La incineración

Hace algún tiempo que en el mundo científico se agita la cuestión que sirve de epígrafe a estas líneas, asunto interesantísimo que ha venido a sustituir al no menos importante de las células. Mucho nos alegramos de que la prensa europea se ocupe en descifrar semejantes problemas, y mucho más nos enorgullece que los periodistas españoles tomen parte en la controversia, y emitan votos y opiniones tan brillantes como las que dio Ceferino Tresserra, en su magnífico artículo la incineración de los cadáveres que publicó El Imparcial el 8 de Mayo último. Sus contundentes argumentos y sus filosóficas y amargas consideraciones, llevaron la convicción a nuestra mente, y quisimos tomar la pluma y seguir el atrevido vuelo del insigne escritor, pero la voz de nuestra pequeñez nos detuvo diciéndonos: Después de lo que ha dicho Tresserra, ¿qué vais a decir vosotros…?

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Las casitas blancas

La felicidad, esa hada misteriosa que siempre va delante del hombre con el brazo extendido señalando un punto al que nunca llega el mísero mortal, esa figura encantadora y tentadora no la he visto vagar por los salones de los regios alcázares; por esto no me seducen esas moles de mármol, esas moradas suntuosas, cuyos moradores, o viven hastiados de goces, o recelosos de una traición; y más que mansiones de vivos, me parecen soberbios mausoleos donde se disgregan lentamente las vanidades mundanas. ¡Cuántos crímenes se han cometido en los palacios!… ¡Cuántos seres han nacido bajo doseles de púrpura, y, por el abandono de sus padres, fruto del vicio y de amores clandestinos, han ido a morir en los hospicios, en las cárceles o en el caldaso!

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Meditación

En la Semana santa se conmemora el gran suceso que dio la libertad al hombre y la dignidad a la mujer. La mujer ha de ser eminentemente cristiana, porque el cristianismo la elevó a ser la reina del mundo, la delicia del hogar doméstico, el encanto de la sociedad. Con el trascurso de los siglos, su poder moral ha llegado a tener tan poderosa influencia, que hoy ocupa un puesto igual al hombre en conocimiento, en estudios profundos, y en la América del Norte hasta su posición social; pues hay doctoras en medicina, mujeres de estado que manejan la legislación como españolas la aguja. En España la mujer ha sido y es buena cristiana, por eso en la época presente acuden todas sin distinción de clases, a escuchar en los templos la palabra de Dios.

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Pobre Margarita (Segunda parte)

Lectoras mías: Hace tiempo que publiqué sin que lo supiera su dueño, los fragmentos de un diario o libro de recuerdos. Me interesó la suerte de una pobre joven y creo que a vosotros os interesará también: Margarita. ¿Os acordáis de ella? ¡Pobre criatura…! Dejó un libro manuscrito con sus memorias y por casualidad he leído algo de él. Os diré como ha sido.

Mi amigo Carlos que es el que escribió los fragmentos que yo he publicado, es un hombre como habréis comprendido, de corazón y de sentimiento espiritual y apasionado. Desde la muerte de Margarita, su vida ha sido más triste que de costumbre, hasta que la casualidad le hizo conocer a una joven, casi una niña llamada también Margarita. Sea que la chica era muy bonita y sencilla sin ser estupenda; ora que su nombre le hiciera amarla en recuerdo de su muerto amor, lo cierto y lo seguro es que se ha casado hace un año y no se ha arrepentido todavía. Está visto que mi amigo Carlos es el más afortunado de los mortales.

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La Romería de San Isidro

Innumerables descripciones se han hecho de esta fiesta popular; infinitos artículos han querido copiar ese inmenso cuadro de tantas y tan diversas tintas, pero ni pintores ni poetas han podido dar más que una idea pálida de la célebre romería del Santo Labrador; es necesario verla para comprenderla en lo que vale. Solo contemplando aquella alegría tan pura y tan unánime que reina entre los hijos del pueblo; aquella fraternidad que une por breves instantes a los grandes con los pequeños, solo escuchando aquel rumor inmenso, aquel grito unánime lanzado por mil y mil bocas que parece un voto de gracias elevado al cielo, solo entonces puede sentirse algo. Decir, nada.

Todo es pálido, todo es frío a pesar de los intentos que se hagan describirla fielmente. No hay pincel humano que copie con las nubes y celajes del crepúsculo vespertino; no hay pluma que pueda describir el goce interno del corazón humano.

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La simpatía del dolor

La miseria es un inmenso panorama, y la reflexión es el cristal óptico por donde se miran sus diversos cuadros de infinitas tintas. Una de las vistas que hemos contemplado detenidamente, es una antesala de oficinas en que se enjugan muchas lágrimas y se socorren muchas y perentorias necesidades.

Allí no se encuentra esa miseria pestilente y asquerosa: no esa pobreza cubierta de harapos que inspira compasión y repugnancia a la vez, sino ese dolor íntimo del alma; ese inmenso sufrimiento del espíritu y de la materia. La miseria cubierta de un paletó o de una mantilla interesa, atrae, y siempre queremos hallar una historia tras de una mirada triste, tras de un rostro demacrado y sombrío.

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La soledad

A mi amigo el Sr. D. Juan García Fiel

Amigo mío: usted que ha estado largos
años lejos de su patria y de su familia,
usted, que habrá suspirado más de una vez
por el hogar paterno y por el cariño de los
suyos; apreciará en algo el melancólico
pensamiento de mi pobre artículo sobre la
soledad.

Llórame solo y no me llores pobre,
dice un adagio antiguo. ¡Cuánta verdad
encierran estas cortas frases! Triste, muy
triste es la miseria, pero mucho más
dolorosa es la soledad.

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Las niñas y las flores

¡Oh! Primavera, juventud del año.
¡Oh! Juventud, primavera de la vida,

Migusan

Nada más hermoso que las niñas y las flores; nada más encantador que una niña de quince años y una rosa en capullo. Están tan íntimamente unidas las jóvenes y las flores, que son una misma obra dividida en infinitos tomos, un mismo cuadro pintado con diversas tintas y distintos colores. La rosa retrata, tal vez mejor que ninguna, a la mujer, ha dicho un distinguido escritor. A nosotros nos parece que la variedad de las flores copia al natural la diversidad de sentimientos que caracteriza a las mujeres.

La violeta; esa flor sencilla y modesta, oculta en el follaje, es la mujer, recogida en el hogar doméstico, de humildes y dulces aspiraciones, la que reconcentra su pensamiento en el cariño de los suyos, la que para vivir le basta la tranquilidad y el recogimiento de su casa, la que en fin, no expone su hermosura a las miradas de la multitud.

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Los café dramáticos

Hace algún tiempo que, para desdoro de las letras y baldón del Teatro Español, se han establecido en la corte los cafés dramáticos; estos están situados la mayor parte en barrios apartados, donde acude una sociedad extraña, que forma un cuadro de tan diversos y abigarrados colores, que no tiene un tinte determinado: el único matiz que más resalta, es la ignorancia y la estupidez. Son verdaderamente curiosas estas reuniones, donde reina una libertad de mal gusto, y donde se observan costumbres viciadas y de tristísima perspectiva para el porvenir.

¿Qué ejemplo de moralidad, qué nociones de ese pudor instintivo, recibirán las niñas que, no teniendo madres más que en el nombre, madres que no comprenden su verdadera misión en la tierra, las abandonan en medio de una multitud, cuyas palabras, las más veces, lastiman y ofenden por su forma y por su esencia? ¿Qué aprenderán, repetimos, estas desgraciadas criaturas en esas horas que debían consagrar al tranquilo sueño de la inocencia? ¡Pobres flores, marchitas por la atmósfera impura de los cafés! En tanto, las mujeres que llevan el nombre de madres se sitúan lo más cerca que pueden del escenario, y sostienen entretenida plática con los actores, regañando de vez en cuando a sus hijas porque alborotan demasiado…

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A la simpática niña María Fernández

María: aunque es muy corta tu edad, no titubeo en dedicarte las distintas impresiones que he sentido al verte y al oírte, porque sé que me comprenderás. Por suerte o por desgracia, has nacido en una época cuya pasión dominante es la publicidad; antes sólo escribían recuerdos de viaje los que daban la vuelta alrededor del mundo: hoy se cuenta lo que se siente en un salón, en un teatro y en un paseo, y en parte no lo encuentro del todo mal.

¿La vida que es?… Un viaje más o menos prolongado; los seres que la casualidad nos hace conocer, cambian muchas veces que la casualidad nos hace conocer, cambian muchas veces nuestros gustos y nuestras costumbres, y sin necesidad de mudar de población, la que ayer nos parecía triste y solitaria, hoy la encontramos animada y risueña; luego nuestra imaginación ha hecho un viaje por ese mar sin fondo que se llama sociedad… ¡Piélago borrascoso donde se naufraga al más leve empuje!…

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A la Virgen de la Misericordia

Me cuentan las reusenses madres mías,
que cuando a ti en la noche solitaria
te demandan consuelo en su agonía,
que nunca tu desoyes su plegaria.

Dicen que de la peste asoladora
están libres por ti de sus rigores
y que les das la lluvia bienhechora
para que obtengan en sus campos flores.

Y óptimos frutos cuya gran riqueza
proporciona al país vivir tranquilo
que a tu misericordia y a tu largueza
le deben los más pobres un asilo.

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