Libre Albedrío

“Conoceréis la Verdad y la Verdad os hará libres…”

El Libre Albedrío es la facultad que permite al hombre edificar, conscientemente, su propio destino, posibilitándole la elección, en su trayectoria ascendente, en el camino que desea. Limitado en su comienzo, va expandiéndose en la medida en que el hombre crece en la Espiritualidad. Cuanto más evolucionado es el ser, más amplio es su Libre Albedrío, y mayor es su derecho de hacer ciertas elecciones, en el campo de la vida, asumiendo así, poco a poco, el comando definitivo de su ascensión.

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Renovación

“Brille vuestra luz”

El supremo objetivo del hombre sobre la Tierra, es el de su propia renovación. Aprender, meditar y mejorarse, a través del trabajo que dignifica, es nuestra finalidad; el sentido divino de nuestra presencia en el mundo. Habiendo descendido el Cristo, desde las Esferas de Luz de la Espiritualidad Superior a la Tierra, tuvo por propósito orientar a la Humanidad en la dirección del perfeccionamiento. “Brille vuestra Luz”, es la sentencia de orden, enérgica y suave, de Jesús a cuantos heredamos el patrimonio evangélico, traído al mundo al precio de su propio sacrificio.

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Liberación

“Si os he dicho cosas terrenales y no creéis…”

El Espiritismo es una doctrina que sustenta, defiende y difunde la idea de que las revelaciones son hechas en la medida en que se procesa la madurez del hombre. No estando en condiciones de comprender la “voz de los cielos”, venga ella en el campo de la Ciencia, de la Filosofía o de la Religión, la criatura humana se manifiesta pretendiendo, no solo conocer lo que no puede, sino lo que es peor, pretende ejercer el monopolio en la interpretación de pequeños trozos de las Revelaciones que el Padre Celestial, permite se nos hagan. Son “cosas celestiales”, como acentuó Jesús, que los Nicodemo de la actualidad no pueden comprender, dado a que aún mismo no entienden las cosas terrestres. Y la manifestación de ese trabajo, entre los hombres de la Tierra, se subordina a factores de los más variados.

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El cristiano y el mundo

“No os pido que os apartéis del mundo”

No se puede concebir, enfrente a las palabras del Señor, en la “oración de los discípulos”, de que puedan los hombres aislarse del mundo, bajo pretexto de mejor servir a Dios. Es de suponerse, todavía, que los cenobitas modernos, no hayan reflexionado aún en torno al razonamiento citado por el Evangelista. Si sorprende, en la actualidad, tal conducta, encontramos un cierto justificativo en la conducta de los eremitas del pasado, venerables y santas figuras que buscaban el aislamiento en grutas desiertas. Los anacoretas, cuyos nombres aún hoy son reverenciados, adoptaban una vida de entera renuncia, con el propósito de despertar al hombre a los problemas del alma, cuya excelsitud y valía podían ya experimentar. Sin embargo, todo tiene su tiempo y su época.

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Reencarnación y evangelio

“En la casa de mi Padre hay muchas moradas…”

El hombre que desea y busca la espiritualización propia, debe contraponer su acción benéfica, su actividad constructiva, su labor fraterna al trabajo de las inteligencias pervertidas. Tales inteligencias, operando en el Plano Físico y en el Espiritual,tienen como meta la disgregación y la desarmonía. Promoviendo o estimulando emprendimientos que se armonicen integralmente con los ideales del Cristianismo, podemos evitar que el conocimiento inoperante nos transforme en palacetes iluminados y de puertas cerradas construidos en pleno desierto, distanciados de la ignorancia y de la perversidad, del sufrimiento y de la lágrima. Debemos ser el cuartito humilde, pero siempre tibio, hospitalario y bueno, en donde la copa de agua fresca y el caldo reconfortante, revigoricen al viajero cansado, de las largas jornadas, en las difíciles y enredadas sendas de la ascensión.

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Razón y fe

“Le dijo: sal de tu tierra y de tu parentela y ven a la tierra que yo te mostraré”

Merece nuestra consideración el mensaje puesto en epígrafe, recordado por el joven Esteban, (primer mártir del Cristianismo) al comparecer ante el Sinedrio, el poderoso tribunal israelita. Resaltemos las palabras tu tierra y tu parentela, y finalmente, la tierra que yo te mostraré. El patriarca Abraham vivía, en la tierra de los Caldeos, atento a las actividades normales y rutinarias del campo, cuidando de sus rebaños de ovejas, bueyes y asnos. Vivía preso a su tierra y vinculado a su parentela. Era, por consiguiente, un hombre circunscrito, limitado en sus objetivos, confinado en sus aspiraciones. El Señor, por la voz de Poderosas Entidades que se comunicaban por voz directa, (Pneumatofonía) le retira de la Mesopotamia, para la ejecución, (junto con el heroico pueblo hebreo), de una elevada misión fraternalita. Lo retira de su tierra, de su parentela, de su familia, para confiarle una familia mayor, una más numerosa descendencia, incontable como las estrellas: “Mira ahora los cielos, y cuenta las estrellas si las puedes contar” Después acrecentó: “Así será tu descendencia.”

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Riqueza

“Es más fácil pasar un camello por el ojo de una aguja…”

La Doctrina Espírita, ofrece a sus adeptos, (a aquellos que procuran seguirla y sinceramente nutrirse con sus luces santificantes), un adecuado concepto en torno de tan importante, cuán difícil aspecto de la experiencia humana, como es el de la Riqueza. Hay quien se enriquece por el esfuerzo propio, a través del trabajo honesto. Existe el que se vuelve millonario por efecto de herencias o donaciones. Pero también están, los que tienen sus arcas repletas como consecuencia de actividades ilícitas, deshonestas, expoliando aquí, engañando allá, defraudando más adelante…

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Reencarnación y familia

“Ninguno verá el Reino de Dios si no naciera de nuevo…”

Uno de los argumentos más comunes de los opositores del Espiritismo es el de que la Reencarnación, su ley básica, destruye los lazos de la familia. Tal argumento, como tantos otros que la ignorancia y la mala fe sustentan, teniendo como objetivo obstaculizar la marcha triunfante y gallarda de la Tercera Revelación, no resiste al más simple razonamiento, al más leve examen de la lógica y del buen sentido. Es por medio de la Reencarnación (y gracias exclusivamente a ella), que los lazos de la fraternidad se amplían y fortalecen, sobre todo en los círculos de la consanguinidad. Sin las nociones de la palingenesia, nuestra familia espiritual sería reducida, porque en principio también sería reducida nuestra familia corporal. A través de la Reencarnación, se prolongan los afectos más allá de la vida física. Continúan los lazos y vínculos espirituales, en los otros mundos y en las otras existencias.

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Reencarnación y progreso

“Ninguna de las ovejas que el Padre Me confió, se perderá…”

El problema de las aptitudes intelectuales es de gran importancia en el estudio de la Reencarnación, y sugiere interpretaciones interesantes cuando es estudiado a la luz de las diversas doctrinas religiosas o filosóficas. Las religiones que enseñan a las personas de que tienen apenas una sola existencia, o sea, las que avalan la idea de que el alma es creada en el mismo momento que el cuerpo, tendrán sin lugar a dudas, demasiadas dificultades para explicar, entre otras, la palpitante cuestión del conocimiento, la sabiduría, y la erudición del conocimiento innato. Difícilmente se puede comprender cómo una persona, en una existencia de apenas una decena de años, pueda revelar privilegiada inteligencia y sabiduría, como frecuentemente ocurre, sabiéndose que, siendo tan vastas las ramas del conocimiento humano, fuera posible a un hombre, acumular tanto, en tan corto plazo.

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Reencarnación y reajuste

“…reconcíliate con el adversario mientras aún sea el tiempo”

Entre una persona que opina, que existe solamente una única existencia, (con inicio en la cuna y término en la sepultura) y otra, que cree en la multiplicidad de las vidas, indudablemente, la segunda tendrá una mayor facilidad para comprender y aprovechar las enseñanzas del Maestro. “Ponte de acuerdo con tu adversario pronto, entre tanto que estás con él en el camino…”

El hombre no reencarnacionista, suponiendo que la vida se resume al presente, (nacer, vivir, comer, procrear, y morir, yendo luego para el cielo o el infierno, o para la Nada), un hombre en esas condiciones, enteramente divorciado de cualquier programa superior, no comprenderá porque deberá reconciliarse con su enemigo.

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