Conciencia herida

La noche del 23 de septiembre de 1954, recibimos por segunda vez la presencia de María de la Gloria, una entidad sufridora que se consagra ahora a nuestra casa. Regresando a nuestro círculo de oraciones con la palabra hablada, nos trajo esa noche su historia conmovedora, que pasamos a transcribir.

Amigos míos. Que Dios nos ampare. Después de mi primera visita, he aquí que vuelvo a vuestra casa, que funcionó para mí como nido de auxilio y tribunal de justicia. Mujer sufriente, traía enlazado a mí como hierba asfixiante sobre árbol herido, el espíritu sublevado de mi propio hijo cuya reencarnación impedí con un aborto en el cual, a la vez, perdí mi existencia. Liviana y sorda al deber, adquirí compromisos con la maternidad, detestándola. Y, por odiar el retoño que palpitaba en mi seno, busqué destruirlo usando venenoso brebaje que también me robó la vida corpórea. Entretanto, si suponía que la muerte fuese un punto final a mi tragedia íntima, estaba profundamente engañada porque del charco de sangre al que se redujeron los despojos, se levantó, ante mí, una sombra acusadora.

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Concentración mental

La noche del 24 de marzo de 1955, recogimos, de nuevo, la palabra de nuestro amigo espiritual André Luiz, que nos habló respecto a la concentración mental.

Amigos, mucho se habla en concentración mental. Círculos de fe se concentran en llamamientos intempestivos a Cristo. Se concentran compañeros de ideal con impecable silencio exterior, sustentando inadecuado alarido interno. Sin embargo, es forzoso indagar en nosotros mismos qué recursos estaremos reuniendo.

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Venid, hermanos

Frente a la noche de dolor a la procela,
en que el hombre del mundo lucha y llora.
El espiritismo enciende la nueva aurora
en la luz de la creencia promisora y bella.

¡Oh! Doctrina bendita que revela
la Verdad Divina que se enflora,
de la esperanza vibrando mundo afuera
desde la vida más alta y más sencilla.

Espiritismo en Cristo es la gran escuela,
la generosa fuente que consuela
en el camino de dolor de la humanidad.

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Trabajando

Si erraste en alguna ofensa
sin el perdón del ofendido,
huye de la tristeza sin sentido,
no pierdas tiempo llorando…

Da nuevo provecho a las horas,
no discutas, ni descanses,
para sanar esos lances
pide perdón, trabajando…

Si alguien te armó “mal mirar”,
induciéndote a la tristeza,
dándote angustia e incerteza,
a pesar del gesto delicado,
recuerda que, en este mundo,
es fácil encontrar persona
de alma ruda y palabra buena
y prosigue trabajando…

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Invocación

Ángeles de la Paz de la Espiritualidad,
extended vuestras alas luminosas,
sobre este altar de lirios y rosas
floreciendo a las luces de la inmortalidad.

Genios de Luz, de amor y de bondad
almas divinas, almas cariñosas,
descended de las amplitudes de la Eternidad
¡a ese banquete de la fraternidad!

¡Venís de la claridad pura e inmensa!
traed a este cenáculo de la creencia
de la justicia de Dios, el Amor y la Luz!

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Ella pasa

Ella pasa y el consuelo se irradia
cual la brisa de esencia misteriosa,
la esperanza aparece con la rosa
en el espino de la sombra y de la agonía…

Ella pasa y un susurro de alegría
sube en oración en la noche tenebrosa,
trae en torno sublime nebulosa,
¡Donde la vida celeste principia!

Ella pasa y nadie sabe su creencia,
es tan solo Caridad… Luz suspensa
¡Sobre los dolores la lágrima descierra!

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Dios nuestro Padre

Honrar a nuestro padre es honrar también a Dios. Nuestro Padre de Infinita Bondad.

En el instituto doméstico, los hijos maduros en la experiencia honorifican a los padres, a través de las obligaciones ejecutadas en el hogar.

En la residencia planetaria, los hijos de Dios, edificados en la comprensión de Sus Leyes, dignifican al Todo-Misericordioso por intermedio de los deberes rectamente cumplidos, delante de la humanidad en los caminos del mundo.

Amamos a Dios en la persona del prójimo.

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Confiados y serenos

Alabado sea Dios que permite que sea el espacio saneado por la tormenta y que desenvuelve la restauración de la paz en todos los elementos, en el instante oportuno. Comprendemos la extensión de las dificultades, de las luchas, de los sin sabores y de los tropiezos con que todos somos confrontados.

Dulce es el día de cielo azul, cuando todos se embalan en perspectivas de deleitoso descanso, pero, amenazadora es la hora de la nube, cuando es preciso soportar los peligros y dificultades de la tempestad purificadora a la que nos reportamos desde el inicio. Entretanto, benditos serán siempre los que velan por la conservación de la luz, los que demuestran bastante serenidad para la victoria espiritual y que saben aguardar, trabajando, el retorno de la claridad mayor.

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