Caridad cristiana

amaliaHermana mía: Consecuente en mi propósito de darte cuenta de todas mis impresiones, te diré algo sobre mi última visita a uno de los mejores hospitales de la primera capital de España. Siempre me han, inspirado profunda compasión, esos desgraciados seres que, faltos de todo recurso pecuniario, tienen que ir a morir lejos de los objetos más queridos de su corazón, y exhalar su ultimo suspiro solos y abandonados, ¿Pues qué importa que sus ojos contemplen en torno suyo a otras criaturas? Sí., como ha dicho muy bien Fernán Caballero: ¡hay seres que quitan soledad y no dan compañía! Los hospitales donde dominan la religión católica romana (salvando algunas honrosas y consoladoras excepciones), se asemejan más a los antiguos tribunales del Santo Oficio, que a un lugar de refugio y de consuelo.

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Días de sombra

ansiedadHay días que se caracterizan por la sucesión de acontecimientos desagradables. Nada parece andar bien. Todas las actividades se confunden y los hechos se presentan deprimentes, perturbadores. Con cada intento de acción, nuevos fracasos se producen, como si los fenómenos naturales se sucedieran en sentido opuesto.

En tales ocasiones las contrariedades aumentan y el pesimismo se instala en las mentes y en la emoción, impulsándolas hacia recuerdos negativos con presagios deprimentes. Quien padece su influencia tiende al desánimo y se refugia en patrones psicológicos de auto-aflicción, de desdicha, de desprecio por sí mismo. Se siente situado por fuerzas descomunales contra las cuales no puede luchar, y se deja arrastrar por las corrientes adversas que lo van envenenando con el mal humor. Esos son días de pruebas, pero no para el desencanto; de desafío, y no para abandonar el esfuerzo.

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Poema de gratitud

ameliaSeñor Jesús, ¡muchas gracias! Por el aire que nos das, por el pan que nos diste, por la ropa que nos viste, por la alegría que poseemos, por todo de lo que nos nutrimos.

Muchas gracias, por la belleza del paisaje, por las aves que vuelan en el cielo añil, ¡por Tus dádivas mil! ¡Muchas gracias, Señor! Por los ojos que tenemos… ojos que ven el cielo, que ven la tierra y el mar, ¡que contemplan toda la belleza! Ojos que se iluminan de amor ante el majestuoso festival de color ¡de la generosa Naturaleza! ¿Y los que perdieron la visión? Déjame rogar por ellos ¡A Tú noble Corazón! Yo sé que después de esta vida, más allá de la muerte, volverán a ver con una alegría incontenida…

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