Afirmaciones impertinentes

Richard Simonetti1 – La mejor prueba contra la reencarnación es el crecimiento de la población mundial. Somos, hoy, seis billones de habitantes. En la edad media no pasábamos de quinientos mil… Obviamente no son los mismos Espíritus que están retornando. La población global de la Tierra, entre encarnados y desencarnados, es de cerca de veinticinco billones. Por otro lado tenemos las llamadas emigraciones planetarias, Espíritus que vienen de otros mundos para vivir en la Tierra. Siempre habrá Espíritus para reencarnar.

2 – La reencarnación destruye los lazos de familia. Cada Espíritu tenderá a seguir sus propios caminos, en nuevas existencias, modificando sus relaciones. La unidad de existencia, con la transferencia compulsoria hacia el cielo o el infierno, es que los destruye. ¿Cómo quedaría una madre, cuyo hijo fuese al infierno? Las uniones afectivas se consolidan en las vidas sucesivas, formando familias espirituales que reencarnan para experiencias en común.

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Así es mi naturaleza

escorpionUn maestro oriental que vio cómo un escorpión se estaba ahogando decidió sacarlo del agua, pero cuando lo hizo, el escorpión lo picó. Por la reacción al dolor, el maestro lo soltó, el animal cayó al agua y de nuevo empezó a ahogarse. El maestro intentó sacarlo otra vez y otra vez el escorpión lo picó…

Alguien que había observado todo, se acercó al maestro y le dijo:

– ¡Perdone, ¡pero usted es terco! ¿No entiende que cada vez que intente sacarlo del agua, el escorpión lo picará?

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Estudio

DiSumerge la mente, en cuanto sea posible, en el estudio.

El estudio libera de la ignorancia y favorece a la criatura con el discernimiento.

El estudio y el trabajo son las alas que facilitan la evolución del ser.

El conocimiento es mensaje de vida.

No solo en las instituciones educativas puedes estudiar.

La propia vida es un libro abierto, que enseña a quien desea aprender.

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Cisco

ChicoAkardecHablamos a Chico de los nombres y sus traducciones, particularmente algunos de nuestro conocimiento. Nos acordamos de un querido hermano, hoy en la Espiritualidad, y con quien trabajamos en la Central de Brasil.

Se llamaba Julemo y su nombre vino de Juvenal, su padre, Leonor, su madre, y Morais, el sobrenombre de ambos.

Chico sonrió y salió con esta, revelándonos el alma cándida y humilde:

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