Sociabilidad

“El hombre es un animal social”, ya lo decía, con acierto, un famoso pensador de la Antigüedad, queriendo significar con eso que él fue creado para vivir, o mejor, convivir con sus semejantes. La sociabilidad es instintiva y obedece a un imperativo categórico de la ley del progreso que rige a la Humanidad. Es que Dios, en Sus sabios designios, no nos hizo perfectos, nos hizo perfectibles; así para alcanzar la perfección a la que estamos destinados, todos necesitamos unos de los otros, pues no hay cómo desarrollar y modelar nuestras facultades intelectuales y morales si no en la convivencia social, en esa permuta constante de afectos, conocimientos y experiencias, sin la cual la suerte de nuestro espíritu sería el embrutecimiento y la debilitación.

Siendo el fin supremo de la sociedad promover el bienestar y la felicidad de todos los que la componen, para que tal sea alcanzado hay necesidad de que cada uno de nosotros observe ciertas reglas de procedimiento dictadas por la Justicia y por la Moral, absteniéndose de todo lo que las pueda destruir.

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Fatalidad y destino

Fatalidad y destino son dos términos que se emplean, a menudo, para expresar la fuerza determinante e irrevocable de los acontecimientos de la vida, así como el arrastre irresistible del hombre para tales sucesos, independientes a su voluntad.  ¿Estaríamos nosotros, realmente, a merced de esa fuerza y de ese arrastre? Razonemos: Si todas las cosas estuviesen previamente determinadas y nada se pudiese hacer para impedirlas o modificar su curso, la criatura humana sería una simple máquina, sin libertad y enteramente irresponsable.

En consecuencia, los conceptos del Bien y del Mal quedarían sin base, anulando todo y cualquier principio dictado por la Moral. Ahora, es evidente que, casi siempre, nuestras decepciones, fracasos y tristezas ocurren, no por nuestra “mala estrella”, como creen los supersticiosos, sino pura y simplemente por nuestra manera errónea de proceder, de nuestra falta de aptitud para conseguir lo que ambicionamos, o por una expectativa exageradamente optimista sobre lo que este mundo nos pueda ofrecer. Debemos reconocer, entretanto, que, aunque gran parte de aquello que nos ocurre sean consecuencias naturales de hechos conscientes o inconscientes practicados por nosotros, o por otros, con o sin la intención de alcanzarnos, existen vicisitudes, disgustos y aflicciones que nos alcanzan sin que podamos atribuirles una causa inteligente, dentro de los cuadros de nuestra existencia actual.

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El Libre albedrío

El libre albedrío es definido como “la facultad que tiene el individuo de determinar su propia conducta”, o, en otras palabras, la posibilidad que él tiene de, “entre dos o más razones suficientes de querer o de actuar, escoger una de ellas y hacer que prevalezca sobre las otras.

Problema fundamental de la Filosofía ética y psicológica, viene siendo estudiado y discutido apasionadamente desde los primeros siglos de nuestra era, dando oportunidad a que se formulasen, al respecto, varias doctrinas dispares y antagónicas.

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El descanso

En las respuestas que dieron a las preguntas núms. 682 y 684, formuladas por Kardec, nuestros amigos espirituales nos esclarecen que “el descanso es una ley de la naturaleza, siendo una necesidad para todo aquel que trabaja”, y más: que “oprimir a alguien con el trabajo excesivo es una de las peores acciones”, siendo, incluso, una grave infracción del Código Divino.

En efecto, el 4º mandamiento ordena: “Acuérdate del día de sábado, para santificarlo.

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Conócete a ti Mismo

FaroLa felicidad fue, es y será siempre la mayor y la más profunda aspiración del hombre. No existe nadie que no desee conquistarla, tenerla como una compañera inseparable de su existencia. Raros, entretanto, son aquellos que la han conseguido. Es que gran parte de los terrícolas, no conociéndose a sí mismos, como “imagen y semejanza de Dios”, e ignorando los altos destinos para los que fueron creados, no comprenden aún que la verdadera felicidad no consiste en poseer y disfrutar de algo que el mundo nos pueda dar y que, siéndonos negado o retirado, nos hace infelices.

En efecto, aquello que venga de fuera o dependa de otros (bienes materiales, poder, fama, gloria, complacencia de los sentidos, etc.) es precario, inestable, contingente. No nos puede ofrecer, por consiguiente, ninguna garantía de continuidad. Además de eso, lleva fatalmente a la desilusión, al fastidio y a la vaguedad.

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El Egoísmo

rodolfoNo es necesario tener mucho conocimiento en psicología para percibir que la fuente de todos los vicios que caracterizan la imperfección humana es el egoísmo. De él dimanan la ambición, los celos, la envidia, el odio, el orgullo y toda clase de males que hacen infeliz a la Humanidad, por las amarguras que producen, por las disensiones que provocan y por las perturbaciones sociales a que dan oportunidad. Lo vemos manifestarse en este mundo bajo las más variadas formas: Egoísmo individual, Egoísmo familiar, Egoísmo de clase, Egoísmo de raza, Egoísmo de nación, Egoísmo sectario. En su aspecto individual, se funda en un sentimiento exagerado de interés personal, en el cuidado exclusivo de sí mismo, y en el desamor a todos los demás, inclusive a los que habitan bajo su mismo techo, los cuales, no es raro, son los primeros en sufrir sus efectos.

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Las Pasiones

rodolfoLa Doctrina Espírita nos enseña que todas las pasiones tienen como principio originario una necesidad o un sentimiento natural, colocados en el fondo de nuestro interior con el fin de estimularnos para el trabajo y para la conquista de la felicidad.

“Dios es Amor” y, al crearnos, nos hizo participantes de su Naturaleza, es decir, dotados de esa virtud por excelencia, necesitando sólo que la desarrollemos y la depuremos, hasta la sublimación. Tuvo a bien, entonces, hacernos sensibles al placer para que cada uno de nosotros, buscándolo, cultivásemos el amor a sí mismo, para que, en otra etapa, ser capaces de extender ese amor a los semejantes.

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Limosna y Caridad II

caridadinter0Muchos se excusan de no poder ser caritativos, alegando precariedad de bienes, como si la caridad se redujese a dar de comer a los hambrientos, dar de beber a los sedientos, vestir a los desnudos y proporcionar un techo a los desabrigados. Además de esa caridad, de orden material, existe otra – la moral, que no implica el gasto de un centavo siquiera y, no obstante, es la más difícil de ser practicada. ¿Ejemplos?

He aquí algunos: Seríamos caritativos si, haciendo buen uso de nuestras fuerzas mentales, vibrásemos u orásemos diariamente a favor de cuantos sepamos que se encuentran enfermos, tristes u oprimidos, sin excluir a aquellos que acaso se consideren nuestros enemigos.

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Limosna y Caridad I

servirLimosna y Caridad son tenidas, por algunos, como una sola y misma cosa, mientras para otros la primera sería sólo una faceta de la segunda, o mejor, una de sus múltiples manifestaciones. Por otro lado, hay quien considera la limosna una obligación para aquél que la da y una humillación para el que la recibe, negando, así, su carácter filantrópico. Desde el punto de vista espírita, puede haber: limosna sin caridad, limosna con caridad, y… caridad sin limosna, dependiendo todo de los sentimientos que acompañen o inspiren el modo de obrar de las criaturas.

Antes, sin embargo, de proseguir con la tesis que nos proponemos desarrollar, conceptuemos uno y otro término: “Limosna”, para nosotros, es la cosa que se da, como, por ejemplo, dinero, comida, medicamento, vestimenta, etc., mientras “Caridad” es esencialmente amor, no amor a nosotros mismos (egoísmo), sino amor al prójimo (altruismo). Hecha esa distinción, además necesaria, nos sería fácil demostrar ahora lo que afirmamos en líneas más arriba.

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El Derecho de Propiedad

esclavo_dineroLa Doctrina Espírita nos enseña que el derecho de vivir es “el primero de todos los derechos del hombre”, por consecuencia, también el de “acumular bienes que le permitan descansar cuando ya no pueda trabajar”. Si todos los hombres fuesen previsores y, en vez de malgastar sus ganancias en vicios y en lujos, tratasen de formar un capital con el que asegurar la tranquilidad de su vejez, la Sociedad no tendría que hacer frente, como sucede hoy, con el pesado gravamen de la manutención de tantas criaturas que llegan al fin de sus días en la mayor indigencia, necesitadas de techo, alimento, abrigo, medicamento, etc.

El deseo de poseer, con el fin de resguardarse de las incertidumbres del futuro, no justifica, entretanto, los medios que ciertos hombres suelen emplear para conseguir medios de fortuna. Propiedad legítima – lo dice el Espiritismo – sólo es aquella que es conseguida por medio del “trabajo honesto, sin perjuicio de nadie”.

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Derecho y Justicia

penalDerecho y Justicia deberían ser sinónimos perfectos, es decir, deberían expresar la misma virtud, pues, si aquel significa “lo que es justo”, esta se traduce por “conformidad con el derecho”. Lamentablemente, sin embargo, aquí en la Tierra, Derecho y Justicia no siempre se corresponden, porque, ignorando o despreciando la Ley de Dios, otorgada para la felicidad universal, la justicia humana ha hecho leyes prescribiendo como derechos algunas prácticas que favorecen sólo a los ricos y poderosos, en detrimento de los pobres y de los débiles, lo que implica una tremenda iniquidad, así como ha concedido a algunos ciertas prerrogativas que de ninguna forma podrían ser generalizadas, constituyéndose, por consiguiente, en privilegios, cuando se sabe que todo privilegio es contrario al derecho común.

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Conocimiento del Futuro

rodolfo¿Puede el hombre conocer su futuro? Y, si puede, ¿debe conocerlo? He aquí dos preguntas interesantísimas, a las cuales la Doctrina Espírita responde de la siguiente manera: Esa posibilidad, aunque es muy relativa, existe, sí, ya que todos traemos, al nacer, ciertas tendencias, aptitudes y cualidades innatas, cuyas manifestaciones, más o menos evidentes, permiten prever, hasta cierto punto, lo que serán o lo que harán en la vida. Fuera de esto, sin embargo, todo lo demás será mucho más difícil, por dos razones: La primera: gran parte de nuestro futuro destino aún no está ni podría estar delineado, pareciendo páginas en blanco de un libro parcialmente escrito. Es que si todo efecto tiene una causa, recíprocamente, cada causa produce determinado efecto. De este modo, los futuros acontecimientos de nuestra existencia van a depender de lo que estemos haciendo ahora, con las modificaciones provocadas por aquello que fuéramos haciendo en cada instante.

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