A mi amigo Don A. A. (en la muerte de su hijo) Luz nº 109

¡Llora, padre infeliz! ¡Llora tu pena!
¡Llorar hoy solo calmará tu duelo!
¡Pedirte que hoy no llores es lo mismo,
que si a la nieve le pidieran fuego!

¡Todo en la tierra su tributo tiene!
Cuando el dolor desgarra nuestro pecho,
le pide a nuestros ojos triste llanto.
¡Sagrada deuda que pagar debemos!

¡En esas horas en que lucha el alma,
En esas horas de dolor supremo,
El mortal sucumbiera si en sus ojos
No brotara el raudal del sentimiento!

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A Garibaldi

Si los ruegos ardientes de mi alma
pudieran darte en tu solemne día
la dulce paz, la venturosa calma
que para ti mi corazón ansía.

Vieras en torno tuyo a tus hermanos,
ostentando su enseña victoriosa,
diciéndote: “Murieron los tiranos
y Polonia por ti ya es venturosa.”

¡Genio del bien! Recibe en tus hogares
la bendición de un pueblo agradecido;
vive feliz en tus paternos lares
por todo el universo bendecido

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Lelia

Santa Cruz de Tenerife Junio 15 de 1851
A la señorita doña Ana Fernández

El sol de libertad tu mente inflama;
la estrella de la fe tus pasos guía;
la santa asociación tu pecho ama
y admiro tu brillante fantasía.

Yo también como tú guardo en mi mente
de unión y asociación santas ideas;
yo también como tú digo ferviente,
hermosa libertad; ¡bendita seas!

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A un poeta

¿Quién eres?.. Preguntó tu dulce acento;
¿Quién eres, di, la que en tu triste luto
elevas hasta el cielo tu lamento
pagándole a la muerte fiel tributo?

¿Quién eres?… La que en lánguidos cantares
revelas a los hombres la agonía,
repitiendo la brisa de los mares
cual eco de tu acento, ¡madre mía!

Esto dijo vibrante de ternura
tu dulce voz que resonó en mi oído,
y anhelé conocer el alma pura
a quien le conmoviera mi gemido.

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El día de difuntos

¡Madre infeliz! En tu modesta tumba
no tendrás ni una flor en este día,
pero la brisa que en los sauces zumba
repetirá doliente, ¡madre mía!…

Las madres que cifraron su alta gloria
en prestar sus afanes más prolijos,
esas tienen por tumba la memoria
de sus amantes y dolientes hijos.

Esas madres benditas que embellecen
de los suyos la mísera existencia,
esos ángeles buenos no perecen
porque son de sus hijos luz y esencia.

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Horas de insomnio

Todo duerme; todo duerme, todo calla en mi redor; todo yace en el silencio, solamente velo yo. ¿En qué piensa mi espíritu cuando la noche tiende su manto de tristeza, su densa oscuridad? Contemplo como el hombre luchando se defiende, contra ese monstruo horrible llamado sociedad.

El hombre sin el hombre, es átomo en el mundo, por eso es necesario que exista asociación: mas nuestro antagonismo ¡Dios mío! es tan profundo que embota la ternura y ofusca la razón.

Avaros insaciables de todo lo creado queremos envidiosos los bienes poseer, de aquel que vive y goza, del noble potentado, y del amor que en ángel convierte a la mujer; viajeros incansables, cruzamos el desierto buscando grata sombra y plácido solaz; mas ¡ay! que no encontramos el anhelado puerto, nacemos y morimos sin encontrar la paz.

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En el álbum de Elisa

Y quiera el cielo que tan dulce estado
eterno sea, si tu dura suerte
te niega hallar un ser idolatrado
que sea capaz de amarte y comprenderte;

Pero si le has de hallar, si afortunado
un porvenir de amor ha de ofrecerte,
conviértase esa paz tan bonancible
en un amor inmenso, inextinguible
(Benavides)

¿Cuándo tendrás Elisa, la ventura
de amar con frenesí, de verte amada
y ostentar en tu frente noble y pura,
la corona feliz de desposada?

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A la Prima Donna Señora Ana de la Grange Serenata

En el sagrado templo de la gloria,
los genios del saber, se dice que acordaron
premiar a una mujer, en cuya historia
mil páginas brillantes encontraron.

Queriendo hacer eterna su memoria,
su hermoso nombre con el buril grabaron,
buril divino que el recuerdo encierra,
de todo lo más grande de la tierra.

Ante el trono esplendente de la Fama,
simbólico laurel se eleva al cielo;
los genios le arrancaron fresca rama,
y con ella formaron en su anhelo.

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