Resurrección de la carne

1010 – El dogma de la resurrección de la carne, ¿es la consagración de la reencarnación enseñada por los Espíritus?

– ¿Cómo queréis que sea de otro modo? Estas palabras como tantas otras, sólo parecen insensatas a los ojos de ciertas personas, porque las toman al pie de la letra. Por eso, conducen a la incredulidad. Pero dadles una interpretación lógica, y aquellos a quienes llaman libre pensadores las admitirán sin dificultad, por lo mismo que reflexionan; porque no lo dudéis, esos libres pensadores no desean otra cosa que creer. Tienen como los otros, tal vez más que los otros, sed de futuro, pero no pueden admitir lo que es rechazado por la ciencia. La doctrina de la pluralidad de existencias es conforme a la justicia de Dios. Sólo ella puede explicar lo que es inexplicable sin ella. ¿Cómo queréis, pues, que este principio no estuviese consignado en la misma religión?

– ¿Así, pues, la Iglesia misma con el dogma de la resurrección de la carne, enseña la doctrina de la reencarnación?

– Eso es evidente. Por otra parte, esa doctrina es consecuencia de muchas cosas que han pasado desapercibidas y que no se tardará en comprenderlas en ese sentido. Pronto se reconocerá que el Espiritismo resalta a cada paso del texto mismo de las Escrituras sagradas. Seguir leyendo “Resurrección de la carne”

Lisbeth

Burdeos, 13 de febrero de 1863

Un espíritu que sufre se inscribe bajo el nombre de Lisbeth.

1. ¿Queréis darnos algunos detalles sobre vuestra situación y la causa de vuestros sufrimientos?

R. Sé humilde de corazón, sumiso a la voluntad de Dios, paciente en las pruebas, caritativo para el pobre, alentador del débil, ardiente de corazón para todos los sufrimientos, y no sufrirás los tormentos que yo sufro.

2. Si las faltas opuestas a las cualidades que manifestáis os han arrastrado, parece que las debéis sentir. ¿Os alivia, acaso, vuestro arrepentimiento? Seguir leyendo “Lisbeth”

La Sra. Wollis

Viuda de Foulon. La Sra de Foulon, muerta en Antibes el 3 de febrero de 1865, había vivido mucho tiempo en El Havre, donde adquirió reputación como pintora muy hábil en miniatura. Su notable capacidad no le sirvió por de pronto sino para distraerse como aficionada, pero, más tarde, cuando vinieron días malos, supo hacer de su facultad un precioso recurso.

La amenidad de su carácter, sus cualidades privadas, que sólo pueden apreciar los que sabían su vida íntima en toda su extensión, le habían conquistado el aprecio y el amor de todos los que la conocían. Como todos aquellos en quienes el sentimiento del bien es innato, no hacía de ello ostentación, ni tan sólo lo sabía. Si hay alguno en quien el egoísmo no haya hecho ninguna mella, sin duda es una de tantos. Puede ser que jamás el sentimiento de la abnegación personal fuese llevado más lejos.

Siempre dispuesta a sacrificar su reposo, su salud, sus intereses por aquellos a quienes podía ser útil, su vida no fue más que una larga serie de sacrificios, así como fue desde su juventud una larga serie de rudas y crueles pruebas, ante las cuales el valor y perseverancia no le han faltado jamás. Pero su vista, fatigada por un trabajo minucioso, disminuía de día en día. Algún tiempo más, y la ceguera, muy adelantada ya hubiera sido completa. Seguir leyendo “La Sra. Wollis”

Mi sucesor

22 de diciembre de 1861 (En mi casa; comunicación particular. – Médium., Mr. D´A.)

En una conversación que tuve con los Espíritus a propósito de mi sucesor, planteé la proposición siguiente:

Pregunta. Entre los adeptos, muchos se inquietan acerca de quién vendrá en pos de mí, y se preguntan quién me reemplazará cuando parta, puesto que no ven persona notoriamente apta para tomar las riendas. Yo respondo que no tengo la pretensión de ser el indispensable, que Dios es muy sabio para hacer descansar el porvenir de una doctrina que debe regenerar el mundo sobre la vida de un hombre, y que además, me ha sido dicho que para cumplir mi tarea de constituir la doctrina, me será otorgado el tiempo necesario. A mi sucesor le será entonces la empresa más fácil, puesto que tendrá trazado todo el camino y no necesitará más que perseverar en él. Esto no obstante, si los Espíritus juzgan a propósito decirme alguna cosa más positiva a este respecto, les estaré reconocido. Seguir leyendo “Mi sucesor”

La felicidad no es de este mundo

20. ¡Yo no soy feliz! ¡La felicidad no se ha hecho para mí! exclama generalmente el hombre en todas las posiciones sociales. Esto, hijos míos, prueba mejor que todos los razonamientos posibles, la verdad de esta máxima del Eclesiastés: “La felicidad no es de este mundo”. En efecto; ni la fortuna, ni el poder, ni tan siquiera la florida juventud, son condiciones esenciales de la dicha; diré más, tampoco lo es la reunión de esas tres condiciones tan envidiadas porque se oye sin cesar en medio de las clases más privilegiadas y a las personas de todas edades quejarse amargamente de su condición de ser. Ante tal resultado, es inconcebible que las clases laboriosas y militantes envidien con tanta codicia, la posición de aquellos que la fortuna parece haber favorecido. Allí, por más que se haga, cada uno tiene su parte de trabajo y de miseria, su parte de sufrimientos y de desengaños, por lo que nos será fácil sacar en consecuencia, que la tierra es un lugar de pruebas y de expiaciones.

Así, pues, aquellos que predican que la tierra es la única morada del hombre, y que sólo en ella y en una sola existencia les será permitido alcanzar el más alto grado de felicidades que su naturaleza admite, aquéllos se engañan y engañan a los que les escuchan, atendido que está demostrado por una experiencia archisecular, que ese globo no encierra más que excepcionalmente las condiciones necesarias para la felicidad completa del individuo. Seguir leyendo “La felicidad no es de este mundo”

Lo necesario y lo superfluo

715 – ¿Cómo puede el hombre conocer el límite de lo necesario?

– El sabio lo conoce por intuición, y muchos por experiencia adquirida a sus expensas.

716 – ¿La Naturaleza no ha trazado límites a nuestras necesidades por medio de nuestra organización?

– Sí, pero el hombre es insaciable. La Naturaleza ha trazado el límite de sus necesidades por medio de su organización, pero los vicios han alterado su constitución y creó para sí necesidades que no son reales.

717 – ¿Qué debe pensarse de los que monopolizan los bienes terrestres para obtener lo superfluo en perjuicio de los que carecen de lo necesario?

– Desconocen la ley de Dios y habrán de responder por las privaciones que hayan hecho sufrir. El límite de lo necesario y de lo superfluo nada tiene de absoluto. Seguir leyendo “Lo necesario y lo superfluo”

Matrimonio y celibato

695 – El matrimonio, es decir, la unión permanente de dos seres, ¿es contrario a la ley natural?

– Es un progreso en la marcha de la Humanidad.

696 – ¿Cuál sería el efecto de la abolición del matrimonio en la sociedad humana?

– El regreso a la vida animal. La unión libre y fortuita de los sexos es el estado natural. El matrimonio es uno de los primeros actos de progreso en las sociedades humanas; porque establece la solidaridad fraternal y se encuentra en todos los pueblos, aunque en diversas condiciones. La abolición del matrimonio sería, pues, el regreso a la infancia de la Humanidad, e incluso, colocaría al hombre por debajo de ciertos animales que le dan el ejemplo de uniones constantes. Seguir leyendo “Matrimonio y celibato”

Objetivo de la encarnación

-¿Cuál es el objetivo de la encarnación de los Espíritus?

Dios les impone la encarnación con el objetivo de hacerlos llegar a la perfección. Para algunos es una expiación, para otros es una misión. Sin embargo, para que alcancen esa perfección, deben soportar todas las vicisitudes de la existencia corporal; en eso es que está la expiación. La encarnación tiene también otro objetivo que es el de colocar al Espíritu en condiciones de cumplir su parte en la obra de la creación. Para realizarla es que, en cada mundo, él toma un aparato en armonía con la materia esencial de ese mundo, cumpliendo ahí de aquel punto de vista, las órdenes de Dios, de tal suerte que, coincidiendo con la obra general, él propio se adelanta. La acción de los seres corpóreos es necesaria para la marcha del Universo, pero Dios, en su sabiduría, quiso que, por esa misma acción, ellos encontrasen un medio de progresar y que se aproximen a Él. Es así que, por una ley admirable de su providencia, todo se encadena, todo es solidario en la Naturaleza. Seguir leyendo “Objetivo de la encarnación”

Formación de los seres vivientes

43. ¿Cuándo empezó a ser poblada la Tierra?

«Al principio todo era caos y los elementos estaban confundidos. Poco a poco, cada cosa fue ocupando su lugar, y entonces aparecieron los seres vivientes apropiados al estado del globo».

44. ¿De dónde vinieron a la Tierra los seres vivientes?

«La Tierra contenía los gérmenes, que esperaban para desarrollarse el momento favorable. Los principios orgánicos se reunieron apenas cesó la fuerza que los tenía separados, y formaron los gérmenes de todos los seres vivientes. Aquéllos permanecieron en estado latente e inerte, como la crisálida y la simiente de las plantas, hasta que llegó el momento propicio al nacimiento de cada especie, y los seres de cada especie se reunieron y se multiplicaron entonces». Seguir leyendo “Formación de los seres vivientes”

Comunicaciones apócrifas XXX

Hijos míos, nuestro mundo material y el mundo espiritual que tan pocos conocen aun, forman como dos platos de la balanza perpetua. Hasta aquí nuestras religiones, nuestras leyes, nuestras costumbres, y nuestras pasiones han hecho de tal modo caer el plato del mal para levantar el bien, que se ha visto el mal reinar como soberano en la Tierra. Desde muchos siglos es siempre la misma queja que se exhala de la boca del hombre, y la conclusión fatal, es la injusticia de Dios. Hay quien llega hasta negar la existencia de Dios. Vosotros los veis todo aquí y nada allá; vosotros veis lo superfluo que choque con la necesidad, el oro que brilla al lado del cieno; todos los contrastes más patentes que deberían probaros vuestra doble naturaleza. ¿De dónde viene esto? ¿Quién tiene la culpa?

Aquí tenéis lo que debéis buscar con tranquilidad y con imparcialidad; cuando uno desea sinceramente encontrar un buen remedio, lo encuentra. Pues bien, a pesar de este dominio del mal sobre el bien, por vuestra propia falta, ¿por qué no veis el resto marchar derecho por la línea trazada por Dios? ¿Veis desarreglarse las estaciones? ¿Los calores y los fríos chocar inconsideradamente? ¿La luz del Sol olvidarse de alumbrar la Tierra? Seguir leyendo “Comunicaciones apócrifas XXX”

Numerosas curaciones de Jesús

26– Y andaba Jesús por toda Galilea, enseñando en las sinagogas, predicando el Evangelio del reino y sanando todas las flaquezas y todas las enfermedades entre el pueblo. Y habiéndose difundido su reputación por toda Siria, le presentaban a todos los que estaban enfermos, los afligidos por diversos males y dolores, los poseídos, los lunáticos, los paralíticos, y él los curaba; y le siguió una gran multitud de pueblo de Galilea, de Decápolis, de Jerusalén, de Judea, y del más allá del Jordán. (San Mateo, Cap. IV, v. 23, 24, 25).

2 7– De todos los hechos que testimonian el poder de Jesús, los más numerosos, sin duda, son las curaciones; quería probar con ellas que el verdadero poder es aquel que hace el bien, que su objetivo era ser útil y no satisfacer la curiosidad de los indiferentes con cosas extraordinarias. Aliviando el sufrimiento, se atraía a las personas por el corazón y se hacía prosélitos más numerosos y más sinceros que si hubieran sido sorprendidos impactados por el espectáculo de los ojos. Seguir leyendo “Numerosas curaciones de Jesús”

La tentación de Jesús

52. – Jesús, transportado por el diablo a lo alto del Templo, y luego a la cima de una montaña, y tentado por él, es una de esas parábolas que le eran familiares, y que la crueldad pública transformó en hechos materiales. (1)

53. – “Jesús no fue transportado, pero quería hacer comprender a los hombres que la Humanidad está sujeta a faltas, y que debe estar siempre en guardia contra las malas inspiraciones,a las cuales su débil naturaleza le expone a ceder. La tentación de Jesús, es, pues, una figura, y sería preciso ser ciego para tomarla al pie de la letra. ¿Cómo es posible que el Mesías, el Verbo de Dios encarnado, haya estado sometido por un tiempo, corto o largo, a las sugestiones del demonio, y que, como dice en el Evangelio de San Lucas, el demonio lo dejó, por algún tiempo, lo que daría para pensar que él estaría aún sometido a su poder? No; comprended mejor las enseñanzas que os fueron dadas. Seguir leyendo “La tentación de Jesús”

El verdadero silicio III

28. “Un hombre está en la agonía, presa de crueles tormentos; se sabe que no hay esperanza de salvarle; ¿es permitido ahorrarle algunos instantes de agonía precipitando su fin?”

¿Quién puede daros el derecho de prejuzgar los destinos de Dios? ¿Acaso no puede conducir a un hombre al borde del sepulcro para sacarle de él, con el fin de hacerle volver en sí y conducirle a otras meditaciones? En cualquier estado en que se encuentre un moribundo, nadie puede decir con certeza que haya llegado su última hora. ¿Acaso la ciencia no se ha engañado nunca en sus previsiones?

Sé muy bien que hay casos que con razón pueden llamarse desesperados; pero si no queda esperanza de vida y salud, ¿no hay innumerables ejemplos de que en el momento del último suspiro, el enfermo se reanima y recobra sus facultades por algunos instantes? Pues bien. Esa hora de gracia que se le concede, puede tener para él la mayor importancia, porque ignoráis las reflexiones que ha podido hacer su espíritu, en las convulsiones de la agonía y los tormentos que puede ahorrarle un rayo de arrepentimiento. Seguir leyendo “El verdadero silicio III”

Libertad de pensar

833 – ¿Hay algo en el hombre que se escape a todo constreñimiento, y por lo cual disfrute de libertad absoluta?

– Por el pensamiento disfruta el hombre de libertad sin límites, puesto que no reconoce trabas. Puede contenerse su manifestación, pero no aniquilarlo.

834 – ¿Es responsable el hombre de su pensamiento?

– Lo es ante Dios, y pudiendo él sólo conocerlo, lo condena o absuelve según su justicia. Seguir leyendo “Libertad de pensar”

Los enemigos desencarnados

5. El espiritista tiene aún otros motivos de indulgencia para con sus enemigos. En primer lugar, sabe que la maldad no es el estado permanente de los hombres; que es una imperfección momentánea, y de que de la misma manera que el niño se corrige de sus defectos, el hombre malo reconocerá un día sus malas obras y se volverá bueno. Sabe también que la muerte sólo le libra de la presencia material de su enemigo, pero que éste puede perseguirle con su odio aun después de haber dejado la tierra; que de este modo la venganza no consigue su objeto, sino que, al contrario, tiene por efecto el producir una irritación más grande y que puede continuarse de una existencia a otra.

Pertenecía al Espiritismo probar por la experiencia y la ley que rige las relaciones del mundo visible con el mundo invisible, por la expresión “Ahogar en sangre la ira”, es radicalmente falsa y que la verdad es que la sangre conserva el odio hasta más allá de la tumba, dando, por consiguiente, una razón de ser efectiva y una utilidad práctica del perdón y a la sublime máxima de Cristo: “Amad a vuestros enemigos”. Seguir leyendo “Los enemigos desencarnados”

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