Agujeros en el paraguas

No hay necesidad de largas disertaciones en torno a la pregunta número 469. Tenemos la definición de lo que es la practica del bien en las enseñanzas de Jesús.

Bellos como la Poesía.
Profundos como la Verdad.
Sublimes como la Vida.

Se sintetizan admirablemente en el capítulo séptimo, versículo doce, de las anotaciones del evangelista Mateo: “Todo lo que queráis que los hombres os hagan, hacedlo así también a ellos.”

No hay en que equivocarse, ninguna posibilidad de engaño. Para ejercitar el bien basta que nos coloquemos en el lugar de aquellos que están delante de nosotros, sea el familiar, el amigo, el colega de trabajo, el enfermo, el afligido, el desajustado, el infeliz, el desesperado, y nos preguntamos con la sinceridad de los que son honestos consigo mismos: Seguir leyendo “Agujeros en el paraguas”

La barrera de la superstición

Estaba enfrentado con problemas complejos que lo afligían desde hacía meses. Males físicos de causa desconocida; perturbadora angustia, persistente irritabilidad.

Cediendo a insistentes llamadas de los familiares decidió buscar un Centro Espirita. Compareció desconfiado. No le agradaba la idea de lidiar con Espíritus. Tenia horror de cualquier contacto con lo “sobrenatural”.

El entrevistador, vinculado al servicio de atendimiento fraterno, conversó largamente con él. Escuchó sus quejas. Evaluó su condición psíquica y concluyó que estaba bajo la influencia de una obsesión.

Le habló sobre el tema. El consultante se sobresaltó:

– ¿Un Espíritu me persigue? Seguir leyendo “La barrera de la superstición”

La difícil metamorfosis

El dictado popular “El hombre propone y Dios dispone”, puede ser aplicado a penosos procesos obsesivos, sustentados por reciproca animosidad. Aunque los obstinados adversarios pretendan locamente continuar agrediéndose unos a los otros, tales venganzas son contrarios a los principios de armonía que sustentan el Universo.

El odio es la negación del Amor, ley suprema de Dios. Inevitablemente, siempre llega el momento de cambiar.

Las bendiciones del tiempo acaban por agotar la hiel de sus corazones. Exhaustos de tantos rencores sedientos de paz, derrotados por la indestructible centella divina que vive en sus corazones, ¡son hijos de Dios! los “duelistas” acaban por desear ardientemente una tregua, una posibilidad de renovar sus caminos. Y un día, después de largo sueño, he aquí reencarnados en las experiencias en común, unidos ahora por lazos de consanguinidad.

Ayer enemigos, hoy hermanos. Seguir leyendo “La difícil metamorfosis”

La virtud que faltó

Allí hay casos gravísimos de subyugación en que el obsediado parece poseído por mil demonios, según la creencia popular.

Agitado al extremo demanda severas medidas de contención, como la camisa de fuerza y altas dosis de tranquilizantes.

Tales uniones generalmente se originan de sombríos dramas pasionales, de inenarrables tragedias, ocurridas en el pasado distante o cercano, en existencias anteriores o en la actual. Casi siempre el infeliz que hoy se debate ante la furiosa agresión espiritual es alguien que ayer traicionó, ofendió, arruinó, mató, inspirado en propósitos menos dignos.

El agresor de hoy es aquel que fue traicionado, ofendido, arruinado, muerto y que, deseando hacer justicia con las propias manos, pretende someter al desafecto a sufrimientos mil veces acentuados.

Victima de ayer, verdugo de hoy. Seguir leyendo “La virtud que faltó”

Dónde el Espiritismo comenzó

– ¿Entonces, doctor, encontró algo?

Era el cuarto médico que buscaba, desde que su hijo de cinco años comenzó a sufrir agitados desmayos. El chico se agitaba y se encolerizaba, aterrando a familiares. Diagnostico unánime: epilepsia, un disturbio intermitente de la función encefálica que puede provocar variadas reacciones, como desmayo, pérdida de consciencia, cansancio, dificultad de raciocinio o, como ocurre frecuentemente, las convulsiones.

– No llegamos a ninguna conclusión. El electroencefalograma registra una pequeña disritmia, pero insuficiente para justificar el mal. La tomografía no vio ninguna lesión o masa tumoral.

Físicamente él está bien, como confirman las pruebas de laboratorio. Seguir leyendo “Dónde el Espiritismo comenzó”

Recomendación necesaria

En el trabajo de atendimiento fraterno del Centro Espirita, delante del padre ansioso, explica con convicción el entrevistador:

– Las convulsiones de su hijo tienen origen espiritual, fruto de una subyugación. Un Espíritu se acerca a él y lo envuelve en vibraciones deletéreas, disparando la crisis.

– ¿Por qué esa agresión?

– Probablemente se trata de una venganza.

– No lo entiendo. El niño tiene cinco años, ¿Qué mal podría hacer?

– Somos todos Espíritus eternos. Ya hemos vivido muchas experiencias en la Tierra. No sabemos la naturaleza de los compromisos del niño ni de su envolvimiento con el desafecto que lo persigue. Seguir leyendo “Recomendación necesaria”

¿Por qué no reaccionan?

La subyugación es la forma más penosa de asedio espiritual. En la obsesión simple el individuo es perturbado por ideas infelices.

En la fascinación lo vemos convencido de ellas.

En la subyugación poco importa lo que piensa.

El obsesor controla sus movimientos.

Sobreponiéndose a sus reacciones, le impone gemidos, gritos, estertores, agonías, desmayos y desvaríos absolutamente incontrolables.

Animado por mórbidos propósitos y perseguidor invisible, tanto más se complace cuanto mayor sea la degradación que consigue someter a la víctima, llevándola, no es raro, a precipitarse en la soledad de cubículos destinados a inquietos y agresivos enfermos mentales. Seguir leyendo “¿Por qué no reaccionan?”

Posesión demoníaca

Definiendo el tercer tipo de obsesión en “El libro de los Médiums”, dice Kardec; “La subyugación es una restricción que paraliza la voluntad del que la sufre y le hace obrar a pesar suyo.” En una palabra: el paciente está bajo un verdadero yugo.

Y explica:

“La subyugación puede ser moral o corporal. En el primer caso, el subyugado es solicitado a tomar determinaciones muchas veces absurdas y comprometidas, que por una especie de ilusión las cree sensatas; es una especie de fascinación. En el segundo caso el Espíritu obra sobre los órganos materiales y provoca los movimientos involuntarios.”

Más adelante, destaca el Codificador: Seguir leyendo “Posesión demoníaca”

A costa de las propias lágrimas

Bondadoso Lupercio – reclamaba Eulalia al mentor espiritual en una reunión mediúmnica – ¿por qué esa enfermedad insidiosa que obliga a mi hijo estar en la cama desde hace más de cinco años?

– Es su karma, una expiación programada por la Justicia Divina.

– ¿No sería más fácil pagar sus deudas disfrutando de la plenitud de movimientos, participando en trabajos asistenciales en el Centro?

– El problema es que, envuelto en un proceso de fascinación, él, más allá de comprometerse en el crimen, desarrolló tendencias viciosas que fatalmente resurgirán si experimenta libertad de movimiento. La prisión en la cama es un precioso recurso educativo en su beneficio. Seguir leyendo “A costa de las propias lágrimas”

Gozadores del Más Allá

Fue el punto culminante, en la exposición moderna. Un concurso de esculturas. Muchos candidatos. Aficionados y profesionales disputando el codiciado premio. Decenas de creaciones artísticas fueron sometidas a respetables críticos que, después de una demorada apreciación, eligieron la vencedora. Con un metro de altura, monolítica, formas arredondeadas, con reentradas y bajos relieves, era literalmente impenetrable para los no entendidos.

Nunca sabrían lo que pretendía el autor. En que ignoto socavón de la memoria buscó inspiración para aquella “cosa”. Pero agradó a los entendidos, que aplaudieron la ligereza del conjunto y la forma decorativa.

En la ceremonia para la entrega de trofeos, convocado el autor, este informó:

– Soy solo representante del escultor. Mejor dicho, de la escultora. No fue posible inscribir el trabajo en su nombre. La regulación no lo permite. Seguir leyendo “Gozadores del Más Allá”

A la moda de la casa

Encontramos frecuentemente la fascinación en las reuniones mediúmnicas, donde es ejercitado el intercambio con el Más Allá. Inteligentes obsesores, encontrando médiums receptivos a su influencia, hacen de ellos instrumentos para sembrar la confusión. No es raro que estos mistificadores usurpen el nombre de personalidades ilustres, a fin de más fácilmente alcanzar sus objetivos.

Médium ideal para ellos: el personalista. Elogiando su vanidad fácilmente lo seducen.

A titulo de curiosidad literaria, tengo en mi biblioteca un libro psicografiado, atribuido a Allan Kardec.

El más ligero examen revela tratarse de una obra apócrifa, dictada por un mistificador que envolvió al médium y a aquellos que lo asistían. Las ideas allí presentadas están lejos de expresar la lucidez, claridad y objetividad del codificador de la Doctrina Espirita. Seguir leyendo “A la moda de la casa”

La inteligencia fascinada

Un análisis superficial podrá sugerir la idea de que la fascinación alcanza solo las personas destituidas de inteligencia, suficientemente ingenuas para asimilar las fantasías sugeridas por los obsesores.

Kardec explica, en “El libro de los Médiums”, que no es así:

“Sería un error creer que este genero de obsesión solo están sujetos a las personas sencillas, ignorantes y faltas de sentido común. De ella no se encuentran exentos ni los hombres de más espíritu, los más instruidos y los más inteligentes sobre otros aspectos, lo que prueba que tal situación es efecto de una causa extraña, cuya influencia ellos sufren.”

Encontramos ejemplos en todos los sectores de la actividad humana. Hombres cultos y sensibles, dotados de respetable agudeza mental, pero envueltos en perturbadores procesos obsesivos. Se sitúan como médiums de las sombras, fascinados por extravagantes ideas que, encontrando receptividad en las mentes distraídas del Bien, generan perturbadores movimientos sociales, en siembras de desequilibrio, sufrimiento y muerte. Seguir leyendo “La inteligencia fascinada”

El ciego que no quiere ver

El lector ciertamente tendrá algunas dudas en relación a los problemas generados por la mujer que perseguía al joven servidor espirita:

¿Dónde estaban los protectores espirituales del Centro y de ella misma, que permitieron semejante acontecimiento?

¿Por qué no promovieron alejar a los Espíritus obsesores?

¿No puede el Bien siempre más?

Para que podamos responder satisfactoriamente es preciso considerar algo fundamental: La fascinación no es unilateral. La obsediada no fue víctima de un asalto. Simplemente se rindió a las ideas que le eran sugeridas. Seguir leyendo “El ciego que no quiere ver”

La asistida insistente

Era un joven trabajador de la siembra espirita a quien llamaremos Ricardo. Soltero, dedicaba sus horas al trabajo asistencial y a las reuniones doctrinarias. Integrado en uno de los grupos de visita, comparecía en un barrio humilde, atendiendo a familias pobres. De entre ellas una sufridora madre de varios hijos, que enfrentaba serios problemas con el marido alcohólico.

Encaminada al Centro, frecuentaba reuniones en que Ricardo leía y comentaba libros espiritas. Era admirable la asiduidad y el interés de ella, aunque notoriamente no estuviese asimilando casi nada, frente a sus pocas letras.

En el retorno al hogar, en compañía de su madre, Ricardo era invariablemente buscado por la asistida, que le pedía explicaciones sobre el estudio de la noche. Acababa siguiendo con ellos hasta las cercanías del lugar donde cogía al autobús. Aquella insistencia comenzó a incomodar a Ricardo. Peor: estaba preocupado. Ella parecía ver en él algo más que un simple servidor de la casa espirita. Seguir leyendo “La asistida insistente”

Terreno fértil

Cuando obsesores de sagaz inteligencia pretenden apartar lideres religiosos de sus tareas, nunca descartan la fascinación afectiva, explotando sus tendencias.

En el medio espirita vemos respetables jefes de familia, con responsabilidad en la dirección de instituciones, involucrándose en perturbadoras experiencias pasionales patrocinadas por agentes de las sombras.

Desertan de compromisos conyugales y espirituales creyendo atender al glorioso llamamiento del amor, al lado de “almas gemelas”. Aprenden a costa de penosas frustraciones que el amor legítimo nunca comete el desatino de sobreponerse al deber.

Cuando no encuentran receptividad en aquellos que pretenden desviar, los obsesores les imponen problemas involucrando gente cercana. Ejemplo destacado en este sentido ocurrió con el apóstol Pablo, narrado por el Espíritu Emmanuel, en el libro “Pablo y Esteban”, psicografía de Francisco Cándido Xavier. Seguir leyendo “Terreno fértil”

Navegación de entradas

1 2 3 4 26 27 28
Volver arriba