenido una vida repleta de reveses y sucesos infelices.

La figura sufrida de Fernández Colavida en aquella calle de Barcelona hacía recordar los difíciles momentos en los cuales Lagier, con el corazón destrozado por una tragedia familiar e inmensas dificultades profesionales, recorría las calles de Marsella en búsqueda de un socorro que no venía, de un amigo fiel que le orientara y diera explicaciones para todo lo que estaba sufriendo. Fue, justamente en una de sus tristes andanzas por Marsella, que le sucedió a Lagier un hecho decisivo, que marcó toda su vida.

Leer másEncuentro decisivo