Vivencia cristina

ChicoAkardecApreciada hermana: Su carta nos conmovió. La Comprendemos. La señora se declara fatigada. Desea integrar un equipo fraterno, en el que pueda desenvolver sus ideales de bondad, no en tanto, está encontrando únicamente motivaciones y disgustos. Incomprensiones y antagonismos. Observaciones poco amistosas que desprecian sus mejores intenciones. Criticas y chismes. Y nos solicita: ¿“Augusto amigo, como ajustarse la persona al relacionamiento cristiano? ¿No podrá usted enviarme algunas notas ligeras, alrededor del asunto? Francamente, su confianza nos confunde y, por eso, me limito a hacer frente a su breve pagina, que consideramos de elevada importancia en las relaciones de los grupos evangélicos, de unos para con los otros. Seguir leyendo “Vivencia cristina”

Velo de olvido

tumuloEntre todas las grandes bondades que nuestro Padre nos prodiga esta la de poder olvidar momentáneamente nuestro pasado espiritual.

El velo de olvido que la gran mayoría de los encarnados presenta es consecuencia directa de nuestra condición como espíritus, siendo este olvido mas profundo en aquellos que han llevado vidas realmente perturbadoras y que ameritan esta bendición en grados aun más profundos de lo que generalmente se presenta. Seguir leyendo “Velo de olvido”

Frente a los compañeros

andre.luizMantener comunicación y respeto con los compañeros de lucha, aun con aquellos que se encuentran alejados del Espiritismo. Todos somos estudiantes en la gran escuela de la vida.

Respetar las ideas y la personalidad de todos nuestros hermanos, sean ellos nuestros vecinos o no, estén presentes o ausentes, sin jamás descender al lodo de la liviandad que genera la maledicencia. Quien censura a alguien delante de nosotros seguro que nos censurará delante de alguien.

Cuando prestase objetos comunes, no exija su devolución, manteniéndose, firme, en el propósito de auxiliar a los demás en todo aquello que pueda serles útil. Desapego es indicio de elevación. Seguir leyendo “Frente a los compañeros”

Factor común

bucayCuando llegué por primera vez al consultorio de Jorge, sabía que no iba a ver a un analista convencional. Claudia, que me lo había recomendado, me avisó que “El Gordo” –como ella lo llamaba— era un tipo “un poco especial”. Yo ya estaba harto de las terapias convencionales, y sobre todo de algunos años aburridos en un diván psicoanalítico. Así que llamé y pedí una hora.

La primera impresión superaba todos los cálculos. Era una calurosa tarde de noviembre; yo había llegado cinco minutos antes y esperaba abajo, en la puerta de su edificio, que fuera la hora exacta. A las cuatro y media en punto toqué timbre, el portero eléctrico sonó, empujé la puerta y subí al noveno. Esperé en el pasillo. Esperé. ¡Y esperé! Y cuando me cansé de esperar, toqué timbre en la puerta del departamento. Seguir leyendo “Factor común”

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