Despertando de nuevo XX

ocultoLEONARDO, abatido y humillado, levantó los ojos tristes y rogó:

– ¡Perdóname, Señor!…

En seguida exclamó, desalentado:

– ¿Qué será de mí? Perdí mi día, desprecié el camino para el Cielo y, sobretodo, hice el mal a mis semejantes….

En ese momento, notó que sombras espesas caían en el paisaje. No veía más los astros brillantes, ni las aguas, ni los árboles, ni los pájaros. Clavó los ojos en Jesús; entretanto, sentía también extremas dificultades para divisar al Maestro… Seguir leyendo “Despertando de nuevo XX”

El camino XIX

ocultoLEONARDO estaba perplejo. Entendía, ahora, las visitas del Maestro Invisible. Tenía el rostro bañado en lágrimas y el corazón entristecido. Pero, como no guardaba perfecta comprensión de todo, se arriesgó a considerar, aun:

-Señor, reconozco que no respeté las señales que me distes. Estaba ciego… Perdóname y ayúdame, por amor al Padre de Bondad Infinita…

Los sollozos de amargura intima lo obligaron a un pequeño intervalo. El jovencito, pues, creó fuerzas nuevas y preguntó: Seguir leyendo “El camino XIX”

Explicación del Maestro XVIII

ocultoEL MAESTRO Divino, entonces, comenzó a explicarle:

-Cuando te levantaste por la mañana, me acerqué a tu padre y te convidé al trabajo en tu propio beneficio, pero huiste, temiendo el esfuerzo a que te llamaba. Fue la primera señal.

Te acompañé y te hice sentir la súplica silenciosa de los naranjos tiernos atacados por las pobres hormigas inconscientes y esperé que tus manos me ayudasen en la obra del bien, para que el huerto de tu casa fuese enriquecido. No obstante, no aceptaste mi llamada y seguiste apresurado. Te conduje, entonces, a la vaca enferma, que muchas veces te atendió el hambre con la leche generosa, garantizando la abundancia del hogar paterno. No quisiste ayudarla, ni con una gota de agua. Seguir leyendo “Explicación del Maestro XVIII”

El reencuentro XVII

ocultoSE ESFORZABA por salir, cuando escuchó la misma voz de la noche anterior: ¡Leonardo! ¡Leonardo!

Estaba el Señor delante de él, más bello que nunca. El jovencito cayó de rodillas, pero notó que Jesús no tenía la misma alegría de antes. Parecía triste, muy triste. Mostraba en los ojos profundos y sublimes el llanto que no llegaba a caer. Y hasta la Naturaleza parecía comulgar con el Maestro, porque las aves silenciaron y las olas bulliciosas y limpias del lago inmenso se aquietaron, de manso, obedeciendo a un extraño poder. Seguir leyendo “El reencuentro XVII”

Temores XVI

ocultoPASADOS algunos minutos, comenzó a soñar nuevamente.

Se sintió ágil y feliz, fuera del cuerpo de carne, y reconoció que el mismo coche desconocido, de alas suaves como el terciopelo, lo transportaba, suavemente, para muy lejos…

Mirando desde las nubes las ciudades, los bosques y los mares, allá abajo, recordó el viaje anterior con todos los detalles. En breve, el indescriptible aparato lo dejó a la vera del mismo lago caprichoso y cristalino. Seguir leyendo “Temores XVI”

La merienda XIV

ocultoA LA SALIDA de la escuela, mostró dos grandes rebanadas de pan con manteca y queso fresco, que le sobraron de la merienda, se aproximó Orlandiño, el hijo de una lavandera pobre, que le habló, avergonzado:

-Leonardo, hoy aun no comí cosa alguna…

Tuvo miedo de quedar atrasado en las lecciones y no quiso perder la clase, aunque vino con bastante hambre…

Torcía las manos, tímido por pedir. Y porque el compañero clavó sus ojos con frialdad, prosiguió explicando: Seguir leyendo “La merienda XIV”

En la escuela XIII

ocultoDENTRO, la campana anunciaba el inicio de las clases.

El interior de la sala era agradable.

La profesora, muy cuidadosa, organizó un ambiente de alegría, como siempre, llenando el recinto con jarrones de flores.

Las carteras, limpias y bien dispuestas, convidaban a una posición respetuosa; con todo, Leonardo se mantenía distante de cualquier sentimiento de gratitud, pareciendo ciego a semejantes bienes. Seguir leyendo “En la escuela XIII”

Zé Macaco XII

ocultoAcabado la comida, bajo la mirada materna, que revelaba enorme preocupación, Leonardo tomó la cartera de libros y cuadernos, poniéndose en camino para la escuela.

El lugar de sus padres se localizaba en las inmediaciones de una gran ciudad y nuestro amigo, durante el trayecto, en un kilómetro de camino marginado de grandes árboles, iba pensando consigo mismo:

– “¿Cómo recibiré las señales del camino para el Cielo?” Seguir leyendo “Zé Macaco XII”

La comida XI

ocultoLUEGO después, entró Leonardo en casa, donde esperó al padre para la comida. Ni siquiera miró para su madre que ahí precipitada, de un lado para otro, atenta a los preparativos de la comida.

Temiendo el trabajo, se cerró en el cuarto, hasta que la voz materna se hiciera escuchar a la puerta, llamándolo cariñosamente.

El padre ya había llegado, preparándose para la comida. Venia sudado, pero alegre, cargando dos cestos pesados de fresas, zanahorias, bananas y piñas. Pero Leonardo, se mantenía distante de cualquier expresión de reconocimiento y ni se dignó a mirar las frutas. Seguir leyendo “La comida XI”

El libro prestado X

ocultoPASADOS algunos minutos, el insensible jovencito se encontraba, de nuevo, a las puertas de casa, y contempló el firmamento, donde el Sol iba muy alto, dando la impresión de que viajaba en el dorso blanco de las nubes.

Parado en la observación de lo alto, se preguntó a sí mismo:

– ¿En qué momento vendrá Jesús a enseñarme el camino para el Cielo? Seguir leyendo “El libro prestado X”

El viejo servidor IX

ocultoProseguía en su caminada, cuando encontró a un antiguo servidor de la propiedad paterna.

El viejito, de cabellos blancos, seguía difícilmente, soportando un pequeño fardo en las espaldas.

¿Cómo no acordarse de él? Era Ricardo, precioso auxiliar en todos los trabajos domésticos. Demostraba cansancio y vejez, pero nunca le faltaba buena voluntad. En razón de eso, el papa de Leonardo aprovechaba sus servicios en actividades más leves. Seguir leyendo “El viejo servidor IX”

Ave herida VIII

ocultoPROSEGUIA el niño en el camino, de vuelta a casa, y, después de algunos pasos, lejos del corral, encontró un ave herida, incapaz de volar.

Perverso cazador le acertó en el cuerpo frágil con un perdigón.

El infeliz se arrastraba difícilmente, provocando piedad. Las plumas suaves de las alas mostraban rubros señales de sangre.

Dirigió a Leonardo una mirada de aflicción y desaliento, en una llamada muda de asistencia y cariño. Seguir leyendo “Ave herida VIII”

Las plantas tiernas VI

arbolA PESAR del aviso paternal, el jovencito solo se apartó para disfrutar la vagancia. Se dirigía, perezoso, para una fuente cercana, cuando encontró largas hileras de hormigas, atacando unas tiernas plantas de naranjos. Las pequeñas invasoras cortaban hojas y brotes minúsculos con la mayor falta de respeto, y huían, rápidamente.

Observando las hojas ofendidas, recordó las alegrías del huerto. De vez en cuando, su madre realizaba fiestas para los niños, en pleno huerto. Seguir leyendo “Las plantas tiernas VI”

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