El Espíritu de la Verdad

Durante el período histórico conocido como la Pax Augusta es cuando, en una noche tranquila y fría de abril, en los montes de Judea nace Jesús, el extraordinario pacificador de la humanidad. En aquel momento la Tierra recibe al ser más formidable y extraordinario que el pensamiento pueda concebir. En una gruta de piedra nace un niño que es el Rey de la humanidad. Viene a predicar las enseñanzas de amor y a cambiar la estructura de la realidad. Diecinueve siglos después Ernesto Renan, Inmortal de la academia de Francia, tendrá la oportunidad de decir que Jesús es tan grande que no cupo en la historia, su nacimiento dividió la historia antes y después de Él. Por doce años Jesús vive como un niño normal en la aldea de Belén. A esta edad se produce su primera visita al templo donde es encontrado dialogando con los rabinos, para asombro de todos. Retorna entonces al anonimato en Nazareth.

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Médium confundido

Como dijo Allan Kardec, el insigne Codificador del espiritismo, sin duda alguna, el mayor adversario de la mediúmnidad es la obsesión, y sus antídotos eficaces son, como lo dijimos anteriormente, el conocimiento y la práctica sana de la doctrina incorporada al quehacer diario. Sin embargo, sólo ocurre la obsesión, porque el adversario espiritual encuentra en quien persigue, las conexiones necesarias para poder establecerse de una manera nociva, éstas son procedentes de experiencias anteriores o en la actualidad son producto de una conducta incorrecta.

Referente a las vicisitudes originadas en el pasado, el hombre dispone en la actualidad, de una formación corpórea para redimirse, para fortalecer la existencia con valores positivos que le permitan adquirir bendiciones, para disciplinarse y para producir con valentía los elevados objetivos de la vida. Cuando el hombre toma conciencia del significado de su reencarnación, invierte todos los recursos morales e intelectuales con la finalidad de mejorar, limando las asperezas que representan los vicios y defectos que contribuyeron a su caída en la desdicha.

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La psicología de la oración

Se convenció a lo largo del tiempo, que la oración es un recurso emocional y psíquico para rogar y recibir beneficios de la Divinidad, transformándola en instrumentos de ambición personal realmente distante de su alto significado psicológico. La oración es un precioso recurso que permite la adquisición de la autoconsciencia, de la reflexión, del examen de los valores emocionales y espirituales respecto a la criatura humana. Siendo dedicado campo de vibraciones especiales, facilita la sintonía con las fuerzas vivas del universo, constituyéndose vehículo de excelente calidad para la vinculación de la criatura con su Creador.

Todos los seres transitan vibratoriamente en franjas especiales que corresponden a su nivel evolutivo, a la etapa intelecto-moral, a las aspiraciones y actos, en los cuales se alimentan y construyen la existencia. La oración es el mecanismo sublime que permite el cambio de onda para campos más sensibles y elevados del cosmos.

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Litigios

Por instinto, la criatura es agresiva, y cuando no logra exteriorizar esa violencia cae en mecanismos de fuga, de depresión, de amargura. Herencia de las etapas inferiores de la evolución, la agresividad debe ser canalizada para poder adquirir valores morales, intelectuales, artísticos, profesionales. La conquista de la razón proporciona la transmutación de la agresividad y permite que se establezca el predominio de la naturaleza espiritual, en detrimento de la animal, en el ser humano. Cuando el individuo no logra o no desea modificarse y alterar el comportamiento rumbo al equilibrio y el progreso, elige el litigio como forma de satisfacción personal, de exaltación al ego. Se torna sumamente agresivo, envidioso, celoso y trabaja en oposición al proceso natural de la evolución.

Hay momentos para las aclaraciones y las disensiones en niveles elevados de discordancia. No a cualquier hora, ni por cualquier motivo. ¡Ten cuidado contigo! deja que te invada y te envuelva la energía divina, a fin de que puedas superar la tentación de contender o debilitarte ante los perseguidores contumaces, los litigantes de la inutilidad. Herencia de la naturaleza animal que predomina en el ser humano, la tendencia a la discusión, a competir, a la desavenencia, se transforma poco a poco en agresiva y sórdida, con esa característica del primitivismo del cual no se liberó. Muchas veces, disentir es una actitud saludable cuando no se está de acuerdo por una u otra razón.

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Miedo a la muerte

El miedo de la muerte resulta del instinto de conservación, que trabaja a favor del mantenimiento de la vida. No obstante, la vida es la conformación de todos los acontecimientos existenciales que ocurren durante la reencarnación – en el cuerpo – como afuera de él – en Espíritu.

El desconocimiento de la inmortalidad, las informaciones fragmentarias, las leyendas y fantasías, los misterios, la ignorancia, vistieron a la muerte de inusitadas e irreales expresiones, que no corresponden a la realidad. El fenómeno de la muerte responde al fatalismo biológico de las transformaciones moleculares del cuerpo. Con la desaparición de la forma, se sospechó que seguiría el aniquilamiento de la materia y no su responsable.

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El perdón

El perdón real es siempre acompañado por el olvido del mal recibido.

Si perdonas, y sin embargo te refieres al acontecimiento, estás vitalizando el error.

Trabaja la inferioridad personal que se fija en el recuerdo del sufrimiento experimentado y agradece la oportunidad de perdonar.

¿Cómo evolucionar, sin las evaluaciones de perfeccionamiento moral?

El Perdón, que ahora concedes, será tu padrino mañana cuando necesites de la benevolencia y de la disculpa de otra persona.

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La bendición de la salud

La salud es consecuencia de diversos factores que se conjugan en pro de la armonía psicofísica de la criatura humana. Procedente del espíritu, la energía elabora las células y las sustenta en el ministerio de la vida orgánica, atendiendo de ese modo la finalidad a que están destinadas. Al irradiarse a través del periespíritu, fomenta la preservación del patrimonio somático, al cual proporciona resistencia contra los agentes destructivos, a cuya agresión se enfrenta en una lucha sin tregua. Cuando tales fuerzas dejan de estar organizadas, los invasores microbianos ganan la batalla y se instalan, con lo que dan origen y curso a las enfermedades.

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El adolescente y el suicidio

No consiguiendo la autoidentificación mediante el proceso de educación a que se encuentra sometido, o portador de un disturbio psicótico maniacodepresivo que no consiguió superar, o experimentando frustraciones derivado de conflictos íntimos, el adolescente inmaduro opta por la solución adversa del suicidio.

Sin estructura emocional para enfrentar los imperativos psicosociales, o incluso los desafíos de los relacionamientos interpersonales, o aturdido por las secuelas de las drogas adictivas, o empujado al plano secundario en el hogar, el adolescente parece no encontrar camino que deba ser recorrido, cayendo en el suicidio infame, de consecuencias,infelizmente imprevisibles y aterradoras.

Ignorando la realidad de la vida en su magnitud y profundidad, procura solucionar los problemas normales, pertinentes a su crecimiento, de la manera más absurda, que es la búsqueda de la muerte, en cuyo campo resurge vivo, ahora bajo la carga insoportable de la situación elegida para huir, del combate, que lo elevaría al estadio superior de conocimiento y de autorrealización.

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El adolescente y el peligro del SIDA

La adolescencia es la hermosa fase de la existencia física, en la cual el sueño y la fantasía se dan las manos, en la búsqueda delo fantástico y de lo maravilloso.  

Rica de inexperiencia, el suyo es el campo de la investigación, de la vivencia y mediante esos comportamientos el joven adquiere madurez, descubre el mundo y aprende a discernir entre aquello que debe o no hacer.

Cada error le enseña a corregirse y a adquirir capacidad para el futuro acierto, desde que se encuentre lleno de ideas de legítimo interés por el aprendizaje. Sus parámetros se renuevan con mucha frecuencia, porque la ilusión de un momento se transforma en realidad en otro, así impulsándolo a nuevas tentativas. Descubriendo la propia sexualidad y la de su prójimo, la curiosidad le puebla el universo de la mente y los deseos estallan en el cuerpo en forma de ansiedad, a veces mal contenida.

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El adolescente y el problema de las drogas

Entre los impedimentos para la autoidentificación, en el periodo de la adolescencia, se destaca el rechazo. Caracterizado por el abandono a que se siente relegado el joven en el hogar, ese estigma lo acompaña en la escuela, en el grupo social, en todas partes, volviéndolo amargado como infeliz. 

Sintiéndose imposibilitado de autorrealizarse, el adolescente, que viene de una infancia de desprecio, huye para dentro de si mismo, rebelándose contra la vida, que es la proyección inconsciente de la familia desestructurada, contra todos, lo que es una verdadera desdicha. De ahí al desequilibrio, en la desarmonía psicológica en que se encuentra, es un paso.

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El adolescente y los trastornos sexuales

En la fase del desarrollo orgánico del joven, la glándula hipofisiaria desempeña un papel preponderante a fin de que ocurra el crecimiento en la pubertad. Esa glándula se encuentra localizada en la base del cerebro, a él uniéndose por intermedio de fibras nerviosas.

Por ocasión de la madurez de las células que constituyen el hipotálamo, que es un centro nervioso regulador del equilibrio, señales específicas son dirigidas a la glándula hipofisiaria para que sean liberados las hormonas que se encuentran inhibidas. Esa liberación produce un inmediato efecto en la mayoría de las glándulas del sistema endocrino, tales la tiroides, la epífisis, la adrenal, los testículos, los ovarios, que se encargan de producir sus hormonas, tales los andrógenos, que son masculinizantes, los estrógenos, que son feminilizantes, las progestinas, específicas para proporcionar el embarazo, que desempeñan papel fundamental en el crecimiento y en el desarrollo del sexo.

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