Reencarnación y evangelio

«En la casa de mi Padre hay muchas moradas…”

El hombre que desea y busca la espiritualización propia, debe contraponer su acción benéfica, su actividad constructiva, su labor fraterna al trabajo de las inteligencias pervertidas. Tales inteligencias, operando en el Plano Físico y en el Espiritual, tienen como meta la disgregación y la desarmonía.

Promoviendo o estimulando emprendimientos que se armonicen integralmente con los ideales del Cristianismo, podemos evitar que el conocimiento inoperante nos transforme en palacetes iluminados y de puertas cerradas construidos en pleno desierto, distanciados de la ignorancia y de la perversidad, del sufrimiento y de la lágrima. Debemos ser el cuartito humilde, pero siempre tibio, hospitalario y bueno, en donde la copa de agua fresca y el caldo reconfortante, revigoricen al viajero cansado, de las largas jornadas, en las difíciles y enredadas sendas de la ascensión.

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Reencarnación y rescate

“No es que él haya pecado, ni sus padres…”

Cierta vez los discípulos, presentaron a Jesús un ciego de nacimiento, y le formularon la siguiente pregunta: “Maestro, ¿quién pecó, este hombre o sus padres, para que él naciese ciego?” Antes de examinar, a la Luz del Espiritismo, la respuesta del Señor, resaltemos el hecho de que los discípulos creían en la Reencarnación, pues solamente la creencia en las múltiples existencias podría justificar semejante pregunta. Todo indica que Jesús conversaba sobre el asunto, en su intimidad con los discípulos, luego de largas caminatas, aunque en público, junto a la multitud incapaz de entender la tesis trascendental, guardase silencio.

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Extraña obsesión

Comúnmente, cuando se habla de obsesión, nos viene enseguida el siguiente concepto: Espíritu o Espíritus menos esclarecidos influenciando, perjudicialmente, la vida de los encarnados.

Casi nadie, o mejor, nadie advierte el lado inverso de la realidad, esto es, el encarnado influenciando, perjudicialmente, al desencarnado. Nadie se acuerda de ese extraño y aparentemente paradójico tipo de obsesión, en la que los “vivos” del mundo envuelven a los “muertos” en la imagen de sus pensamientos desequilibrados y enfermizos, ejerciendo sobre los que ya partieron hacia el Más Allá una terrible y compleja obsesión.

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Disturbios psíquicos

El servicio mediúmnico es de tal modo sagrado que no puede eximir de forma alguna, la preparación moral y cultural, especialmente aquella de cuantos colaboran en este importante y complejo sector de la Doctrina Espírita. Hay necesidad del estudio edificante, que esclarece y ayuda al discernimiento, tanto al médium como al dirigente de sesiones. Los templos espíritas son como los hospitales: necesitan médicos competentes y estudiosos, hábiles y humanitarios, capaces de ayudar eficazmente a los enfermos que allí buscan el medicamento y el socorro.

¡Imaginemos la situación de un accidentado que busca el hospital y encuentra en él, apenas, seres de buena voluntad, pero reconocidamente incapaces del lance operatorio difícil y de urgencia, o de la medicación preventiva que lo resguarde de la gangrena y de la muerte! El hospital bien equipado, material y humanamente, tiene la confianza y el aprecio de una población entera.

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Juventud y evolución

“Exhorta así mismo a los jóvenes a que sean prudentes”

Anteriormente, delineamos el clima de inseguridades en que vivimos, reafirmando así, a la Tierra, en su humilde condición de orbe expiatorio y regenerativo. De mundo atrasado, en donde las almas equivocadas rescatan viejos compromisos, aumentados, generalmente, por pesados punitorios. El desajuste universal; el clima saturado de vibraciones inferiores, la tendencia al negativismo, todo esto se entremezcla allí, ineludible y establecido, convocando a los hombres de buena voluntad para las alegrías de la tarea noble, del servicio edificante. Hagamos pues, de Jesús, el depositario infalible de nuestras esperanzas, el Guía Real de la Humanidad, el Orientador por Excelencia.

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Jesús en Betania II Marta y María

Marta, Marta, afanada y turbada estás…

Hay, en la existencia humana, en la existencia de toda criatura, dos partes: la material, representada por las obligaciones que la propia vida impone, y la espiritual, representada por los deberes relacionados con el alma eterna. Ambas son respetables, porque integran el conjunto de necesidades humanas, consecuentes de la propia vida en sociedad.

La mujer y el hombre, el viejo y el niño, el pobre y el rico, la autoridad y el subalterno, el letrado y el analfabeto, viven estas dos verdades. Con todo, lo que las distingue, es que una tiene carácter efímero, mientras que la otra tiene carácter definitivo. La parte material de nuestras vidas, pese a su respetabilidad, es pasajera y transitoria. La parte espiritual es eterna, inmortal e imperecedera. La inquietud de Marta indica un mayor aprecio a la parte material, tanto así que no se preocupa de escuchar las sublimes lecciones que el Maestro distribuye en abundancia, y que María absorbe, sedienta.

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Libertad cristiana

“Todas las cosas me son lícitas, mas no todas convienen”

Fijando los límites de la libertad cristiana o, en otras palabras, estableciendo reglas para el buen tono evangélico, advierte Pablo a los miembros de la Iglesia por él fundada en Corinto, Grecia, en 1ª Cor. 10:23, en cuanto a la licitud y conveniencia de las cosas.

La orientación Paulina es sabia y equilibrada, dado a que favorece nuestra comprensión en cuanto al comportamiento heterogéneo de los hombres, en determinadas circunstancias de la vida común. Para una mayor claridad del pasaje en estudio, la reproducimos también según otras traducciones bíblicas: “Todo me está permitido, mas no todo conviene; todo me es permitido, mas no todo edifica.” En primer lugar, recalquemos al respecto, al Libre Albedrío individual, en el substrato ético del Cristianismo: todo está permitido al hombre, mas él modificará esa libertad de elección, dejará de usar ese permiso tan luego la Espiritualidad le muestre más amplios horizontes evolutivos, o la evolución le muestre más amplios horizontes espirituales.

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Juventud y ambiente

“Huye también de las pasiones juveniles”

El consejo de Pablo a Timoteo interpreta llanamente el problema de la reforma interior, que no es fácil de realizar. Requiere lucha, estudio, meditación, perseverancia. Las imperfecciones y tendencias para el mal, son inherentes a la propia condición de inferioridad del planeta, el cual constituye, en esta etapa de nuestro proceso evolutivo, el hábitat temporal de la psique. Retoñan en él, vigorosamente, los sentimientos anti evangélicos.

Las semillas del mal encuentran, en la esfera terrena, la gleba propicia para despertar. Aún mismo, almas ya dotadas de ciertos conocimientos intelectuales y cualidades nobles, sufren, al reencarnar en la Tierra, las influencias del ambiente, sin que eso constituya, como tal vez pueda parecer, un retroceso o regresión. Innumerable cantidad de veces el propio Pablo de Tarso confesaba, amargado: “Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago.”

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Estudio y trabajo

“Espíritas, amaos; este es el primer mandamiento. Instruíos, este es el segundo…”

La Espiritualidad Superior viene insistiendo, a través de consecutivos mensajes, sobre la necesidad del estudio y del trabajo, en las columnas renovadoras del Espiritismo.

Amor e instrucción han sido, en verdad, la palabra de orden de los Mensajeros del Cristo. Los trabajadores encarnados, identificándose con el pensamiento y la orientación de quienes los acompañan desde lo Más Alto, en la sorprendente e irresistible marcha de la Doctrina, se sienten naturalmente, con el deber de secundarles la recomendación.

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El tesoro oculto

“Porque he aquí, el Reino de Dios, está entre vosotros”

Interrogado, cierta vez, por los fariseos, sobre cuando vendría el Reino de Dios, Jesús les explicó que, el Reino de Dios, estaba “dentro de ellos.” De acuerdo con las palabras del Maestro, el Reino de Dios, se encuentra encubierto, dentro de nosotros. Dentro de los fariseos, hombres formalistas e hipócritas, como también dentro de los discípulos, hombres evangelizados, francos y leales. En los reductos más íntimos de nuestra conciencia. En el santuario de nuestro corazón. En las entrañas más profundas de nuestra individualidad espiritual. Únicamente nos cabe, el deber y el esfuerzo de su descubrimiento, con el fin de que sea acelerada en el tiempo nuestra felicidad.

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Anotaciones sobre el vampirismo

En la Doctrina Espirita “vampiro” es toda entidad ociosa que se vale, indebidamente, de las posibilidades ajenas y, que tratándose de vampiros que visitan a los encarnados, es necesario reconocer que ellos atienden sus siniestros propósitos a cualquier hora, desde que encuentran guarida en el envoltorio de carne de los hombres.

Frente al desajuste mental del hombre actual, corrompido de vicios y pasiones, de orden fisiológico o psicológico, el vampirismo entre los encarnados tiene, inconcebible extensión. Dos palabras es necesario que definamos para seguir adelante:

Larvas: alimento mental de las entidades infelices, formado por nuestras creaciones mentales.

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Jesús y Dios III

“…herederos de Dios y coherederos de Jesucristo.”

En el examen del problema de la identidad de Jesús con Dios, del Hijo con el Padre, es justo y conveniente que auscultemos también, la opinión de los apóstoles. Precisamos conocer el pensamiento, el testimonio de aquellos que fueran, vasos escogidos para el ministerio evangélico.

Dice Allan Kardec, con la prudencia y sensatez que le caracterizan el espíritu, (“Obras Póstumas”, Estudio sobre la naturaleza del Cristo, VI – Opinión de los Apóstoles, FEB, 13ª ed., Pág. 140); “De todas las opiniones, las de mayor valor son, incontestablemente, las de los Apóstoles, dado a que éstos lo asistieron en su misión y dado también a que, si él les hubiese dado instrucciones secretas, respecto a su naturaleza, algunos trazos de esas instrucciones se descubrirían en los escritos de ellos.

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