Recomienzo- Esperanza

Aquí en el mundo espiritual me convertí en un dedicado estudiante del Evangelio. Ya lo fuera también en un pasado distante, cuando fui obispo en el siglo XVI, pero en esa época me movían otros intereses. Usé mi saber para enriquecerme y dominar la ciudad, donde vivía llevando una vida ociosa. Tuve el don de la oratoria, pero mi corazón era indiferente a Jesús. Ahora es diferente. La presencia de Jesús se hizo perceptible a mis sentidos por medio de todos los que me rodean. Por esa misericordia y compasión de ellos fui estimulado a recomenzar.

Las palabras de Jesús otrora grabadas sólo en mi mente ya penetran mi corazón. Inicio la gran caminata rumbo a la luz. No me engaño con que será fácil. Seguir leyendo “Recomienzo- Esperanza”

En el hospital Espiritual

Desperté en un amplio salón, con poca luz y, en el mismo momento, se me aproximó una señora que parecía enfermera y me dice:

– ¿Cómo te sientes, hijo? ¿Estás mejor?

-No sé. Estoy atontado y cansado, siento náuseas y ganas de vomitar.

Ella rápidamente colocó un recipiente delante de mí. Me asusté del contenido que salía de mi estómago. Eliminaba grandes masas compactas semejantes a órganos que parecían ser riñones o enormes coágulos. Era una visión aterradora. Seguir leyendo “En el hospital Espiritual”

Primer contacto con Espíritus elevados

Quedé pensativo intentando encontrar una explicación plausible para lo que había escuchado y ocupaba mi mente.

Hice el esfuerzo de imaginar cómo serían los otros lugares que existen. ¿Por qué nosotros éramos sombras oscuras y los visitantes parecían hechos de luz?

Una nueva idea comenzó a rondar mi mente: las ganas de experimentar un viaje con ellos. A fin de cuentas, quien no quería quedarse allí era libre para volver a la plaza.

Resolví que “me dejaría apresar” en la próxima oportunidad. Y así, permanecí lo más próximo posible de los “gorilas” y, para mi sorpresa, ellos se me aproximaron con afabilidad. Con nobleza de sentimientos y con un timbre de voz, que transmitía paz y bondad, jamás escuchado por mis oídos, me dijeron que si yo lo deseaba podía acompañarlos. Seguir leyendo “Primer contacto con Espíritus elevados”

Mi rescate

De cuando en cuando se veía en la plaza un movimiento diferente y mis compañeros huían despavoridos.

Durante mucho tiempo no supe el porqué, hasta el día en que resolví quedarme para ver lo que pasaba.

Algunas criaturas vestidas como policías y enfermeros, acompañados de auxiliares corpulentos, llegaban del plano espiritual en un vehículo extraño que asocié con una ambulancia. Su presencia hacía que los espíritus viciados como yo corriesen como locos de la luz que irradiaban los visitantes.

Teníamos conciencia de nuestra participación en la seducción de jóvenes y por eso nos sentíamos como criminales y con temor a ir presos. Seguir leyendo “Mi rescate”

Mi suicidio

Ya era noche avanzada cuando comencé a repensar mi vida. Todas las imágenes negativas estaban asociadas a la figura de mis padres.

La casa tenía un aspecto deplorable, pero yo no estaba dispuesto a limpiarla. No disponía ni de energía ni voluntad para eso. Mi inercia era absoluta. Mientras ellos habían estado fuera yo me sentía libre, pero ahora iban a volver y mi “paz” acabaría.

Las peleas y discusiones volverían a ser la pauta del día, y esto no lo soportaría. Tuve miedo y ganas de huir de casa. Hubiera querido vivir en la calle, pero inmediatamente el buen sentido me advirtió que no sobreviviría al frío. Decidí entonces mejor morir en casa, así, además de acabar con todo, aun haría sufrir a mis padres y sentir en la carne todo el dolor que me habían infligido. Seguir leyendo “Mi suicidio”

Desesperación

Me desesperaba ante la vuelta inminente de mis padres. Me daba cuenta de que la casa estaba en total desorden y, más que eso, de que cada rincón estaba inmundo.

No tenía ganas de volver a verlos. Sabía que se enfurecerían con lo que verían. Y me consolaba con el pensamiento: si limpio todo no se darán cuenta de nada.

En tanto miraba el desorden y no tenía ánimo para hacer nada. Era como si una potente energía anulase mis impulsos positivos y una inercia enfermiza se instalase progresivamente en mí. Solamente más tarde llegaría a comprender lo que me sucedía. Seguir leyendo “Desesperación”

El abismo

Ellos se fueron y me sentí aliviado de estar solo. Invité a mis nuevos amigos y aprovechamos el departamento para hacer una fiesta en la que me bauticé en la jeringa. Nos sentamos todos en círculo. Con una única jeringa cada uno se inyectó en las venas un poco del líquido blanquecino, al que yo ya no le temía. Me había vuelto una persona indiferente y vacía de sentimientos. Sólo me importaba el momento presente.

El día después de la fiesta desperté con mucho frio, temblando, me sentía débil. Me levanté, comí algo, pero el temblor persistía. Tomé un poco de whisky sintiéndome mejor enseguida. Mi organismo estaba debilitado. Me alimentaba mal y pasaba muy malas noches. Seguir leyendo “El abismo”

Las consecuencias

En menos de un mes yo ya había asimilado gradualmente la apariencia de mi nuevo compañero. Modifiqué mis hábitos. Nunca más me corté el pelo. Rechacé a la sociedad con sus costumbres, y hasta a los chicos de mi edad a quienes comencé a mirar con desprecio. De noche salía regularmente con Weber.

Cuando mis padres llegaban yo ya no estaba. Al principio ellos me preguntaban adónde iba. Había peleas constantes. A pesar de eso yo llegaba cada vez más tarde. Y ellos, desilusionados, vencidos incluso antes de luchar, se desconectaron totalmente de mí considerando que yo ya no tenía remedio. Seguir leyendo “Las consecuencias”

Victima de la ilusión

Aquel diálogo con mi amigo me dejó realmente impresionado. ¡Qué inteligente era! ¡Qué personalidad! Él sí que sabía de las cosas.

Comencé a conversar más con él y después de pocos días yo tragaba el humo de mi primer cigarrillo. Con orgullo lo sostenía entre mis dedos sintiéndome dueño de mí mismo. Hombre.

Esto ocurrió en 1975, yo vivía en Zürich, Suiza.

Pocos meses después fui presentado a la pandilla de Weber y participé en un bautismo bastante original. Nos sentamos en círculo en el suelo y del uno al otro nos fuimos pasando un canutito de papel que debía ser tapado abajo con el dedo para no dejar caer el polvo. Seguir leyendo “Victima de la ilusión”

La trampa

Los días se sucedían.

Al despertar yo comía cualquier cosa que encontraba en la cocina, y me iba para el colegio sin saber bien lo que iría a hacer allí. Casi siempre llegaba tarde y no participaba en nada.
Debido a mi mal comportamiento me llevaron a la psicóloga del colegio quien entró en contacto con mis padres. Ellos se enfadaron aún más conmigo. ¿Cómo explicar el vacío que había en mi alma, el desaliento de mis pensamientos?

Cierto día me acordé del compañero de pelo pintado que vivía aislado en el colegio y que tal vez tuviese problemas semejantes a los míos. Recordé que había dicho que conocía la felicidad, cosa que yo hasta entonces desconocía. Lo busqué en el colegio y lo abordé: Seguir leyendo “La trampa”

Adolescencia

A medida que crecí mis sentimientos hacia mis padres se transformaron. Comencé a odiarlos.

A los 14 años emperecé a responder a sus acusaciones. Las peleas se volvieron constantes. Y entonces yo huía a la calle para tener paz.

Un día me encontré con un tipo de la escuela que siempre me llamaba la atención por el modo extraño con que vestía, por sus cabellos teñidos y erizados a la moda punk.

Era muy raro. Hablaba poco y andaba solo por la escuela.

Lo saludé, preguntando: Seguir leyendo “Adolescencia”

Pubertad

¿Ah, cómo podía yo ser tan ingrato y amargarles la vida? ¡Cómo podía hacer yo eso a mis padres a los que tanto amaba!

Empecé a considerarme un fracasado. La tristeza consumía mi alma y tenía ganas de morir para acabar de una vez con la infelicidad de todos. Hacía los deberes con enorme dificultad y mis resultados en la escuela eran pésimos. No dormía bien porque me quedaba pensando cómo era posible que hubiese alguien así de tan poco valor como yo. ¿Por qué no conseguía hacer que mis padres sintieran orgullo de mí?

Fui de mal en peor. Y, callado, me consumía en pensamientos negativos. Seguir leyendo “Pubertad”

Mi renacimiento

Yo ya estaba listo para regresar a la vida en la Tierra y veía a mis padres que se preguntaban:

– ¿Convendrá tener un hijo? ¿No se perjudicará nuestro trabajo? ¿No aumentarán demasiado los gastos?

Diariamente tejían este tipo de consideraciones y no se decidían. Yo estaba acompañado por algunos amigos espirituales que siempre inspiraban en mis padres el deseo de tener un hijo, que sería yo.

Un día, finalmente, ellos me aceptaron y adquirieron para mí todo lo que habían soñado para su bebé: copitas, carrito y mil y un pertrechos. Seguir leyendo “Mi renacimiento”

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