Relaciones de ultratumba

274 Los diferentes órdenes de espíritus, ¿establecen entre sí jerarquía de poderes? ¿Existe entre ellos subordinaciones y autoridad?

«Sí, y muy grande. Unos espíritus ejercen sobre otros autoridad relativa a su superioridad por un ascendente moral irresistible.»

– Los espíritus inferiores, ¿pueden sustraerse a la autoridad de los que son superiores?

«Irresistible, hemos dicho.»

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Elección de las pruebas II

266 ¿No parece natural la elección de las pruebas menos penosas?

«A vosotros, sí; pero no al espíritu. Cuando está desprendido de la materia, cesa la ilusión y piensa de distinto modo.»

El hombre en la tierra y bajo la influencia de las ideas materiales, solo ve el aspecto penoso de las pruebas, y por esto le parece natural elegir aquellas que, a su modo de ver, pueden aliarse con los goces materiales; pero en la vida espiritual compara estos goces fugitivos y groseros con la inalterable felicidad que entrevé, y entonces ¿qué le son algunos sufrimientos pasajeros? En espíritu puede, pues, elegir la más ruda prueba, y, por lo tanto, la existencia más penosa con la esperanza de llegar más pronto a mejor estado, como el enfermo escoge con frecuencia el remedio más desagradable para curarse más pronto. El que desea unir su nombre al descubrimiento de un país desconocido, no escoge un camino sembrado de flores; sabe los peligros que corre; pero también la gloria que le espera, si tiene buen éxito.

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Elección de las pruebas I

258 En estado errante y antes de tomar una nueva existencia corporal, ¿tiene el espíritu conciencia y previsión de lo que le sucederá durante la vida?

«Elige por sí mismo el género de pruebas que quiere sufrir, y en esto consiste su libre albedrío.»

– ¿No es, pues, Dios quien le impone como castigo las tribulaciones de la vida?

«Nada sucede sin el permiso de Dios; porque Él estableció todas las leyes que rigen el universo. ¡Preguntad, pues, por qué ha hecho tal ley y no tal otra! Dejando al espíritu la libertad de elegir, le abandona toda la responsabilidad de sus actos y consecuencias; nada estorba su porvenir, y le pertenece así el camino del bien, como el del mal. Pero le queda, si sucumbe, el consuelo de que no todo ha concluido para él y de que Dios, en su bondad, le deja en libertad de volver a empezar lo que ha hecho mal. Es preciso, por otra parte. distinguir lo que es obra de la voluntad de Dios y lo que procede de la del hombre. Si os amenaza un peligro, no sois vosotros, sino Dios, quien lo ha creado; pero vosotros sois libres de exponeros a él; porque lo consideráis un medio de progreso, y Dios lo ha permitido.»

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Ensayo teórico sobre la sensación de los espíritus

257 El cuerpo, instrumento del dolor, es, sino su causa primera, por lo menos, su causa inmediata. El alma tiene la percepción del dolor, percepción que es el efecto. El recuerdo que de él conserva, aunque puede ser muy penoso, no puede tener acción física. El frío y el calor no pueden, en efecto, desorganizar los tejidos del alma, que no puede helarse, ni abrazarse. ¿Por ventura no vemos cada día que el recuerdo o temor de un mal físico produce el mismo efecto que la realidad, ocasionando hasta la muerte? Todos sabemos que las personas a quienes se ha amputado un miembro continúan sintiendo el dolor de él, aunque no exista el miembro. Ciertamente que no está localizado el dolor en aquel miembro ni que de él parte, sino que es el cerebro el que conserva la impresión. Puede creerse, pues, que sucede algo análogo en los sufrimientos del espíritu después de la muerte. Un estudio más profundo del espíritu, que tan importantes funciones desempeña en todos los fenómenos espiritistas, las apariciones vaporosas o tangibles, el estado del espíritu en el acto de la muerte, la idea tan frecuente de que vive aún, el sorprendente espectáculo de los suicidas, de los ajusticiados, de las personas que se han entregado a los goces materiales y otros muchos hechos, han venido a hacer luz en este asunto, dando lugar a las explicaciones cuyo resumen pasamos a dar.

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Percepciones, sensaciones y sufrimientos de los espíritus

237 Vuelta al mundo de los espíritus, ¿conserva el alma las percepciones que tenía durante la encarnación?

«Sí, y otras que no poseía; porque su cuerpo era como un velo que se las ocultaba. La inteligencia es un atributo del espíritu; pero se manifiesta más libremente, cuando no tiene trabas.»

238 ¿Las percepciones y conocimientos de los espíritus son indefinidas, o, en una palabra, saben éstos todas las cosas?

«Mientras más se aproximan a la perfección, saben más. Los espíritus superiores, saben mucho, y los inferiores están más o menos ignorantes de todas las cosas.»

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Mundos transitorios

234 ¿Existen, como se ha dicho, mundos que sirven a los espíritus errantes de estaciones y lugares de reposo?

«Sí; hay mundos particularmente consagrados a los seres errantes, mundos en que pueden habitar temporalmente, especies de vivaques o campamentos para descansar de una prolongada erraticidad, que siempre es algo penosa. Son posiciones intermedias entre los otros mundos, graduada según la naturaleza de los espíritus que pueden ir a ellas, los cuales gozan de mayor o menor bienestar.»

– Los espíritus que habitan esos mundos, ¿pueden dejarlos a su antojo?

«Sí, los espíritus que están en esos mundos pueden separarse de ellos para ir a donde deben dirigirse. Imaginadlos como aves de paso que se detienen en una isla, esperando recobrar fuerzas para dirigirse al término de su viaje.»

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Espíritus errantes

223 ¿El alma se reencarna inmediatamente después de su separación del cuerpo?

«A veces inmediatamente, pero con más frecuencia después de intervalos más o menos largos. En los mundos superiores la reencarnación es casi siempre inmediata. Siendo menos grosera la materia corporal, el espíritu en ella encarnado goza de casi todas sus facultades de espíritu, y su estado normal es el de vuestros sonámbulos lúcidos.»

224 ¿Qué es el alma en el intervalo de las encarnaciones?

«Espíritu errante que aspira a su nuevo destino.»

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Consideraciones sobre la pluralidad de existencias III

Acabamos de estudiar el alma en su presente y en su pasado. Si la consideramos respecto de su porvenir, encontramos las mismas dificultades.

1 Si únicamente nuestra existencia actual es la que ha de decidir nuestra suerte futura, ¿cuál es en la otra vida la posición respectiva del salvaje y del hombre civilizado? ¿Están al mismo nivel, o desnivelados en la suma de felicidad eterna?

2 El hombre que ha trabajado toda la vida para mejorarse, ¿ocupa el mismo lugar que aquel que se ha quedado atrás, no por culpa suya, sino porque no ha tenido tiempo ni posibilidad para mejorarse?

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Consideraciones sobre la pluralidad de existencias II

Hemos oído hacer este argumento: Dios, que es soberanamente bueno, no puede condenar al hombre a empezar de nuevo una serie de miserias y tribulaciones. ¿Y se le creerá por ventura más bueno, condenando al hombre a un sufrimiento perpetuo por algunos momentos de error, que ofreciéndoles medios de reparar sus faltas? «Habría dos fabricantes, cada uno de los cuales tenía un obrero que podía aspirar a ser socio de su principal. Sucedió que, en cierta ocasión, ambos obreros emplearon muy mal el día, mereciendo por ello ser despedidos. El uno de los dos fabricantes despidió al obrero a pesar de sus súplicas, el cual, no encontrando trabajo, murió de miseria. El otro dijo al suyo: Has perdido un día, y me debes otro en recompensa; has hecho mal tu tarea y me debes reparación; te permito que vuelvas a empezarla; procura hacerla bien y no te despediré, y podrás continuar aspirando a la posición superior que te había prometido.» ¿Hay necesidad de preguntar cuál de los dos fabricantes ha sido más humano? Y Dios, que es la misma clemencia, ¿será más inexorable que un hombre?

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Los malos centros espiritas

Hace mucho tiempo que un periodista, en son de mofa, dijo que en España había 112 Centros Espiritistas y que esto era lo único que le faltaba a la pobre España. Nosotros entonces nos ofendimos por aquellas palabras; pero en el transcurso de los años, más de una vez nos hemos acordado del festivo gacetillero, y hemos dicho con profunda pena: ¡Tenía razón! En cierto modo, sí; porque los malos Centros Espiritistas son los que más abundan, y estas reuniones son una verdadera calamidad.

Dice un antiguo refranero, que la ropa sucia se lava en casa; esto es, que no debemos sacar a relucir las faltas de éste o aquél y por consiguiente que una escuela debe cubrir con un velo las debilidades de sus adeptos; pero nosotros estamos muy conformes en que no se descubra ni se tilde a ninguna persona determinada; mas creemos prudente y hasta necesario decir alto muy alto, claro y muy claro, y en el sentido más terminante, que una cosa es el Espiritismo y otra los malos Centros Espiritistas, donde se ridiculiza lo más grande, lo más trascendental: la comunicación ultraterrena; y sobre esas reuniones irrisorias y harto perjudiciales, vamos a permitirnos algunas consideraciones.

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Consideraciones sobre la pluralidad de existencias I

222 El dogma de la reencarnación, dicen ciertas personas, no es nuevo; es una resurrección de la metempsicosis de Pitágoras. Nunca hemos dicho que la doctrina espiritista sea de moderna invención; siendo una de las leyes de la naturaleza, el espiritismo debe haber existido desde el origen de los tiempos, y siempre nos hemos esforzado en probar que de él se encuentran vestigio en la más remota antigüedad.

Pitágoras, como ya se sabe, no es autor del sistema de la metempsicosis, sino que lo tomó de los filósofos indios y egipcios entre los cuales existía desde tiempo inmemorial. La idea de la transmigración de las almas era, pues, una creencia vulgar, admitida por los hombres más eminentes. ¿Cómo había llegado a ellos? ¿Por revelación o por intuición? No lo sabemos; pero, como quiera que sea, una idea que no tenga algún aspecto grave, no pasa a través de las edades, ni es aceptada por las inteligencias superiores. La antigüedad de la doctrina es, pues, más que una objeción, una prueba favorable. Hay, sin embargo, como igualmente se sabe, entre la metempsicosis de los antiguos y la moderna doctrina de la reencarnación, la gran diferencia de que los espíritus rechazan del modo más absoluto la transmigración del hombre en los animales y viceversa.

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Ideas innatas

218 ¿El espíritu encarnado no conserva ningún vestigio de las percepciones que tuvo y de los conocimientos que adquirió en sus existencias anteriores?

«Le queda un vago recuerdo, que le da lo que se llama ideas innatas.»

– ¿La teoría de las ideas innatas no es, pues, una quimera?

«No, puesto que los conocimientos adquiridos en cada existencia no se pierden. El espíritu, desprendido de la materia, los recuerda siempre. Durante la encarnación, puede olvidarlos parcial y momentáneamente; pero la intuición que de ellos conserva, le ayuda en su progreso, sin lo cual tendría que volver a empezar siempre. En cada nueva existencia, el espíritu toma por punto de partida aquel a que había llegado en la existencia precedente.»

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