Vida y valores (Misionarios que se pierden)

slide-raul-03-2014Dios remite para los mundos los hijos que necesitan crecer, evolucionar, aprender. En nuestro planeta, nuestra tierra, todos estamos en esa condición. Aquellos espíritus que nos llegan en la condición de hijos, aquellos que están bajo nuestros cuidados afectivos, intelectuales, esperan de nosotros una buena dirección, una buena orientación. Y el deber de todos nosotros, delante de nuestros niños, de nuestros hijos, protegerlos bien, guiarlos para los caminos que ellos necesitan seguir. En fin, cabe a los padres, principalmente a los padres, los profesores, a los maestros, dirigir las nuevas generaciones. Seguir leyendo “Vida y valores (Misionarios que se pierden)”

El elefante encadenado

cadena— No puedo –le dije— ¡No puedo!

— ¿Seguro? –me preguntó el gordo.

— Sí, nada me gustaría más que poder sentarme frente a ella y decirle lo que siento… pero sé que no puedo.

El gordo se sentó a lo Buda en esos horribles sillones azules de consultorio, se sonrió, me miró a los ojos y bajando la voz (cosa que hacía cada vez que quería ser escuchado atentamente), me dijo: Seguir leyendo “El elefante encadenado”

Una viuda de Malabar

allan_kardecTeníamos el deseo de interrogar a una de esas mujeres de la India que, según sus costumbres, se queman sobre el cadáver de su marido. Al no conocer a ninguna, habíamos pedido a san Luis si consentiría en enviarnos a una que estuviera en condiciones de responder a nuestras preguntas de una manera satisfactoria. Él nos contestó que lo haría de buen grado dentro de algún tiempo. En la sesión de la Sociedad del 2 de noviembre de 1858, el Sr. Adrien – médium vidente – vio a una de ellas dispuesta a hablar, y de la cual hizo la siguiente descripción:

Ojos grandes y negros, con tono amarillento en el blanco del ojo; rostro redondeado, mejillas rollizas y gordas; piel amarilla azafrán tostado; pestañas largas, cejas arqueadas y negras; nariz un poco grande y ligeramente achatada; boca grande y sensual; dientes bonitos, grandes y derechos; cabellos lacios, abundantes, negros y espesos de grasa. Cuerpo bastante grande, rechoncho y gordo. Seguir leyendo “Una viuda de Malabar”

Volver arriba