Jesús y Dios II

“Padre mío, en tus manos entrego mi alma.”

El espiritismo va ganando terreno, no solo en los corazones, sino también en la conciencia de la Humanidad, en virtud de la lógica de su Doctrina y de la claridad con que estudia y elucida los problemas de la evolución espiritual. Y como los explica con simplicidad, sus adeptos se ven enfrentados cada día a más variadas exigencias, desde las más simples a las más  complicadas.

Se percibe en el hombre moderno, la ansia por el conocimiento. Y como alguien que está sediento, procura naturalmente, quitar su sed y ven en el Espiritismo, bajo la iluminación del Evangelio, a la fuente generosa que a todos ampara, en la sublime misión de servir. Innegablemente, viene siendo la Doctrina Espírita, el pozo de Jacob de la actualidad.

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Jesús y Dios I

Aquellos que afirman, o por lo menos creen, que Jesús y Dios son la misma entidad se fundamentan sin duda, en las siguientes palabras del Maestro: “Mi Padre y Yo somos Uno.”

Sin embargo, basándonos en esas palabras para afirmarnos en la creencia de que Jesús es el propio Dios, seremos forzosa e inevitablemente compelidos igualmente a equiparar al Maestro con los discípulos, al Cristo con los Apóstoles, pues en el Evangelio según Juan (14:20) está escrito: “…estoy en mi Padre, y vosotros en mí, y yo en vosotros”.

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“Entonces se recordaron de sus palabras”

Ante la realidad de la tumba vacía, situada en los generosos dominios de José de Arimatea, las mujeres que habían llegado desde la Galilea, se recordaron de las palabras de Jesús, a cerca de la resurrección en el tercer día. En cuanto el Señor estaba entre ellas, con los discípulos y con el pueblo, disfrutando de Su Presencia Sublime, no consiguieron aprender sus enseñanzas.

Olvidaron sus lecciones, claras algunas veces, ocultas en otras ocasiones bajo el velo de la alegoría y la parábola.

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Jesús en Betania I

Y una mujer llamada Marta lo recibió en su casa.

Uno de los más bellos sucesos narrados por el Evangelio es el que se desarrolla en Betania, pintoresca aldea Judía, en ocasión de la visita del Maestro a la casa de Marta y María. Todo en ella es grandioso y conmovedor, por la simplicidad de que se reviste el divino acontecimiento.

La localidad modesta, la casita campechana y el bello entorno que proporcionaba el Monte de los Olivos, formando el sugestivo paisaje exterior, amoldados por un crepúsculo de incomparable belleza.

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Jesús y Dios

“Mi padre y yo somos uno”

Aquellos que afirman, o por lo menos creen, que Jesús y Dios son la misma entidad se fundamentan sin duda, en las siguientes palabras del Maestro: “Mi Padre y Yo somos Uno.” Sin embargo, basándonos en esas palabras para afirmarnos en la creencia de que Jesús es el propio Dios, seremos forzosa e inevitablemente compelidos igualmente a equiparar al Maestro con los discípulos, al Cristo con los Apóstoles, pues en el Evangelio según Juan (14:20) está escrito: “…estoy en mi Padre, y vosotros en mí, y yo en vosotros”.

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El hijo del hombre

“…no tenía donde reclinar la cabeza”

Nació en un establo.
No tenía en donde descansar la cabeza.
Murió en una cruz, escarnecido y humillado.

Tal es la historia conmovedora y bella, sublime e incomprendida del Cristo de Dios. De aquel que estaba en el mundo, el mundo fue hecho por intermedio de Él, pero el mundo no lo conoció.

La lección es, innegablemente, profunda.

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Cristo y Lázaro IV

cristo..LA TERCERA FRASE: “Desatadle, y dejadle ir”

Estamos del lado de afuera, ante el sol del Evangelio del Señor. ¡Mas, oh indescifrable  realidad!, Tenemos las manos y pies atados por fajas y el rostro envuelto en un lienzo, a la manera de Lázaro. Realmente estamos de pie, mas no podemos andar. La Luz se hace en torno a nosotros, pero nada distinguimos.

Alrededor de nosotros, personas y cosas, pero nuestros ojos nada perciben. La piedra fue retirada por generosos amigos, pero permanece, tirana y cruel, la atrofia muscular. Ya salimos del sepulcro, obedeciendo la determinación del Celeste Benefactor. Entretanto, una vez más, el Maestro ruega el concurso de nuestros queridos cireneos, viejos amigos que removieron la piedra, cuando nosotros solamente “dormíamos”, estando “muertos” para las realidades de la Vida Más Alta.

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Cristo y Lázaro III

lazaroIILA SEGUNDA FRASE: “¡Lázaro, ven afuera!”

Jesús no eximió el concurso de los amigos del muerto, en el proceso de su resurrección. No inquirió de ellos, con todo, en cuanto a la cultura, ni en cuanto a los sentimientos. No les preguntó si eran judíos o romanos, rabinos o pescadores, señores o esclavos. Simplemente lo utilizó en la resurrección de un hombre, valorizándolos con respecto a la oportunidad de trabajo, cooperación y servicio. Pero, tan luego estableció el contacto visual con el joven de Betania, le habla directamente, sin reservas…

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Cristo y Lázaro II

lazaroIILA PRIMERA FRASE: “Quitad la piedra” Cuando el Maestro se acercó al túmulo en donde yacía Lázaro, ya se había formado allí un pequeño grupo de personas. Eran amigos y conocidos que habiendo ido a la casa de Marta y María, para consolarlas “acerca del hermano”, conforme esclarece el Evangelio, al ser informadas de la llegada del Maestro a la sepultura, para allá también se dirigieron.

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Cristo y Lázaro I

lazaro“Señor, he aquí, el que amas, está enfermo” Se encontraba el Señor en Jerusalén, cuando Marta y María – dos jóvenes residentes en Betania, mandaron a avisarle que Lázaro, hermano de ambas y amigo de Jesús, estaba enfermo. A pesar de la urgencia del recado, permaneció aún, el Divino Amigo dos días en donde estaba, no obstante amar intensamente a los amigos de Betania.

No era pequeña la distancia entre Jerusalén y la aldea, por lo que, cuando Jesús allí llegó, Lázaro ya estaba muerto y sepultado, según lo relata el Evangelio.

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Contentarse

esclavo_dinero“Teniendo sustento y abrigo, estemos contentos…”

Luego de llamar la atención a Timoteo, respecto a los peligros que genera la riqueza, y resaltar el que de este mundo “cosa alguna nos podremos llevar”, desarrolla, el Apóstol de los Gentiles, para su joven discípulo un sistema de vida capaz de prepararlo convenientemente, para el Reino de los Cielos. Por esto, exhórtalo, con humildad al decirle: “Así que, teniendo sustento y abrigo, estemos contentos con esto.”

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Convivencia

Foto_Jesus“Yo no vine a llamar a los justos…”

Fue en el banquete en casa de Leví, (el futuro Evangelista Mateo), que el Maestro enseñó con las palabras del Epígrafe. Palabras que vencieron los siglo, los milenios… Leví era Publicano, lo que en la antigua Roma significaba, “cobrador de impuestos.” Los Publicanos eran detestados por los Judíos, que no gustaban de pagar tributos al César, especialmente porque los asuntos de recaudación favorecían a funcionarios inescrupulosos, ya en aquel tiempo, a ejercer extorsiones duras y jugosas. De manera general, por lo tanto, eran mal vistos los Publicanos, en la comunidad israelita, aunque entre ellos hubiese hombres de bien, inatacables por su probidad. Prevalecía, con todo, el concepto genérico: “los Publicanos eran espoliadores del pueblo.”

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