Caso de conciencia

Mi amigo, Usted se declara extremamente cansado en la lucha por la victoria del bien y añade en su carta:

“Hermano X, ¿qué se puede hacer? No aguanto más injurias, incomprensiones, sarcasmos, críticas… Sólo pienso en descanso, tranquilidad y en la noche, cuando consigo dormir, si sueño, de la única cosa que me acuerdo, es la de una hamaca que incesantemente pasó a vivir en mi memoria.”

De hecho, mi amigo, el cansancio es sufrimiento y de los mayores; sin embargo, ya que nos pide opinión, pido permiso para narrarle algo que sucedió en el dominio de las sombras.

Un denodado legionario de obra salvadora nos contó que en un tenebroso rincón de la Espiritualidad Inferior, casi como una copia perfecta de la antigua parábola, atribuida a Lutero, se reunió un empresario graduado en el mal con diversos cooperadores. Se disponía a oírlos sobre alguna idea nueva, con relación a vampirizar a los amigos encarnados en la Tierra. Reunión de bandidos, como sucede, de hecho, en muchos lugares del plano físico. Expuesto el objetivo de la asamblea, por el director de la crueldad organizada, dijo uno de los asesores:

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Campaña diferente

Esperaba por Usted justo aquí, para tratar de un asunto serio, – me dijo Capistrano, un viejo amigo que ahora está en el Plano Espiritual, al cual conocí ya mayor y próspero, en una pequeña tienda de Botafogo, en el tiempo en que todavía me estaba acomodando a la estructura enferma.

Alrededor nuestro, en la esquina de la calle Real Grandeza, grupos fraternos de amigos desencarnados alegremente se burlaban de los carros que colocaban flores para las conmemoraciones de los difuntos, junto al aristocrático cementerio São João Batista. Canastas y ramos, haciendo recordar joyas de primavera, se derramaban de las manos ricas y pobres, arrugadas y juveniles, en homenaje a los afectos queridos, que casi todos los visitantes suponían inmóviles para siempre ahí en el suelo.

– Supe mi amigo, – prosiguió Capistrano singularmente abatido, – que Usted todavía escribe para los vivos del mundo…

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Carta de un muerto

Me pide usted noticias del cementerio en las conmemoraciones de los Difuntos. Y como tengo en mis manos la carta de un amigo, desencarnado, dirigida a otro amigo que aun se encuentra en la Tierra, acerca, de este asunto, con permiso de él, le transcribo el mensaje, sin cualquier referencia a nombres, para dejarle la belleza libre de notas personales. Es el texto con su contenido puro y simple:

Querida, usted no puede imaginar lo que es entregar en la tierra la carcasa inerte, el día dos de Noviembre.

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Caridad

En todos los tiempos, hay ejércitos de criaturas que enseñan la caridad, pero pese a ello, pocas personas la practican verdaderamente. Torquemada, organizando los servicios de la Inquisición, se decía portador de la divina virtud. Camino de los terribles suplicios, los condenados eran compelidos a dar las gracias a los verdugos. Muchos de ellos, en plena hoguera o atados al martirio de la rueda, aguijoneados por la flagelación de la carne, eran obligados a alabar, con las manos puestas en oración, la bondad de los inquisidores que les ordenaban morir.

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Anotaciones de un anciano

Cara a los sufrimientos que le fustigaban el espíritu, ante la opinión pública al desvariarse en torno a su humilde memoria, “periodista muerto” escucho sereno al anciano, que le habló con sabiduría:

– Cuando Jesús transformo el agua en vino, en las bodas de Cana los maledicentes cuchichearon, a su alrededor:

– ¿Qué es esto? ¿Un mesías, incentivando a la embriaguez?

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Conciencias

En una audiencia de rutina, al rey Tajuan do Iémene, le trajeron cinco bandidos que habían requerido protección y misericordia. Seguido de guardias vigilantes, se aproximó el primero y le rogó con lágrimas, después de besar el banquito en donde el soberano ponía los pies:

– ¡Perdón, oh rey! Juro por el Altísimo que no maté con intención… Comencé a discutir con el ladrón de mis caballos y en un determinado momento, sentí la cabeza confusa… rodé en el suelo sobre mi adversario y cuando me dominé, ¡el ladrón estaba muerto! ¡Piedad! ¡Piedad para mí, que no tuve fuerza de controlar el corazón!… Sólo ahora, en la prisión, oí la palabra de un hombre que repetía las lecciones del Profeta… ¡Sólo ahora, comprendo que me equivoqué!…

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Ante el amigo sublime de la cruz

Hoy, Señor, me arrodillo ante la cruz donde expiraste entre ladrones…

Amigo Sublime, ¡dígnate a bendecir las cruces que merezco!… De ti anunció el profeta que te levantarías, junto al pueblo de Dios, como arbusto verde en suelo árido; que no permanecerías, entre nosotros, como los príncipes encastillados en la gloria humana, sino como hombre de dolor, probado en los trabajos y sufrimientos; que pasarías por la Tierra ocultando tu grandeza a nuestros ojos, como leproso humillado y despreciable, pero que, en tus llagas y siguiendo tus pasos, sanaríamos nuestras iniquidades, redimiendo nuestros crímenes; que podrías revelar al mundo la divinidad de tu ascendencia, demostrando tu infinito poder y que, sin embargo, preferirías la suprema renuncia, caminando como oveja silenciosa hacia el matadero; y que, aunque señalado como el Elegido Celeste, serías sepultado como ladrón común…

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Cerca de Dios

Entre el alma, lista para reencarnar en la Tierra, y el Mensajero Divino se entabló un expresivo diálogo:

– Ángel bueno – dijo ella -, ya hice numerosos viajes al mundo. Me cansé de placeres envenenados y posesiones inútiles… Si puedo pedir algo, desearía ahora colocarme en servicio, cerca de Dios, aunque deba hallarme entre los hombres…

– ¿Sabes efectivamente a qué aspiras? ¿Qué responsabilidad buscas? – replicó el interpelado. Cuando fallan aquellos que sirven a la vida, cerca de Dios, la obra de la vida, en torno de ellos, es perturbada en los más íntimos mecanismos.

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Historia de un pan

Cap. XIII- Ítem 15

Cuando Barsabás, el tirano, se dirigió hacia el reino de la muerte, en vano intentó volver a instalarse en el enorme palacio que le había servido como residencia.

La viuda, alegando infinita desdicha, se desprendió de esa casa y vendió los adornos. Vio él, entonces, vajilla y candelabros, tapices y jarrones, alfombras y perfumes, joyas y reliquias, todo bajo el martillo del rematador, mientras los hijos querellaban en el tribunal disputándose la mejor parte de la herencia.

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Avaros

HumbertoUn triste padre desencarnado se presentó en la Sala de Auxilio y rogó al noble instructor que presidia la reunión habitual:

– Dedicado amigo, aún tengo en la Tierra a dos hijos en plena madurez, suplico autorización con el fin de amparar más seguido a uno de ellos, que me parece está al borde de una caída inminente.

Ante la benévola expresión del sublime dignatario, el solicitante continuó:

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Alabanzas rechazadas

HcamposSe cuenta en el plano espiritual que Vicente de Paúl oficiaba en un templo aristocrático de Francia, en una ceremonia de gran gala, frente a ricos señores coloniales, capitanes de mar, guerreros condecorados, políticos ociosos y avarientos sórdidos, cuando, acierta altura de la solemnidad, se verificó frente al altar una inesperada alabanza pública. Un viejo corsario se acercó a la sagrada mesa de la eucaristía y gritó, contrito:

-Señor, agradezco los navíos preciosos que colocaste en mi ruta. Mis negocios están prósperos, gracias a ti, que me designaste buena presa. No permitas, ¡Oh Señor!, que el siervo fiel se pierda en la miseria. Te daré valiosos decimos. Erigiré una nueva iglesia en tu honor, y tomo a los presentes por testigos de mi voto espontaneo.

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