Vida y valores (Libre albedrío)

teixeiraA veces conversando con personas amigas, me dicen que una de las cosas que ellas no consiguen entender, es la ley de Dios, y el libre albedrío, que Dios nos da. Porque si Dios no nos hubiese dado el libre albedrío, no cometeríamos errores, lo haríamos todo bien. Es obvio que podemos pensar que si Dios no nos hubiese dado el libre albedrío, no seriamos nosotros que actuamos, seria Dios que actuaria sobre nosotros.

No seriamos esos individuos independientes que somos, estaríamos en aprendizaje aun de los irracionales. En la vida de los irracionales no existe ese nivel de libre albedrío como encontramos entre los humanos. Los animales tienen libre albedrío, sin más, dentro de una esfera bastante limitada, que es la esfera de sus instintos. Los animales pueden decidir si quieren comer o si no quieren comer. Muchas veces colocamos alimento para ellos, huelen y sin embargo no quieren. Otras veces, no les estamos dando alimento y saltan en nuestros brazos para quitar lo que tenemos.

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Puerta estrecha

Emmanuel-chicoxavier“Porfiad por entrar por la puerta estrecha, porque yo os digo que muchos procurarán entrar y no podrán.” – Jesús (Lucas, 13:24)

Antes de la reencarnación necesaria para el progreso, el alma estima en la “puerta estrecha” su oportunidad gloriosa en los círculos carnales.

Reconoce la necesidad del sufrimiento purificador. Anhela el sacrificio que redime. Exalta el obstáculo que enseña. Comprende la dificultad que enriquece la mente y no pide otra cosa que no sea la lección, ni espera sino la luz del entendimiento que lo elevará en los caminos infinitos de la vida. Obtiene el vaso frágil de carne, en el que se sumerge para el servicio de rectificación perfeccionamiento.

Pero, reconquistando la oportunidad de la existencia terrestre, vuelve a procurar las “puertas
anchas” por donde transitan las multitudes. Huyendo de la dificultad, se empeña por el menor esfuerzo. Temiendo el sacrificio, exige la ventaja personal.

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Una advertencia y una enseñanza

chico-felizChico, en cierta noche de sesión pública, en “Luiz Gonzaga” se sentía muy triste. Un periódico le lanzaba acusaciones sin sentido. La maledicencia, crecía, abundante. Casimiro Cunha, le pareció sonriendo con bondad y escribió, cogiéndole las manos:

Hombre con prisa en el bien,
cuyo paso no retroceda,
no consigue observar
el perro que ladra en la vereda.

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