En favor de él (2)

Amigo.

Si cultivas un principio religioso, sabes que la muerte no es el fin. El Espíritu eterno, con los potenciales de inteligencia y sentimiento que definen su individualidad, simplemente deja la cárcel de carne, como mariposa libre del capullo, rumbo a la amplitud.

Raros, entretanto están preparados para la grandiosa jornada. Pocos ejercitan alas de virtud y desprendimiento.

Natural, por tanto, que el “muerto” experimente dificultades de adaptación a la realidad espiritual, principalmente cuando no cuenta con la cooperación de aquellos que comparecen al velatorio, en el arrastrar de las horas que preceden al entierro.

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Velatorio ideal

Comparecimos, cierta vez, al velatorio de un compañero de Doctrina. Los familiares, espiritas también, perfectamente conscientes de los problemas relacionados con el desligamiento, le ofrecieron un inestimable apoyo y edificante ejemplo de equilibrio y compostura que sensibilizó a mucha gente. 

No había ningún aparato fúnebre. Solo flores, muchas flores y música suave, convidando a la meditación. Viuda e hijos recibían las condolencias con serenidad, vertiendo lágrimas discretas, amenizando el trance de amargura con una perfecta conformación a los Designios Divinos. Se pedía silencio y oración. Por dos o tres veces, en el pasar de las horas, eran leídos, en voz pausada, textos espiritas relacionado con la muerte, destacando a los presentes de sus responsabilidades delante de alguien que, en las puertas de la Vida Espiritual, ave presto a dejar la jaula que lo aprisiona, tiene las alas aun frágiles y comprensibles inhibiciones, problemas que pueden ser agravados o minimizados por los presentes.

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Velatorio

Cuando comparecemos aun velatorio cumplimos un sagrado deber de solidaridad, ofreciendo bienestar a la familia.

Infelizmente, tendemos a hacerlo por la mitad, con la presencia física, ignorando lo que podríamos definir por compostura espiritual, expandiéndose en el respeto por al ambiente y en el empeño de ayudar al muerto.

Superada la larga fase de los dolientes, en que obligatoriamente la presencia de la muerte era encarada como algo terrible inspirando compulsorios sentimientos de dolor, con la participación de lágrimas abundantes, fuimos a parar en el extremo opuesto en que, excluidos los familiares, los espectadores parecen estar en una oportuna reunión social, donde viejos amigos se reencuentran, con el anhelo de “poner la conversación al día”. Se cuentan chistes, se habla de fútbol, política, sexo, modas…

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Juego peligroso

Hace un juego siniestro, de humor negro, atribuido a los soviéticos, denominado “ruleta rusa”. Se sortea el primer participante, que introduce una bala en un revolver. En seguida gira aleatoriamente el tambor, coloca el cañón en la cabeza y aprieta el gatillo.

Si escucha un clic respirará aliviado y pasará el arma al compañero. Este repetirá el ritual. Así harán ambos, sucesivamente, hasta que uno de ellos se vuele los sesos.

Variante brasileña es la “ruleta paulista”, practicada por jóvenes en São Paulo, hace años. Consistía en cruzar calles a alta velocidad, sin respetar señales de tráfico, montados en sus potentes motos. Al sabor de la suerte el motorista podría llegar ileso al otro lado o chocar con otro vehículo.

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¿Llegó la hora?

“<¡Solo el pavo muere en la víspera!” – dice el adagio popular, haciendo referencia al hecho de que nadie desencarna antes que llegue su día. En realidad, ocurre lo contrario. Pocos cumplen integralmente el tiempo que les fue concedido, con raras excepciones, el hombre terrestre atraviesa la existencia presionando la máquina física, comprometiendo su estabilidad.

Destruimos el cuerpo de fuera para dentro con los vicios, la intemperancia, la indisciplina…

El alcohol, el tabaco, los tóxicos, los excesos de alimentación, tanto como la ausencia de ejercicios, de cuidados de higiene y de reposo adecuado, minan la resistencia orgánica a lo largo de los años, abreviando la vida física.

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Viejo trauma

Recomendaciones:

– ¡Solo me entierran cuando comience a oler mal!…

– No me entierren. ¡Quiero ser incinerado!…

– Cumplan rigurosamente el plazo de veinticuatro horas para el entierro. ¡No importan las circunstancias de mi muerte!…

En conferencias sobre la muerte, la pregunta frecuente es:

– ¿Si paso por un trance letárgico y me despierto en la tumba, que pasará conmigo?

La respuesta jocosa:

– Nada de especial. Simplemente morirás en pocos minutos, por falta de aire.

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Solución infeliz

El termino eutanasia, cuyo significado es “muerte feliz”, fue creado por el filósofo Francis Bacon. Él argumentaba que el médico tiene la responsabilidad de aliviar enfermedades y dolores, no solamente con la cura del mal, sino también proporcionando al enfermo una muerte calmada y fácil, si el problema es irreversible.

Aunque universalmente considerada homicidio, la eutanasia cuenta con la benevolencia de la justicia cuando es aplicada en pacientes terminales atormentados por dolores y aflicciones. Son rarísimos los procesos contra personas involucradas en ese crimen.

En algunos países se piensa en considerarla un simple acto médico con el consentimiento del propio enfermo o de familiares, en el piadoso propósito de abreviar sus padecimientos.

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Consciencia del error

El conocimiento espirita ha evitado que muchas mujeres se comprometan en el aborto provocado, ese “asesinato intrauterino”, pero, constituye, también, un tormento para aquellas que lo practicaron. Miedo, remordimiento, angustia, depresión, son algunas de sus reacciones.

Naturalmente eso ocurre siempre que somos informados de lo que nos espera frente a un comportamiento desajustado. Sin embargo, equivocados están los que pretenden ver en la Doctrina Espirita la reedición de doctrinas escatológicas fustigantes y anatematizadoras.

Apoyándose en la lógica y en el raciocinio y exaltando la libertad de conciencia, el Espiritismo no condena, esclarece; no amenaza, concientiza. Y mucho más que revelar el mal que hay en el hombre, tiene por objetivo ayudarlo a encontrar el Bien. Espíritus inmaduros, comprometidos con liviandades e inconsecuencias, somos todos, o no estaríamos en la Tierra, planeta de expiación y pruebas.

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Aborto

Después de la fecundación del óvulo por el espermatozoide el Espíritu reencarnante es unido al embrión, constituyendo un ser humano que habitará el vientre materno por nueve meses, protegido en su fragilidad hasta que pueda enfrentar el mundo exterior.

El aborto se sitúa, así, como una desencarnación. Si es natural, cuando el organismo materno no consigue sustentar el desarrollo del bebé, configura una prueba relacionada con infracciones a las leyes divinas, tanto para los padres, que experimentan la frustración del deseo de ser padres, (se acrecienta en la mujer los sufrimientos e incomodidades consecuente de la interrupción del embarazo), como para el reencarnante, que ve malogrado su anhelo de retorno a la carne.

Ya el aborto criminal configura un crimen hediondo, no siempre pasible de punición por la justicia humana (en algunos países la legislación proporciona a la mujer el derecho de arrancar al hijo de sus entrañas, matándolo), pero inexorablemente sujeto a las sanciones de la Justicia Divina, alcanzando no solo a las madres, sino también los que directa o indirectamente se involucran con él (familiares que sugieren y profesionales que lo realizan).

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Por qué mueren las flores

No hay lugar para el acaso en la existencia humana. Dios no es un jugador de dados distribuyendo alegría y tristeza, felicidad e infelicidad, salud y enfermedad, vida y muerte, aleatoriamente.

Existen leyes instituidas por el Creador que disciplinan la evolución de Sus criaturas, ofreciéndoles experiencias compatibles con sus necesidades. Una de ellas es la Reencarnación, determinando que vivamos múltiples existencias en la carne, como alumnos internados en un colegio, periódicamente, para un aprendizaje especifico.

El conocimiento reencarnatório nos permite descubrir los intrincados problemas del Destino.

Dios sabe lo que hace cuando alguien retorna a la Espiritualidad en plena floración infantil.

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Muerte de niños

El desencarne en la infancia, incluso en circunstancias trágicas, es más tranquilo, ya que en esa fase el Espíritu permanece en estado de somnolencia y despierta lentamente para la existencia terrestre. Solamente a partir de la adolescencia es cuando entrará en la plena posesión de sus facultades.

Ajeno a las circunstancias humanas él se exime de envolverse con vicios y pasiones que tanto comprometen la experiencia física y dificultan un retorno equilibrado a la Vida Espiritual. El problema mayor es la tela de retención, formada con intensidad, ya que la muerte de un niño/a provoca una gran conmoción, incluso en personas no unidas a él o ella directamente.

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Fuga comprometedora

Sin duda, la más trágica de todas las circunstancias que envuelven a la muerte, de consecuencias devastadoras para el desencarnante, es el suicidio. Lejos de encuadrarse como expiación o prueba, en el cumplimiento de los designios divinos, el auto aniquilamiento se sitúa como desastrosa fuga, una puerta falsa en que el individuo, creyendo liberarse de sus males, se precipita en situación mucho peor.

“El mayor sufrimiento de la Tierra no se compara al nuestro” – dicen, invariablemente, suicidas que se manifiestan en reuniones mediúmnicas.

Tormentos indescriptibles se desmoronan sobre ellos a partir de la consumación del gesto lamentable. Precipitados violentamente en la Espiritualidad, en plena vitalidad física, reviven, ininterrumpidamente, por largo tiempo, los dolores y emociones de los últimos instantes, confinados, en regiones tenebrosas donde, según la expresión evangélica, “hay lloro y crujir de dientes”.

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