Un día cualquiera

trabajoEra un día cualquiera cuando un pobre labrador escuchó un ruido bajo la rueda del arado; desconcertado miró y descubrió un tronco lleno de monedas de oro. Toda una fortuna para él. El hombre arrastró el tronco hasta su rancho y lo enterró profundamente en su jardín.

Pasaron los días y no sabía qué debía hacer con toda esa fortuna. Imaginó todo lo que podría comprar y decidió dejarlo enterrado durante un tiempo prudencial y usarlo poco a poco. Con ese tesoro, cualquier cosa podía resolverse y por fin tenía una seguridad ante cualquier imprevisto, calamidad o dura temporada.

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Saldos de cuentas

amaliaContinuamente trae la prensa noticias aterradoras sobre muertes violentas, y no de un solo individuo, sino de familias enteras, dejando aparte los siniestros de incendios, terremotos, naufragios, explosiones en las minas y otras calamidades. Últimamente me llamó la atención que en distintas ciudades de España, en pocos días habían muerto asfixiados varios individuos, en un punto, tres hermanos jóvenes que vivían en una casucha ruinosa, en otro lugar dos mujeres ancianas, y en Madrid, cuatro personas, a quienes hallaron muertas por asfixia.

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Amor y caridad

bezerrademenezesAmor es luz divina.

La Caridad es beneficencia humana.

La claridad revela.

La bondad socorre.

Consagraste el corazón al ministerio bendito con Jesús y esperamos que las espinas de la senda produzcan flores para tu fe renovadora y vibrante y que las piedras del camino se conviertan, al toque de tu comprensión y de tu buena voluntad, en sublime pan del espíritu.

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La cruz de oro y la cruz de paja

chico-jovenAlgunos miembros de la Juventud Espirita del Distrito Federal y de Belo Horizonte, visitaban a Chico. Antes de comenzar la sesión en “Luiz Gonzaga”, comentaban animadamente sobre el asunto de la Doctrina y de la tarea destinada a los jóvenes espiritas.

Una joven inteligente, deseando orientación y estimulo, coloco a Chico al par de las dificultades encontradas para vencer el pesimismo de unos, la quietud y la incomprensión de muchos. Pocos querían el trabajo de sacrificio, testimoniando la Ruta evangélica, que estaba exigiendo a los jóvenes una vida limpia, correcta, vestida de abnegación y renuncia. Deseaban recoger sin sembrar.

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