Madre Adoptiva

La mente repasa los acontecimientos felices de nuestra vida, y envuelto en ternura la memoria de nuestra convivencia.

Esta mujer extraordinaria, de quien me acuerdo, hizo todo cuanto el amor podría lograr, a fin de ampararme, ocultando mi procedencia oscura y anónima.

Me rodeó de cariño y me protegió, para que nada me afectase. Seguir leyendo “Madre Adoptiva”

Jesús y la avaricia

La enorme masa humana, en sus necesidades, hace recordar en cierto modo, a las sucesivas olas del mar. Unas a se superponen en continuo afán, para confundirse en las arenas inmensas de las amplias playas que se dejan acariciar. De la misma manera, Jesús se asemejaba a un océano de infinito amor, cuya ternura se expande en constantes oleadas de afecto, envolviendo a las criaturas humanas que Lo buscaban. De ese modo, dos océanos se confundían en un mismo infinito: la misericordia del Señor y las ansiedades de las masas en sufrimiento. Por donde pasaba, las aflicciones corrían tras Él, teniendo la certeza de que serían atendidas. Seguir leyendo “Jesús y la avaricia”

Los sufrimientos y Jesús

En el proceso de la evolución, el sufrimiento se destaca, adquiriendo preponderancia ante las constricciones y el esfuerzo que impone para ser superado. Predominando en la Tierra, es aún un recurso del que se valen las Leyes de la Vida para frenar la alucinación humana, fortalecer el ánimo, mejorar las aristas morales y trabajar los metales de las imperfecciones que prevalecen en la naturaleza animal de los seres.

Si se siguieran las instrucciones del Amor y no hubiera deserciones, no surgirían compromisos negativos, y por lo tanto, no sucederían abusos generadores de mecanismos de depuración por medio del dolor. Seguir leyendo “Los sufrimientos y Jesús”

Canto de esperanza

Los labios que enseñan la verdad y educan a través del ejemplo y del amor son más nobles que aquellos que apenas murmuran.

Las manos que socorren a los que sufren y a los que se encuentran necesitados, se transforman en alas que vuelan en la dirección del futuro, tornando el mundo mejor, son más santas que aquellas que solo bendicen con gestos. Seguir leyendo “Canto de esperanza”

Jesús

“Y cuando yo sea elevado de la tierra, a todos atraeré hacia mí.” — Juan 12:32.

Mientras fulguraban en oro los rayos del astro rey, bañando la Naturaleza de incomparable fiesta de luz, fueron pronunciadas las últimas palabras, dichas las instrucciones finales y significativas, y delineados los rumbos a seguir para el cumplimiento de las tareas futuras. Nimbado por una indefinible claridad, Él ascendió lentamente, ante las lágrimas de los compañeros y las esperanzas de redención por el trabajo del porvenir. Seguir leyendo “Jesús”

Id, y conquistar la Tierra

La añoranza persistía, como un aire misterioso, en todas partes. (*)

En la Galilea, todo era evocaciones: el escenario del mar rumoroso y pródigo, inmenso y abundante en peces, que Él tanto amara; las ciudades ribereñas, adornadas con cercas floridas y enormes pomares; ¡las mesetas coronadas de trigo, que Le inspiraron las inconfundibles parábolas…! ¡Todo en la romántica Región de las almas simples del pueblo, estaba marcado por el sello de Su mansedumbre! Los mismos montes, serenos y cansados de permanecer bajo los vientos, el sol y las lluvias, parecían recordarlo. Seguir leyendo “Id, y conquistar la Tierra”

La rediviva de Magdala

La emoción, se desbordaba en lágrimas, mientras que, sentada a la entrada del sepulcro abierto en la roca, conjeturaba; ¿qué había sucedido? ¿hacia dónde lo habían llevado y por qué lo trasladaron de aquellos sitios, en el silencio de la noche? (*)

La inquietud, que asumía proporciones de desesperación, la iba dominando lentamente. El sol matizaba las nubes grisáceas y el viento frío sacudía las pocas anémonas y escasas rosas que había entre los arbustos.

En su mente resonaban las voces de los mancebos de blancas vestimentas que le dijeron: “No tengas miedo, porque sabemos que buscas a Jesús, que fue crucificado. Él no está aquí, porque ya resucitó…” Seguir leyendo “La rediviva de Magdala”

La familia de Betania

Cercada por inmensos campos de cebada, pequeños bosques de olivos e higueras que ofrecían sombra al camino de Jericó, que serpeaba junto a las murallas, Betania quedaba a una hora de Jerusalén. (*)

Desde la Puerta Dorada, la carretera de Jericó llegaba al Cedrón y bordeaba el Monte de los Olivos, antes de proseguir hacia Betfage.

El escenario de Betania difería notablemente de la opulencia barullenta de la ciudad de los profetas. A pesar de las tormentas eléctricas de Mareswhan (1) que caían repentinamente a semejanza del toque de las trompetas, el aire traslúcido y leve permitía, como aún hoy, la visión a distancias enormes. Seguir leyendo “La familia de Betania”

Zaqueo, el rico de humildad

Segregados, los publicanos (1) o recaudadores de impuestos, constituían la clase detestable y vivían bajo lluvias de odios y sarcasmos. (*)

El pan adquirido con el sudor de la aflicción era portador también de la aflicción de aquellos que estaban obligados al pago de las pesadas tasas, impuestas por las huestes victoriosas que dominaban a Israel.

Jericó era un gran centro de actividades comerciales y una ciudad famosa; en ella se había hospedado en el pasado Cleopatra, que se había quedado encantada con su aire suave y perfumado. Seguir leyendo “Zaqueo, el rico de humildad”

La mujer hemorroisa

El corazón marchando a ritmo acelerado, le oprimía el pecho, y el aire que aspiraba, parecía cargado de humo. Desde el día anterior, la angustia dominaba su espíritu.

La noche le pareció interminable y una expectativa incomparable la asaltó desde que supo los lamentables acontecimientos del Huerto…

A la traición de Judas, le sucedió la deserción de los amigos, la negación de Pedro, y Él, a solas, fue el instrumento del escarnio y de la arrogancia de todos, conducido a la mayor humillación por aquellos que, desde hacía mucho, ambicionaban prenderlo. Seguir leyendo “La mujer hemorroisa”

Se limpio

La felicidad se expandía bulliciosa en su alma, como si una cascada acabara de irrumpir cantando una estruendosa sinfonía (*).

Ocurrió repentinamente.

Lo vio a lo lejos, descendiendo de la montaña y la multitud con Él, Parecía nimbado de extraña luz.

A su alrededor había un halo de serena tranquilidad. Algo pasó dentro de sí. Seguir leyendo “Se limpio”

El obsesado Gadareno

El mar era un espejo levemente ondulado, reflejando las partículas de luz del sol naciente y arrojando dardos de oro. (*)

El mes de Kislev (1), portador de las tempestades, es también el mensajero de la fertilidad, conductor de los vientos perfumados y suaves.

Se oía por los alrededores ruidos atenuados, y los peñascos tristes de Gergesa o Gerasa quedaban atrás. Seguir leyendo “El obsesado Gadareno”

Embajadores de la esperanza

Betabara o “Casa de Pasaje” se encontraba en un paraje del río Jordán, donde las caravanas se detenían para pernoctar, después de atravesar el río, antes de proseguir hacia las ciudades distantes. (*)

Las noticias que llegaban hasta aquella aldea crecían y alcanzaban sitios lejanos, conducidas por los viajeros presurosos que por allí pasaban. Allí había estado predicando Juan, exhortando a la penitencia, lavando simbólicamente los pecados y “abriendo los caminos para el Señor”. Seguir leyendo “Embajadores de la esperanza”

La mujer de Samaria

Samaria ya no disfrutaba de las glorias que poseyera anteriormente, durante la época de esplendor y de crueldad de Acab y Jezabel. Destruida en el año 722 (A.C.) por Sargón II, hermano y sucesor de Salmanasar V, se habían instalado allí los asirios, pueblos exiliados de todas partes del Imperio, que se establecieron en una amalgama de razas y creencias generalizadas. (*)

Como la profunda separación que se había llevado a cabo en el año 925 (A.C.) perduraba en la época de Esdras, después de la muerte de Salomón, un sacerdote de Sión, desligado del Templo, irguió sobre el monte Garizín un fastuoso santuario, para rivalizar con el de Jerusalén. Seguir leyendo “La mujer de Samaria”

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