El orgullo, riqueza y pobreza

denis_1_okDe todos los vicios, el más temible es el orgullo, pues siembra tras de sí los gérmenes de casi todos los demás vicios. En cuanto ha penetrado en un alma como en una plaza conquistada, se adueña de ella, se acomoda a su gusto y se fortifica en ella hasta el punto de hacerse inexpugnable. Es la hidra monstruosa siempre preñada y cuyos vástagos son monstruos como ella.

¡Desgraciado el hombre que se dejó sorprender! No podrá liberarse sino a costa de terribles luchas, a consecuencia de sufrimientos dolorosos, de existencias oscuras, de todo un porvenir de envilecimiento y de humillación, pues este es el único remedio eficaz para los males que engendra el orgullo.

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Visitando enfermos

andreluzLa visita al enfermo pide tacto y comprensión. Abstenerse de dar la mano al enfermo cuando sea la persona admitida a presencia de él, con excepción de los casos en que sea él quien tome la iniciativa.

Si el visitante no es llamado espontáneamente para ver al enfermo, no insistirá en eso, aceptando tácitamente los motivos no manifestados que le obstan semejante contacto.

Toda charla al pie de un enfermo exige control y selección. Evitar narraciones alrededor de enfermedades, síntomas, padecimientos ajenos y acontecimientos desagradables.

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Petición de la mediumnidad

meimei2Soy un talento de amor y luz que Dios te prestó para la construcción de tu propia felicidad. Usándome en el bien de los demás, actuarás en tu beneficio.

No me dejes relegada al frío de la indiferencia para que no se me entorpezca la facultad de auxiliar. Me asemejo al árbol benefactor que el Señor irguió en tu campo o, si quisieres, puedes interpretarme como la fuente que la Divina Bondad te desató en la Tierra sedienta.

Recuerda que el árbol produce según los cuidados que el agricultor le administre, y que la fuente acarrea agua límpida, conforme a la protección que recibe. Pero, no olvides, que el árbol no devora sus propios frutos y que el manantial no bebe sus propias aguas.

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Los trabajadores de Jesús

SauloLos trabajadores del bien sirven a Jesús con entusiasmo, desprendimiento y dedicación. Saben comprender sus designios porque aman mucho. Por eso, trabajan persistentemente en su terreno a pesar de las incomprensiones. Sus esperanzas están depositadas en la vida futura, liberándolos del desanimo ante las dificultades. Y sabiendo ser falibles ante las propias imperfecciones, Espíritus en la escala de la evolución, cuando se encuentran delante de las indiferencias de los otros, perdonan.

Al final, el ejemplo dejado por el Maestro muestra la diferencia entre el bien y el mal, iluminando el camino a seguir. De entre sus trabajadores, destaca el incansable Saulo de Tarso, el apóstol de los gentiles. Estudiando su vida podemos retirar ejemplos riquísimos. Cuando hizo su primera misión en divulgar el Cristianismo, después de tres años de meditación en el desierto, percibiendo que no era bien recibido por los suyos, tuvo la orientación de Ananias, el ex-perseguido:

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