Obsesión

1.¿Puede alguien ser llevado al suicidio por influencia de Espíritus obsesores?

Ocurre con frecuencia. Infiltrado en los pensamientos del obsedido, el obsesor insiste en la idea del suicidio, que repercute, incesantemente, en su imagen mental, induciéndolo a la terrible iniciativa. Imaginemos a alguien a nuestro lado, sugiriendo, por culpa de nuestros problemas: Acaba con tu sufrimiento. ¡Libérate de esta angustia! No vale la pena continuar viviendo! ¡Mátate! Es una presión terrible, tortura que acaba por minar la resistencia de la víctima.

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Erraticidad

1 – ¿Existe un tiempo determinado para reencarnar?

El estado en la erraticidad, como denominaba Kardec a la vida espiritual, es variable. Podemos estar un año o un milenio. Depende de nuestras necesidades y opciones.

2 – ¿Dónde estamos más tiempo en la Tierra o en el Más Allá?

Tendemos a quedarnos más tiempo en el mundo espiritual, incluso por una cuestión de disponibilidad reencarnatoria. La población desencarnada es mucho más numerosa, cerca de 20 billones. No están equivocados los cofrades que hablan de la necesidad de valorizar la experiencia humana, considerando que hay hileras en el Más Allá, aguardando la inmersión en la carne.

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Últimas palabras

Ya podemos sacar algunas conclusiones.

Vamos allá:

Usted no está preso por acaso.

Vino a parar a una prisión por el cumplimiento de la justicia de los hombres, por lo que hizo en esta vida o cumpliendo la justicia de Dios, por lo que hizo en vidas anteriores. No hay como negar la existencia de Dios.

Para eliminar a Dios tendríamos que explicar el Universo, que funciona como un reloj perfecto, sin la existencia del relojero. Algo como decir que este libro que usted está leyendo surgió de la explosión de una tipografía.

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Un sentido para la vida

Apoyados en el bendecido trabajo de la fraternidad aquellos hombres resistieron a sus provocaciones por tres años.

En 1945 terminó la guerra. Pero para ellos la supervivencia no era nada. El gran milagro, la bendición mayor, fue el hecho de haber encontrado un sentido para la vida, mientras construían la vía férrea de la muerte.

Vida en plenitud, vida con objetivo, vida vibrante y bella. Una vida extrañamente sensata, en medio de un mundo que enloqueció. Era exactamente en eso que pensaban en el culto de acción de gracias en el campamento, por el término de la Guerra, cuando recordaban aquella Navidad desde hacía tres años, cuando, de manos puestas, imploraban por la libertad.

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El peso del odio

Una cosa curiosa, amigo lector.

Cuanto más aquellos prisioneros trabajaban procurando ayudar al semejante, mejor entendían los problemas humanos.

Parecía que sus manos sirviendo eran como antenas que les permitían sintonizar el Cielo, recibiendo bendiciones de bienestar y esclarecimiento.

Aunque no conociesen la reencarnación, sentían que existe una razón para los sufrimientos humanos. No se imaginaban víctimas de un juego cruel del destino. Sabían ahora que revelarse contra los dolores del mundo es caminar para el desatino, para la locura que complica todo. Aprendieron, por eso, a aceptar el sufrimiento como instrumento de despertar del alma humana en relación a los valores de la vida.

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Los campos de Dios

Orientados por Miller y Moore, los prisioneros iniciaron la gloriosa búsqueda que transformaría aquellos campos del Infierno en Campos de Dios.

Se formaron pequeños grupos que, reuniéndose a la noche, estudiaban como mejorar la vida en el campamento.

Comenzaron con una docena de hombres. En poco tiempo eran decenas. Más tarde centenas. En esas reuniones los participantes aprendían la primera lección, la más importante:

No basta hablar. Es necesario acción.

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Los campos del infierno

Usted, lector paciente que fue capaz de acompañarme hasta aquí, tal vez esté pensando:

Ese tío no sabe nada, habla del perdón, trabajo, fraternidad, oración, sin tener noción de lo que es nuestra vida aquí, de las miserias que enfrentamos, del infierno que vivimos.

Si, después de haber leído todo lo que escribí, usted aun piensa así, le pido perdonar mi incompetencia. No fui capaz de transmitir algunas ideas que le darían mayor tranquilidad mejorando su vida en la prisión. Pero debo decirle que, si usted se juzga en una situación muy difícil, en que no hay lugar para la esperanza, conozca la historia de un grupo de personas que vivieron una experiencia mucho peor, en un verdadero infierno, y consiguieron sobrevivir, más que eso: Consiguieron conservar su integridad como seres humanos. Esas personas no poseían todo el conocimiento que busqué transmitir en estas páginas, pero sabían lo más importante, como usted verá en las próximas páginas.

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La siembra y la cosecha

Las ideas que intento pasar en estas páginas demuestran que todos nosotros estamos sujetos a un mecanismo de Causa y Efecto, sustentado por Dios.

Preguntará usted:

¿Qué es eso?

Es fácil entender. Causa y Efecto es un principio según el cual toda acción tiene una reacción correspondiente.

Lanza una pelota a la pared. Ella golpea y vuelve para mí.

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Mientras hay tiempo

Pensé mucho antes de escribir este capítulo. No quiero que usted vea este libro como una tontería de personas pesadas, que vive poniendo manías en la cabeza. Gente que deja de hacer las cosas buenas de la vida y molesta a las otros con sus ideas.

Escribí teniendo en vista algunas consideraciones:

Consideré que usted tiene todo el derecho de tirar este libro a la basura, en cualquier momento, sin ninguna obligación de colocar en práctica lo que lee.

Considere que no soy dueño de la verdad ni pretendo imponer nada.

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Golpeando cabeza

No sé si usted conoce la historia de aquel hombre que hizo varios crímenes y acabó siendo preso y condenado. Inconformado, todos los días él mueve la cabeza en las rejas gritando que no podían hacer aquello con él. Dios está siendo injusto. No merecía aquel castigo.

Varias veces estuvo internado en la enfermería con heridas en la cabeza. Con el tiempo, de tanto golpearse la coronilla en las rejas paso a sufrir de un dolor de cabeza que lo atormentaba. El mal se fue agravando a medida que continuaba cabeceando, inconformado por las rejas que lo prendían. Al final, se rompió una arteria en el cerebro, sufrió un derrame y murió.

Los compañeros comentaron:

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Locura

Hace muchos años que hablo con los Espíritus, las almas de los muertos.

Dirá usted:

Este está loco.

Engaño suyo.

No se trata de alucinación de un enfermo mental, no, amigo mío. Hablo mismamente con los Espíritus, en las reuniones mediúmnicas. Eso está probado en investigaciones científicas con personas que poseen gran sensibilidad. Son conocidos como médiums.

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