Hacerlo a tiempo

En una pequeña laguna vivían tres peces. Un día vieron que un pescador se había acercado a la orilla y preparaba su red de pesca. Después de deliberar, decidieron adoptar la estrategia de saltar fuera de la charca y hacerse pasar por muertos intentando adoptar una posición inmóvil y aguantando la respiración.

Uno de ellos pasó a la acción rápidamente, por lo que, tomando impulso, saltó a los pies del pescador aunque se le olvidó estarse quieto y aguantar la respiración. Éste, atónito por la rara actitud del pescado, lo observó y, ante la sospecha de que aquel pez pudiera estar enfermo o algo parecido, resolvió tirarlo al agua.

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Ejercicios de solidaridad

Entre los pasajeros que solían tomar el autobús que transportaba a los trabajadores, había dos minusválidos – un chico y una chica, que iban a una escuela especial.

Un cierto día, tras haber leído a respecto de un torneo olímpico de atletismo para deficientes mentales, el conductor les preguntó si pretendían participar. «En realidad, queríamos», explicó la chica, taciturna, «pero nosotros vivimos en apartamentos y no tenemos lugar donde entrenarnos.»

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El roble y la hiedra

Un hombre edificó su casa. Y la embelleció con un jardín interno. En el centro plantó un roble. Y el roble creció lentamente. Día a día echaba raíces y fortalecía su tallo, para convertirlo en tronco, capaz de resistir los vientos y las tormentas.

Junto a la pared de su casa plantó una hiedra y la hiedra comenzó a levantarse velozmente. Todos los días extendía sus tentáculos llenos de ventosas, y se iba alzando adherida a la pared. Al cabo de un tiempo la hiedra caminaba sobre los tejados. El roble crecía silenciosa y lentamente.

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Ganar la Batalla

Durante una batalla, un general japonés decidió atacar aún cuando su ejército era muy inferior en número. Estaba confiado que ganaría, pero sus hombres estaban llenos de duda.

Camino a la batalla, se detuvieron en una capilla. Después de rezar con sus hombres, el general sacó una moneda y dijo; «Ahora tiraré esta moneda. Si es cara, ganaremos. Se es cruz, perderemos. El destino se revelará».

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El poder de la dulzura

El viajero marchaba por el camino, cuando divisó el pequeño río que surgía tímido entre las piedras. Lo fue siguiendo por mucho tiempo. Poco a poco veía que tomaba volumen y se convertía en un río cada vez mayor. El viajero continuó siguiéndolo. Mucho más adelante, lo que era un pequeño río se dividió en decenas de cascadas, proporcionando un espectáculo de aguas cantantes.

La música de las aguas atrajo mucho más al viajero, que se acercó y fue bajando por las piedras.

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El peso de las creencias

Dos jóvenes monjes fueron enviados a visitar un monasterio cercano. Ambos vivían en su propio monasterio desde niños y nunca habían salido de él. Su mentor espiritual no cesaba de hacerles advertencias sobre los peligros del mundo exterior y lo cautos que debían ser durante el camino. Especialmente incidía en lo peligrosas que eran las mujeres para unos monjes sin experiencia:

-Si veis una mujer, apartaos rápidamente de ella. Todas son una tentación muy grande. No debéis acercaros a ellas, ni mucho menos hablar, por descontado, por nada del mundo se os ocurra tocarlas.

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El hombre ecuánime

Era un hombre querido por todos. Vivía en un pueblo en el interior de la India, había enviudado y tenía un hijo. Poseía un caballo, y un día, al despertarse por la mañana y acudir al establo para dar de comer al animal, comprobó que se había escapado. La noticia corrió por el pueblo y vinieron a verlo los vecinos para decirle:

-¡Qué mala suerte has tenido! Para un caballo que poseías y se ha marchado.

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El eremita astuto

Era un eremita de muy avanzada edad. Sus cabellos eran blancos como la espuma, y su rostro aparecía surcado con las profundas arrugas de más de un siglo de vida. Pero su mente continuaba siendo sagaz y despierta y su cuerpo flexible como un lirio.

Sometiéndose a toda suerte de disciplinas y austeridades, había obtenido un asombroso dominio sobre sus facultades y desarrollado portentosos poderes psíquicos. Pero, a pesar de ello, no había logrado debilitar su arrogante ego.

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El poder de la oración

Se cuenta que una pobre señora, con visible aspecto de derrota estampado en el rostro, entró en un almacén, se acercó al propietario, conocido por su trato grosero, y le pidió fiado algunas provisiones. Ella contó que su marido estaba muy enfermo y no podía trabajar y que tenía siete hijos para alimentar.

El dueño del almacén se burló, y le pidió que se retirara de su establecimiento. Pensando en la necesidad de su familia ella imploró:

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El cuarto Rey mago

Preciosa esta historia para los niños y también para los mayores.

Cuenta una leyenda rusa que fueron cuatro los Reyes Magos. Luego de haber visto la estrella en el oriente, partieron juntos llevando cada uno sus regalos de oro, incienso y mirra. El cuarto llevaba vino y aceite en gran cantidad, cargado todo en los lomos de sus burritos. Luego de varios días de camino se internaron en el desierto.

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