Los campos de Dios

Orientados por Miller y Moore, los prisioneros iniciaron la gloriosa búsqueda que transformaría aquellos campos del Infierno en Campos de Dios.

Se formaron pequeños grupos que, reuniéndose a la noche, estudiaban como mejorar la vida en el campamento.

Comenzaron con una docena de hombres. En poco tiempo eran decenas. Más tarde centenas. En esas reuniones los participantes aprendían la primera lección, la más importante:

No basta hablar. Es necesario acción.

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Los campos del infierno

Usted, lector paciente que fue capaz de acompañarme hasta aquí, tal vez esté pensando:

Ese tío no sabe nada, habla del perdón, trabajo, fraternidad, oración, sin tener noción de lo que es nuestra vida aquí, de las miserias que enfrentamos, del infierno que vivimos.

Si, después de haber leído todo lo que escribí, usted aun piensa así, le pido perdonar mi incompetencia. No fui capaz de transmitir algunas ideas que le darían mayor tranquilidad mejorando su vida en la prisión. Pero debo decirle que, si usted se juzga en una situación muy difícil, en que no hay lugar para la esperanza, conozca la historia de un grupo de personas que vivieron una experiencia mucho peor, en un verdadero infierno, y consiguieron sobrevivir, más que eso: Consiguieron conservar su integridad como seres humanos. Esas personas no poseían todo el conocimiento que busqué transmitir en estas páginas, pero sabían lo más importante, como usted verá en las próximas páginas.

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La siembra y la cosecha

Las ideas que intento pasar en estas páginas demuestran que todos nosotros estamos sujetos a un mecanismo de Causa y Efecto, sustentado por Dios.

Preguntará usted:

¿Qué es eso?

Es fácil entender. Causa y Efecto es un principio según el cual toda acción tiene una reacción correspondiente.

Lanza una pelota a la pared. Ella golpea y vuelve para mí.

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Mientras hay tiempo

Pensé mucho antes de escribir este capítulo. No quiero que usted vea este libro como una tontería de personas pesadas, que vive poniendo manías en la cabeza. Gente que deja de hacer las cosas buenas de la vida y molesta a las otros con sus ideas.

Escribí teniendo en vista algunas consideraciones:

Consideré que usted tiene todo el derecho de tirar este libro a la basura, en cualquier momento, sin ninguna obligación de colocar en práctica lo que lee.

Considere que no soy dueño de la verdad ni pretendo imponer nada.

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Golpeando cabeza

No sé si usted conoce la historia de aquel hombre que hizo varios crímenes y acabó siendo preso y condenado. Inconformado, todos los días él mueve la cabeza en las rejas gritando que no podían hacer aquello con él. Dios está siendo injusto. No merecía aquel castigo.

Varias veces estuvo internado en la enfermería con heridas en la cabeza. Con el tiempo, de tanto golpearse la coronilla en las rejas paso a sufrir de un dolor de cabeza que lo atormentaba. El mal se fue agravando a medida que continuaba cabeceando, inconformado por las rejas que lo prendían. Al final, se rompió una arteria en el cerebro, sufrió un derrame y murió.

Los compañeros comentaron:

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Locura

Hace muchos años que hablo con los Espíritus, las almas de los muertos.

Dirá usted:

Este está loco.

Engaño suyo.

No se trata de alucinación de un enfermo mental, no, amigo mío. Hablo mismamente con los Espíritus, en las reuniones mediúmnicas. Eso está probado en investigaciones científicas con personas que poseen gran sensibilidad. Son conocidos como médiums.

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Triste bobo

Imaginemos que usted tiene una gran propiedad rural. Cierto día dos hombres le buscan.

Alegando que están en dificultades, piden ayuda. Uno de aquellos hombres es su empleado y cumple sus deberes con mucha dedicación. Pregunto:

¿Cuál de los dos usted dará más atención? Ciertamente aquel que le sirve, que le ayuda a mantener en orden su hacienda, que se esfuerza en hacerla producir.

Imaginemos ahora que el Mundo es una inmensa hacienda. El propietario es Dios. Mucho más que un patrón, Dios es nuestro padre, siempre dispuesto a atendernos cuando lo buscamos.

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El mundo en sus manos

En el esfuerzo por mantenerse ocupado, hay algo muy importante:

No deje pasar un solo día sin el esfuerzo de aprender.

Nuestra mente, si así lo puedo decir, tiene propiedades elásticas. Cuantas más cosas echamos dentro de ella, más crece, más poderosa es, más capaz. Y cuanto más aprendemos, mejor comprendemos la vida, más equilibrados somos, más felices vivimos.

Sócrates, que fue un gran sabio de la Antigüedad, decía:

Solo hay un mal – la ignorancia.

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