Espíritu Emmanuel – Luz Espiritual

Certificación

Emmanuel

Convenzámonos, pues, de que toda criatura camina para el reino de la angelitud, y que, invistiéndose en la posición de espíritu sublime, no conoce más el dolor, ya que el amor le será sol en el corazón disipando todas las sombras de la vida al toque de su propia luz. Seguir leyendo “Certificación”

Caridad

Emmanuel

Caridad, donde estés, es la presencia de Nuestro Señor Jesús Cristo.

Siempre que te detengas a contemplar un hospital o un hogar consagrado a los desprotegidos, una institución de ayuda social o de socorro fraterno, eleva el pensamiento a la Bondad Divina en señal de alabanza y colabora, cuanto puedas en beneficio de los otros. Seguir leyendo “Caridad”

El bien

Emmanuel

Por todo el bien que hagas, Dios te bendiga.

Dios te apoya y te ve.

Si deseas integrarte en la fila de los redentores del mundo, a través de la palabra correcta y de los gestos brillantes, no te olvides de la caridad al prójimo que se encuentra más cercano a ti.

La caridad es una bendición que cabe en todas partes y que puede exteriorizarse del vaso de tu corazón incesantemente…

Del libro “Agenda de luz” Seguir leyendo “El bien”

No aspires

Emmanuel

No aspires rectificar rápidamente a los otros, cuando los consideres equivocados, según tus puntos de vista, porque también nosotros, cuando nos equivocamos, no siempre admitimos reprimendas inmediatas.

No impongas tu ideal de felicidad a aquellos que estimas, a la vez que la felicidad de las criaturas varía siempre conforme el escalón evolutivo en que se encuentran.

Cuando puedas, como puedas y donde puedas, guardando la consciencia tranquila, trabaja sirviendo siempre. Seguir leyendo “No aspires”

Nuestra alma

Emmanuel

Todos tenemos efectivamente de nosotros únicamente nuestra propia alma y, ya que somos beneficiarios de todos los bienes de la vida, estemos constantemente prevenidos para dar cuenta de nosotros mismos, ante las Leyes del Destino, en lo tocante a uso y provecho, rendimiento y administración.

Entronicemos la vida en nuestra alma y abonémosla con nuestra buena voluntad en la extensión del progreso y del servicio, de la armonía y del amor, y aun mismo a pretexto de legítima defensa, abstengámonos del mal, recordando, con el Divino Maestro que la cruz del supremo sacrificio será siempre brillante resurrección. Seguir leyendo “Nuestra alma”

Afligidos

Emmanuel

“¡Bienaventurados los afligidos!” – dijo Jesús.

Felices, si, de todos los que cargan sus fardos con esmero y serenidad, pero estemos convencidos de que toda aflicción excedente complica el itinerario de la vida y corre a nuestra cuenta.

… Detengámonos a pensar en eso y recordemos, reconocidamente, cuantos se nos hacen samaritanos del auxilio y de la bondad, en los caminos de la existencia, recordemos la lección de Jesús y, delante de los otros, sean ellos quienes sean, hagamos nosotros lo mismo. Seguir leyendo “Afligidos”

Cuando oréis

“Y, cuando estuviereis orando, perdonad.” – Jesús. (Marcos, 11:25.)

La sincera actitud del alma en la oración no obedece a los movimientos mecánicos vulgares.

En las operaciones de la lucha común, la criatura atiende, invariablemente, a los automatismos de la experiencia material que se modifica de manera imperceptible, en los círculos del tiempo; sin embargo, cuando se vuelve el alma a los santuarios divinos del plano superior, a través de la oración, se pone la conciencia en contacto con el sentido eterno y creador de la vida infinita. Seguir leyendo “Cuando oréis”

Donde el reposo

“Jesús extendió la mano y le tocó, diciendo: Quiero; sé limpio…” (Mateo, 8:3)

¡Manos extendidas!…

Cuando estés meditando y orando, recuerda que todas las grandes ideas se derramaron, a través de los brazos, para concretizar las buenas obras.

Ciudades que honran la civilización, industrias que sustentan al pueblo, casa que alberga la familia, tierra que produce son garantizadas por el esfuerzo de las manos. Seguir leyendo “Donde el reposo”

El bien que no fue hecho

“¿De qué sirve, hermanos míos, si alguien dice que tiene fe, pero no tiene obras? ¿Acaso puede esa fe salvarlo?” (Santiago, 2:14)

Extraña la norma del hombre cuando cree poseer las llaves de la Vida Superior simplemente por mantener la fe, como si bastase solo convicción para que se realice un trabajo determinado.

Comparemos fe y obras con la planta y las construcciones. Seguir leyendo “El bien que no fue hecho”

La cura propia

“Predicando el Evangelio del Reino y curando todas las enfermedades” (Mateo, 9:35.)

Cura la catarata y la conjuntivitis, pero corrige la visión espiritual de tus ojos.

Defiéndete contra la sordera; entretanto rectifica tu modo de escuchar las voces y solicitaciones variadas que te buscan.

Medica la arritmia y la disnea; con todo no entregues el corazón a la impulsividad arrasadora. Seguir leyendo “La cura propia”

Obediencia justa

“Cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios” Pablo. (Filipenses, 2:6)

Todos los sufrimientos de los hombres, de modo general, se originan de la pretensión de usurpar el Divino Poder.

Orgullo, vanidad, insensatez, egoísmo, perversidad, rebeldía y opresión representan apenas modalidades variadas de esa usurpación indebida.

La guerra y su siglo pestilencial, la tiranía y el instinto revolucionario, las pasiones arrasadoras y los desastres espirituales que les son consecuentes, les constituyen las obras. Seguir leyendo “Obediencia justa”

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