En el correo afectivo

humberto-de-camposUsted, querido mío, asevera que se ve fatigado consigo mismo. ¡Las imperfecciones, nuestras viejas imperfecciones!…

Dice usted que acaba de leer un volumen edificante y articula promesas de mejoría, oye una lección noble y reafirma sus votos de elevación… Horas después de la expectativa brillante, he aquí que se estira en el error o en la negación de todo lo que aseguró a sí mismo en materia de superación moral. En seguida, la exagerada noción de inferioridad personal, las ideas de culpa y, con eso, los sufrimientos íntimos y las aflicciones vacías.

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