Desengaños. Ingratitud. Afectos contrarios

937 Los desengaños que nos hacen experimentar la ingratitud y la fragilidad de los lazos de la amistad, ¿no son también para el hombre de corazón origen de amargura?

«Sí; pero os enseñamos a compadecer a los ingratos y a los amigos infieles, que serán más desgraciados que vosotros. La ingratitud es hija del egoísmo, y el egoísta encontrará más tarde corazones insensibles como lo fue él. Pensad en todos aquellos que han hecho más bien que vosotros, que valían más y a quienes se ha pagado con ingratitud. Pensad que el mismo Jesús fue escarnecido y despreciado durante su vida, tratado de embaucador y de impostor, y no os admiréis de que os suceda lo mismo. Sea vuestra recompensa en el mundo el bien que habéis hecho, y no miréis lo que dicen aquellos que lo han recibido. La ingratitud es una prueba de vuestra persistencia en hacer bien, os será tomada en cuenta, y los que os han desconocido serán tanto más castigados cuanto más grande haya sido su ingratitud.»

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Dios te bendiga

Inmediatamente después de fundar el Hogar «Amalia Franco» en la ciudad de San Manuel, en el Estado de San Pablo, Doña Clélia Rocha se vio en serias dificultades para mantenerlo. Con el propósito de recaudar fondos para socorro, la abnegada señora iba con los niños de acá para allá en sencillas actividades artísticas. Despertaba almas. Conmovía corazones. Y sostenía el laborioso período inicial de la obra.

Una noche arribó a una pequeña ciudad donde fue el blanco de una injusta manifestación en contra del Espiritismo.

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Discípulos del cristo

Somos discípulos del Cristo, pero al repetir junto con Él la sublime expresión:

-«Padre nuestro que estás en el cielo»-, esperamos que Dios se transforme en un esclavo personal, atento a nuestras ilusiones y caprichos.

Somos discípulos del Cristo. Sin embargo, reiteramos sus inolvidables palabras de sumisión al Creador: «Sea hecha vuestra voluntad», semejantes a volcanes de intemperancia mental, que vomitamos el humo de la rebeldía y la lava de las maldiciones cada vez que nos sentimos contrariados en la satisfacción de mínimos deseos.

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La olla de barro

Era un lechero acaudalado y que contaba con varios trabajadores en su lechería. Llamó a uno de ellos, Ashok, y le entregó una olla llena de mantequilla para que la llevase a un cliente de un pueblo cercano. A cambio le prometió algunas rupias extras. Ashok, muy contento, colocó la olla sobre su cabeza y se puso en marcha, en tanto se decía para sí:

– Voy a ganar dos rupias. ¡Qué bien! Con ellas compraré gallinas, éstas pronto se multiplicarán y llegaré a tener nada menos que diez mil. Luego las venderé y compraré cabras. Se reproducirán, venderé parte de ellas y compraré una granja.

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Pérdida de las personas queridas

934 La pérdida de las personas que nos son queridas, ¿no es una de esas que nos causan un pesar tanto más legítimo en cuanto esa pérdida es irreparable e independiente de nuestra voluntad?

«Esta causa de pesar alcanza así al rico, como al pobre; es una prueba o una expiación, es la ley común. Pero es un consuelo poder comunicar con vuestros amigos por los medios que tenéis, hasta tanto que tengáis otros más directos y más accesibles a vuestros sentidos.»

935 ¿Qué debe pensarse de las personas que miran las comunicaciones de ultratumba como una profanación?

«No puede existir profanación cuando hay recogimiento, y cuando se hace la evocación con respeto y dignamente, y es prueba de ello que los espíritus que os aprecian vienen con placer; son felices a consecuencia de vuestro recuerdo y hablando con vosotros. Profanación habría, haciéndolo con ligereza.»

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La felicidad de la oración

Cuando alguien enfrenta dificultades duras y le invitamos a orar, a veces escuchamos en cambio: ¿Y esto resolverá mi problema? ¿Por casualidad, me llenará el plato de comida o me dará una manta para soportar mejor el frío?

Todavía estamos muy lejos de tener la idea exacta del poder de la oración. San Agustín tuvo la oportunidad de decir: ¡Qué conmovedoras son las palabras que salen de la boca del que ora!

Avanzad por los caminos de la oración y oiréis las voces de los ángeles. Son las liras de los arcángeles. Son las voces tiernas y suaves de los serafines, más delicadas que las brisas de la mañana, cuando juegan en el follaje de los bosques. Vuestro lenguaje no podrá expresar esa dicha, tan rápido entra por todos vuestros poros, tan viva y fresca es la fuente en la que, orando, se bebe. En el recogimiento y en la soledad, estáis con Dios. Apóstoles del pensamiento, la vida es para vosotros.

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La vida vista desde arriba

Todos ya hemos oído hablar de los drones. Una tecnología que parece provenir de las películas de ciencia ficción y que se popularizó con mucha fuerza. Son pequeños robots voladores, portátiles, controlados por mando a distancia, y que pueden llevar potentes cámaras para filmar y fotografiar desde grandes alturas y en lugares de difícil acceso para aeronaves de pequeño porte. Gracias a ellos, el hombre está conociendo su propio planeta de una manera que nunca antes había conocido: desde arriba.

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