La ciencia de la oración

La oración es una ciencia divina, que todos podemos comprender. Ella viene de tiempos remotos, venciendo el tiempo y escalando espacios.

Muchas cosas son olvidadas por los hombres, entretanto, la oración permanece. Ella nos ayuda en las horas difíciles, a soportar y superar las dificultades. Ella asiste a nuestra llegada a la Tierra y, también, a nuestra partida. Tanto los desencarnados como los que viven en el mundo de las formas la usan como suplica o agradecimiento, pues ella atiende a los dos planos de vida.

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Exaltación al Cristo

Pensando en Jesús, recordamos rápidamente de un astro brillante, que descendió a la Tierra, renunciando a la más alta expresión de felicidad, como comandante y jefe de los ángeles, para ayudar a convivir unos con los otros.

¿Sabéis cuál era la fuerza que lo inspiró para descender de plano en plano y llegar hasta nosotros? Fue la fuerza del Amor.

Nuestra gratitud con ese Sol que nos calienta debe ser sin límites. Su manifestación en el planeta fue como un esfuerzo colectivo de los ángeles, abriendo camino en las tinieblas para que la luz besase el áspero suelo del mundo.

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Conversando

La palabra constituye un poderoso medio de ayudar a los otros, pero, cuando es desajustada, crea muchísimos problemas en todos los frentes donde deseamos avanzar.

Cuidar de la palabra es vigilar nuestros propios valores, para que no pierdan la oportunidad de servir con Aquel que es el Camino, la Verdad y la Vida.

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Plantío

Nuestra vida es un eterno plantío; la conciencia, la labranza inmensa, donde las semillas son depositadas como todas nuestras acciones.

Debemos ordenar nuestros sentimientos todos los días, examinarlos, antes que ellos se tornen palabras y actos porque, como nada se pierde, todo crece y se agiganta delante de su propio creador y pasa a convivir con él.

Trabajemos escogiendo aquello que vamos a sembrar, principalmente cuando el plantío sea en la mente ajena.

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Las flores

Las flores son la sonrisa de la naturaleza, mostrando la grandeza de Dios, por la ciencia divina.

Procurad analizar una flor, en su más alta expresión, que lo bello os encantará los sentimientos y por estos, en la sensibilidad que es peculiar a vuestro estado, pasareis a percibir el amor del Creador, manifestándose, por las plantas.

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Visita a los enfermos

Cuando el amor comienza a despertar en el corazón de la criatura, los días se tornan pequeños en las obligaciones que el deber le trae, porque sustenta el alma en todas sus luchas, con el néctar de la vida.

Quien ama se compadece de los que sufren, ayuda a los enfermos a que crean en la esperanza y hace sonreír al angustiado; ampara a los niños, ayuda a los mayores, visita a los encarcelados y estimula a quien simpatiza con el bien de la colectividad. Nunca se olvida de los que se encuentran en las camas de los hospitales, a veces con enfermedades incurables.

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Las hierbas y el hombre

No podemos hablar del hombre saludable sin acordarnos de las hierbas, colaboradores naturales en la manutención de la vida en la Tierra, cuyo energismo es de conocido valor para el equilibrio orgánico e incluso psíquico, cuando ellos están carentes de vigor.

El mundo celular del ser humano llega al número astronómico de trillones de vidas minúsculas, pues la citología moderna las comprende como tales. Es, pues fascinante estudiar y comprender como se procesa el metabolismo de la suma, los cambios moleculares, porque y para que cambian, en la urgencia de asegurar la armonía del todo.

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El mar y la vida

El mar es un remanso fecundo donde Dios sembró la vida en variadas dimensiones. Sabia el Señor que de allí irían a salir las diversificaciones de todos los cuerpos, sirviendo, así, de instrumentos para una gama inmensurable de almas, en el reino del espíritu.

Moisés nos dice que el espíritu de Dios flotaba sobre las aguas, en la formación de la casa terrestre. En el periodo de transición de la Tierra, llovió años intensamente, descargando así la presión atmosférica y uniendo las energías divinas con los elementos materiales, para que pudiese formarse la cuna del principio de la vida, en la floración del planeta.

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Buscar la perfección

La perfección es la belleza que aparece en aquello que hacemos con el interés de hacer lo mejor.

Debemos buscar la perfección en todo lo que hacemos, en todo lo que hablamos o escribimos. Ella comienza en un simple acto de nuestra vida y resplandece en la gloria del alma que consiguió alcanzar la plenitud del amor. Por la mala voluntad de nuestras deficiencias, es de buen albedrío que pensemos en la perfección todos los días, iniciando en los primeros cumplimientos dentro de casa, hasta las mayores decisiones que tengamos que tomar en nuestras obligaciones diarias.

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No os olvidéis del prójimo

No seáis obstinados en el egoísmo. El egoísmo hace sufrir, con reflejos en el cuerpo físico, que padece con la concentración de elementos corrosivos.

El prójimo, que Jesús tanto amaba, precisa de vosotros, tanto como precisáis de él. Ese intercambio es la vida de todos nosotros, uniéndonos con la vida de Dios.

No os olvidéis del prójimo a despecho de vuestras obligaciones, porque cuando no intentamos amar a alguien, inventamos disculpas de toda orden y nos distanciamos de mil maneras y a través de varios disfraces.

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Meditad sobre Dios

Dios debe ser el tema central de todas nuestras meditaciones. Para conocer al Arquitecto Divino con más profundidad, es preciso que usemos los poderes del espíritu, en la secuencia del amor y en la extensión progresiva de la ciencia.

Dios está siempre en el mismo lugar. Nunca se aparta de nadie. Nosotros nos distanciamos de Él, en las coyunturas de nuestros haceres, Dios está por tanto fuera, como dentro de nosotros, por medios que, a veces, desconocemos, en una vibración continua de amor y de saber.

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