La importancia de amar

La paz sea con vosotros, hermanos amados: He ahí que vengo con amor porque siento el amor. Acudo a vosotros al haber escuchado vuestra súplica, sé que necesitáis el alimento espiritual, no hay modo de que el espíritu se sienta harto de las verdades que necesita. ¡Que vibren y amen vuestros espíritus!, bien recordáis, que os hemos dicho repetidas veces, que el amor está por encima de todo.

Saber amar, es la más grande de las virtudes, el ser que ama es comprensivo, prudente, caritativo, abnegado, y busca todos los objetivos positivos que puedan desencadenar el amor. Si el espíritu no siente amor, se debate en medio de tinieblas, ignorancia y desesperación. El amor es el bálsamo que cura las enfermedades del alma y del cuerpo, por eso siempre insistiremos con este mensaje, una y otra vez, ¡mil veces si cabe!, para que vuestros espíritus orienten sus ansias hacía el amor, con el amor encontraréis el equilibrio y la paz, y con amor amaréis la justicia y seréis justos. Y he ahí, que una vez más, hermanos, os decimos: «No os digáis hermanos de vuestro prójimo, sedlo».

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¡No bebo!

¡No bebo!, ¡he dicho que no bebo!…

Si, es verdad, he bebido mucho… como el que más… Me habéis visto borracho muchas veces, ¿por qué voy a negarlo? Antes de casado y después de casado… a pesar de lo que yo quería aquella mujer… Bastante la hice padecer con esto… por ella y por no verla llorar y desesperarse, me contenía más de cuatro veces… y por ella, casi llegue a privarme de la bebida, mientras vivió…. Pero cuando la perdí de aquel mal en cuatro días, tan joven, tan llena de vida, cuando me vi sólo con ese hijo, una criatura de cinco años… ¡aquella mujer tan buena, tan trabajadora, tan sufrida!… ¡cómo no se ha conocido otra!.

Vosotros sabéis lo que era para mí, cuantas veces me habéis dicho.-”¡que suerte, Juan has tenido!” ¡Y perderla así para siempre!, ¡verme solo entre aquellas cuatro paredes que se me caían encima!…

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Auto-donación

893. ¿Cuál es la más meritoria de todas las virtudes?

– Todas las virtudes poseen su mérito, porque todas son indicios de progreso en la senda del bien. Hay virtud cada vez que existe una resistencia voluntaria a las solicitaciones de las malas tendencias. Pero lo sublime de la virtud consiste en el sacrificio del interés personal por el bien del prójimo, sin abrigar segundas intenciones. La más meritoria de ellas es la que se basa en la más desinteresada caridad.

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Crisis sin dolor

Es fácil reconocer las crisis abiertas.

Prueba exteriorizada, dificultad a la vista. Surgen, comúnmente, en la forma de molestias, desencantos, accidentes o suplicios del corazón, atrayendo el concurso espontaneo de los circunstantes que se anclan a las víctimas, venciendo con serenidad y valor, tormentosos días de angustias, como quien atraviesa, sin mayores riesgos, largos túneles de aflicción.

Tenemos, sin embargo, calamitosas crisis sin dolor, las que se esconden bajo la seguridad de la superficie.

-Cuando nos acomodamos en la inercia, a pretexto de haber trabajado demasiado…

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Lo más importante

¿Debemos informar al paciente terminal sobre su situación? ¿No tiene el derecho de saber que es un condenado a la muerte? ¿Qué su hora está cerca? ¿Eso no lo ayudará a prepararse para la gran transición? Difícil responder, ya que raros se disponen a encarar el asunto con serenidad.

Miedo, inseguridad, apego a la vida física y a la familia, caracterizan las reacciones del hombre común delante de la muerte, creándole serios problemas al desligamiento espiritual, como el morador de una residencia en ruinas que rechazase admitir la necesidad de dejarla.

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El evangelio de la vida

Jerusalén ya era una ciudad milenaria y centro religioso del judaísmo en el tiempo de Jesús. Hoy también lo es para los cristianos y musulmanes.

Moisés ordenaba que los varones israelitas compareciesen delante de Dios, en el templo, por lo menos durante tres festividades importantes del calendario judaico. Así, la ciudad recibiría peregrinos de toda la Palestina y de los judíos de la diáspora que vivían en el Mediterráneo, de Roma a Babilonia, en abril para la Fiesta de Pascua, que conmemora la liberación del cautiverio en Egipto, ocurrida por el año 1260 a.C., cincuenta días después de la Fiesta de las Semanas (Pentecostés), que celebraba la cosecha y el recibimiento de la Ley Mosaica.

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Sobre las sociedades espiritistas XXVIII

Los falsos profetas no están sólo entre los encarnados, están también y en mucho mayor número entre los espíritus orgullosos que bajo falsas apariencias de amor y caridad, siembran la desunión y retardan la obra emancipadora de la Humanidad, esparciendo sus sistemas absurdos que hacen aceptar por los médiums; y para fascinar mejor a los que quieren engañar, para dar más peso a sus teorías, toman sin escrúpulo los nombres que los hombres sólo pronuncian con respeto, los de los santos justamente venerados, de Jesús, de María y aun de Dios. Estos son los que siembran las levaduras de antagonismo entre los grupos, que les conducen a aislarse los unos de los otros y mirarse con mal ojo. Esto sólo bastaría para descubrirles, porque obrando de este modo, ello mismos dan el más formal mentís a lo que pretenden ser. Ciegos, pues, son los hombres que se dejan coger en una red tan grosera. Pero hay muchos otros medios de reconocerles.

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A la Prima Donna Señora Ana de la Grange Serenata

En el sagrado templo de la gloria,
los genios del saber, se dice que acordaron
premiar a una mujer, en cuya historia
mil páginas brillantes encontraron.

Queriendo hacer eterna su memoria,
su hermoso nombre con el buril grabaron,
buril divino que el recuerdo encierra,
de todo lo más grande de la tierra.

Ante el trono esplendente de la Fama,
simbólico laurel se eleva al cielo;
los genios le arrancaron fresca rama,
y con ella formaron en su anhelo.

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